Por
mucho que a veces las experiencias que suceden en la Tierra te hagan
llorar o te parezcan insoportables, has de tener presente que todo lo
que se experimenta en este plano es temporal. Nuestra realidad última no
es el cuerpo, ni la identidad asociada a nuestro nombre de pila.
Simplemente estamos de paso aquí para vivir diferentes experiencias
“sobre el terreno” que nos lleven a un conocimiento mayor del amor y del
funcionamiento del Universo.
Tanto la “felicidad” como el “dolor”
terrestres son pasajeros y necesarios en este plano, pues no existiría
uno sin el otro. Por ello es tan importante aprender a relativizar todo
lo que sucede en este mundo y observarlo desde una perspectiva superior.
Lo que consideramos “felicidad” puede convertirse rápidamente en dolor,
y lo que consideramos “dolor” puede convertirse de inmediato en
felicidad. Por poner un ejemplo, una pareja de enamorados cree haber
alcanzado la felicidad, para luego separarse y atravesar un periodo
intenso e inesperado de dolor, obteniendo así una perspectiva más amplia
del verdadero sentido de la vida.
Lo
que hoy nos parece “bueno”, mañana podemos considerarlo como negativo,
mientras que lo que hoy nos parece horrible puede terminar
convirtiéndose en una bendición con el paso del tiempo. Todo es
relativo. Nada es definitivo. Esta es la sabiduría que han promulgado
siempre los grandes maestros. Por ello, el objetivo último del ser
humano durante su estancia en la Tierra no consiste en aferrarse a lo
material, sino en descubrir que es algo más que un cuerpo físico y que
realmente esta no es su verdadera “realidad”.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López
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