martes, 26 de agosto de 2025

UN DÍA ENTIENDES QUE LOS MILAGROS NO SON RAROS (Por Anamaria Garcia)

 

Lo que llamamos “realidad” es apenas una rendija estrecha por donde asomamos la cabeza. El resto… late en silencio, esperando a ser descubierto.
Hay momentos en los que una intuición nos roza, un presentimiento se adelanta al reloj, una coincidencia nos sacude como si alguien hubiera escrito el guion antes que nosotros. No es casualidad, es una invitación.
Vivimos en un universo que responde, aunque lo neguemos. Cada pensamiento es una llave, cada emoción un imán, cada palabra un puente hacia lo invisible. Lo que crees imposible solo está oculto tras la cortina de tu percepción.
El problema es que hemos aprendido a mirar como ciegos: contamos solo lo que se toca, ignorando lo que se siente. Así, desperdiciamos señales que podrían haber cambiado el rumbo de una vida entera.
Pero cuando decides prestar atención, los límites se diluyen. El tiempo deja de ser una cárcel y se convierte en un aliado. Las respuestas llegan disfrazadas de coincidencia, y la certeza de que no estás solo se vuelve imposible de negar.
La verdadera aventura no ocurre afuera, sino adentro: descubrir que puedes entrar y salir de los reinos de la conciencia como quien abre y cierra una puerta. Que tu mente no es un cuarto oscuro, sino una casa con ventanas infinitas.
Lo que parece magia no es más que la ciencia del espíritu: afinando tu atención, comienzas a reconocer que el universo siempre ha estado hablando en voz baja, solo que estabas demasiado ocupado para escuchar.
Un día entiendes que los “milagros” no son raros; lo raro es vivir creyendo que nada más existe que lo que cabe en la palma de tu mano.
Y cuando esa certeza se enciende, ya nada vuelve a ser igual: descubres que no fuiste hecho para sobrevivir en un solo mundo, sino para caminar entre muchos.
Porque lo invisible, una vez que lo tocas, ya no te suelta.

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