Byung-Chul Han nos deja una idea inquietante en 'La sociedad del cansancio': hoy en día no nos explotan desde afuera, nos autoexplotamos. Ya no hay un jefe con un látigo diciéndonos qué hacer, sino una voz interna que nos empuja a producir más, a optimizarnos, a ser exitosos a toda costa. Y lo peor es que lo hacemos creyendo que es libertad, cuando en realidad es una trampa perfecta.
Vivimos en la era del 'tú puedes con todo', del 'sé tu mejor versión', del 'si no logras tus metas es porque no te esfuerzas lo suficiente'. Este discurso suena motivador, pero en el fondo es cruel, porque nos carga con una responsabilidad que nos quiebra: si fracasamos, no hay excusas, el problema somos nosotros mismos. Así que trabajamos más, estudiamos más, nos forzamos a ser más eficientes, más productivos, más disponibles. Y terminamos agotados, ansiosos, deprimidos, pero convencidos de que 'así tiene que ser'.
Han dice que ya no vivimos en una sociedad disciplinaria (como la que describía Foucault), donde el poder nos vigilaba y castigaba si no obedecíamos. Ahora el control es más sutil, más seductor: no nos reprimen, nos seducen con la promesa de éxito. Y el resultado es que nos volvemos esclavos de nosotros mismos. Nos autoexigimos hasta el colapso, y cuando nos quemamos, nos sentimos culpables por no haber podido con todo.
Esto conecta con Marx y su idea de la alienación: antes, el obrero se sentía ajeno a su trabajo porque lo hacía para otro, ahora, nos sentimos ajenos a nosotros mismos porque nos volvimos máquinas de rendimiento. Y si lo vemos desde Nietzsche, parecería que hemos distorsionado la idea del superhombre: no estamos trascendiendo nuestros límites para vivir con más sentido, sino que nos estamos exprimiendo en nombre de un éxito vacío.
Pero aquí está el punto crucial: ¿realmente queremos vivir así? ¿Qué sentido tiene estar siempre ocupados, pero cada vez más vacíos? Han dice que hemos perdido la capacidad de la contemplación, del aburrimiento creativo, de estar en calma sin sentir que 'estamos perdiendo el tiempo'. Nos aterra detenernos porque en esta sociedad el descanso se siente como fracaso. Y sin embargo, detenernos es lo que más necesitamos.
Quizá la verdadera revolución hoy no sea trabajar más, ni aprender mil habilidades nuevas, ni ser más productivos. Quizá la revolución sea permitirnos 'no hacer', recuperar el derecho al ocio, al silencio, al tiempo sin propósito. Quizá el acto más subversivo en este mundo del cansancio no sea rendir más, sino aprender a simplemente SER.
Psic. Claudia Hernández
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