Te amo, pero no te elijo.
Dicho así suena a paradoja, incluso a crueldad. Pero, si lo miras de cerca, tiene una lógica profunda: el amor no siempre coincide con la elección.
Puedo amarte y, al mismo tiempo, darme cuenta de que ya no estás en lo que quiero, en lo que necesito, en lo que merezco. Puedo sentir ternura, vínculo, historia… y aun así reconocer que permanecer ahí me rompe por dentro, me apaga, me aleja de mí.
A veces lo fácil parece ser “te amo y te elijo”. Porque suena bonito, porque encaja, porque calma el miedo a perder.
Pero lo verdaderamente difícil es sostener un sentimiento y, al mismo tiempo, sostener una coherencia interna.
La coherencia que dice: esto ya no.
La honestidad que acepta: te amo, pero no puedo seguir eligiéndote.
No por castigo. No por falta de amor.
Sino por respeto a ti, y sobre todo, por respeto a mí.
Porque elegir también es un acto de verdad.
Y a veces la verdad duele… pero libera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario