Todo
tiene un propósito, las personas son propósito, las situaciones son
propósito, los conflictos son propósito, caídas, agujeros, relaciones,
piedras en el camino.
Muchas
personas vienen a mí quejándose de sus vidas sin propósito hasta que
empiezan a ver más allá de lo que ven, dándose cuenta que todo está al
servicio de lapidar al ser.
Empleamos las virtudes en otros antes de emplearlas en nosotros mismos, como el entendimiento.
Aprendemos a entender todo fuera de nosotros y no dentro de nosotros.
Toda virtud solo se usa bien cuando se experimenta internamente.
Si no nos entendemos a nosotros mismos, a los demás, ninguno y así sucesivamente.
El
propósito de cada contexto en el que vivimos contiene tesoros que no
podemos (o la mayoría de las veces no queremos) mirar profundamente
porque somos infantiles viviendo en lo inmediato.
Nuestra mente (que miente) porque la mayoría de las veces es desafiante, difícil, doloroso.
Los niños en nosotros no pueden soportar sentir dolor.
Crecer,
madurar para entender lo que llega a nuestras vidas es clave para que
podamos extraer lo esencial, las lecciones y, en última instancia,
aprender lo que se debe.
Cuando
desarrollamos la paciencia, la calma, la resistencia inherente a la
conciencia adulta, completamos nuestro aprendizaje y comenzamos a
caminar hacia la verdad de la UE.
El
autoconocimiento nos ayuda a liberarnos de lo que nos une a la
conciencia colectiva (familia y social) y a acceder al núcleo, lo que de
hecho el alma necesita para vivir.
La mente (niño) que solo entiende, no quiere esperar.
El espíritu (adulto) que comprende, persevera a través del proceso y completa las etapas.
Como dice nuestro querido #berthellinger, con su amorosa conciencia sistémica, es ber.
Me gusta añadir que la prisa es el enemigo de la sabiduría.
¡Buenos días con gratitud a todos los que me siguen aquí!
¡Bendiciones y amor!
Tú.
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