Cuando nuestros pensamientos viajan en el tiempo y el espacio quizá recordando sucesos o imaginando las posibles cosas que vendrán, es cuando menos claro tenemos dónde estar, con quién estar y qué hacer, pues ciertamente se genera incertidumbre en nuestro ser.
Desde luego que para encontrarnos el primer paso es observarnos y aquietar la mente para permanecer en el presente; aceptar nuestra realidad y así soltar lo que se tenga que ir, pues debemos comprender que no habrá un lugar específico, ni un acompañante preciso o una actividad especial por hacer para que haya certidumbre en nuestro caminar por esta vida.
El lugar correcto será donde el alma se sienta bien y en paz, donde el corazón se alegre y esté contento, con quién se pueda vibrar genuinamente en la más alta frecuencia del amor y de manera libre, haciendo precisamente aquello que alimenta el alma y que da felicidad, así como aquello que transforme todo nuestro ser para bien. Así, qué más se puede pedir a la vida. GML.
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