En
ocasiones comparto publicaciones poéticas sobre almas afines, almas que
se reúnen, almas que tienen acordado reencontrarse en este planeta y
llevar a cabo determinadas experiencias y misiones, con el objetivo del
crecimiento en conciencia de ambas y también de la humanidad. A raíz de
ello, suelen llegarme consultas de personas muy preocupadas por este
tema: personas que todavía no han encontrado a su alma gemela y temen no
poder ser nunca felices; personas que creen haber descubierto (muchas
veces erróneamente) a esa alma compañera y sufren lo indecible porque
esta "no las reconoce", "no las ama", "no las ve"; personas
desencantadas cuya vida se ha convertido en una búsqueda incesante
(llegando incluso a olvidarse de ellas mismas) de esa persona "especial"
que nunca aparece...
Ante
este variado ramillete de situaciones, al final siempre acabo
argumentando lo mismo: el alma gemela no va a venir a salvarnos, ni a
hacernos felices, ni a convertir nuestra vida, con su sola presencia, en
el cuento de hadas que suele aparecer en las películas. Lo principal,
siempre, es nuestro propio crecimiento en conciencia, nuestra capacidad
de reconocer nuestros patrones conductuales y perdonarlos/transmutarlos,
nuestra capacidad de amarnos y aceptarnos a nosotros mismos
incondicionalmente, para no caer, una vez más, en la típica relación de
dependencia y necesidad que, a la larga, termina generando un dolor y
frustración extremos.
Considero
que es de vital importancia tomar conciencia de la propia necesidad de
estar con el alma gemela, para después liberarla. Es muy sencillo caer
en conductas obsesivas respecto a la futura reunión con la otra persona,
sobre todo cuando creemos conocerla, y comenzar a elaborar todo un
castillo de naipes (débil y poco consistente, siempre a punto de
derrumbarse) en torno a ella. Por todo esto, antes de plantearnos
seriamente el tema del alma afín, un ejercicio importante que podemos
realizar es mirar hacia nosotros mismos y observarnos con total
franqueza: si existen apegos, necesidades, frustración, sufrimiento e
incluso obsesión, tal vez tengamos bastante trabajo interior por
realizar todavía. No se trata de llegar a la ausencia de emociones y
sentimientos a la hora de enfocar el tema, sino de tomar conciencia de
ellos y ver desde dónde surgen.
En
el caso de que supongamos o intuyamos quién es nuestra alma gemela
(suposiciones e intuiciones que muchas veces solo responden a la
necesidad enfermiza de cubrir un vacío interior del que hasta ahora no
hemos sabido hacernos cargo), liberarla es vital: si sentimos que
nuestra felicidad depende de ella, o que nuestra vida no tiene sentido
sin su presencia, o necesitamos imperiosamente que nos ame y nos
"reconozca", tal vez hayamos de reflexionar muy profundamente. ¿Qué se
esconde detrás de ese deseo y de esa necesidad?... Y yendo un poco más
allá, ¿para qué quiero al alma gemela en mi vida? ¿Soy consciente de que
puedo ser feliz por mí mismo, o es algo que ni tan siquiera me planteo?
Una respuesta sincera a estas preguntas puede conducirnos a una
verdadera toma de conciencia. Lo que en ningún caso podemos perder de
vista es que solo cuando nos amemos realmente y liberemos al otro, sin
tendencias obsesivas ni actitudes autodestructivas, estaremos en
condiciones de construir una relación verdaderamente libre y consciente.
El alma gemela puede llegar en cualquier instante, pero ¿desde qué conciencia llegaremos nosotros al alma gemela?... 

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Javier López Alhambra
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