El pasado no ha quedado atrás.
Vive en nosotros, no en el pasado.
Somos el hogar del pasado.
El pasado vive como recuerdo, como sentimiento y, a veces, como trauma, afecto reprimido, formas no digeridas en el cuerpo que anhelan ser encontradas. Perdura en el presente, nos afecta en el presente, nos llama, nos emociona o nos impide dormir. No podemos liberarnos de él, aunque sí podemos liberarnos del intento de liberarnos de él y de nuestra lucha contra él; esa es una libertad mucho más profunda: la libertad de la paz interior.
El futuro es el pasado, proyectado, y el pasado se convierte en nuestro futuro si no podemos estar presentes con él, ayudarlo a pasar en nuestra presencia, acogerlo y digerirlo, y caminar amorosamente con él hacia nuestro futuro presente, nuestro futuro presente, con el corazón abierto, momento a momento, humildes, preparados.
El pasado es ahora.
El futuro es ahora.
El presente trasciende las palabras.
Bienvenidos.
- Jeff Foster-
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