Emociones....
He hablado de cómo manejar las emociones, de que deben traspasarse y no reprimirse. Pero casi nunca he explicado con claridad cómo se presentan realmente y cómo deben observarse en el instante exacto en que aparecen. No basta con decir “gestiónalas” u “observalas ”. Primero hay que entender qué son, cómo operan y en qué punto exacto se interviene.
Las emociones no aparecen de la nada. No son accidentes ni casualidades, son patrones.
Una emoción es una respuesta que ya estaba programada en ti; no nace en el momento del conflicto, se activa. El escenario externo solo es el detonante. Cuando alguien te hiere o algo te altera, no es que “te hicieron sentir eso”, tocaron un registro que ya estaba grabado. Las emociones son memoria viva que funciona como circuito, estímulo, activación, reacción. Se presentan como oleadas intensas que exigen acción inmediata, por eso reaccionas y repites historias con distintos rostros. Es patrón.
No controlas el primer impulso, pero sí eres responsable de lo que haces después. La emoción aparece, el pensamiento la justifica y el personaje actúa reforzando el ciclo....
Auto-observar no es negar ni reprimir, tampoco cubrir con positivismo. Es ver sin reaccionar automáticamente. Cuando una emoción surge ocurre algo preciso ,se activa el patrón, la mente construye narrativa (“me hizo”, “no es justo”, “siempre pasa”,por qué a mí etc)....., el cuerpo responde químicamente (corazón acelerado, tensión muscular, cambios en la respiración) y el personaje quiere actuar. Si reaccionas en automático, el circuito se consolida y el cuerpo memoriza otra vez la misma respuesta. Detectar el cambio corporal es la puerta. No se detiene la emoción, se detiene la reacción. No se descarga, no se responde de inmediato. Se permite que el cuerpo atraviese la ola sin alimentar la historia mental que la sostiene. Aquí entra el espíritu. El espíritu no reacciona, observa sin identificarse. Cuando esa presencia sostiene la emoción sin fusionarse con ella, el cuerpo completa el ciclo y se regula, el patrón pierde intensidad. Traspasar la emoción no es negarla, es atravesarla conscientemente hasta que se desactive.
Cuando eso ocurre, el personaje pierde poder, el cuerpo deja de ser esclavo del impulso, la mente deja de justificar el drama y el espíritu permanece intacto. Ahí empieza la alineación real. Cuando espíritu, mente y cuerpo se ordenan en observación y no en reacción, la emoción deja de gobernar la conducta y el patrón comienza a morir. Eso no es para tener en teoría, es práctica constante, poco a poco tenemos control y las gobernamos .
La emoción no es tu enemiga. Es una puerta. Si la atraviesas conscientemente, deja de gobernarte. Si la reaccionas, te gobierna. Así de simple.
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