Hay personas que se molestarán contigo…
no porque les hayas hecho daño,
sino porque te echaron tierra… y te salieron flores.
En la vida encontrarás gente que intentará hundirte.
No porque les hayas fallado,
sino porque no soportan verte crecer.
Te lanzan críticas, envidia, rumores y desprecio…
esperando que te quedes abajo.
Pero se les olvida algo:
Algunos nacimos semilla.
Y cuando eres semilla,
cada puñado de tierra que te lanzan
no te entierra…
te siembra.
Entonces ocurre lo inevitable:
sus ataques se convierten en abono,
sus palabras en fuerza,
y sus intentos de destruirte
terminan fortaleciendo tu carácter, tu fe y tu determinación.
Porque al final de todo,
no existe venganza más elegante que florecer
donde otros quisieron verte morir.
Y cuando floreces…
también llega la incomodidad ajena.
Se molestan porque te levantaste.
Porque sanaste.
Porque brillaste sin pedir permiso.
Pero nunca pidas perdón por crecer.
Si tu luz les molesta…
que cierren los ojos.
Tú sigue avanzando.
Sigue floreciendo.
Porque lo que nace de la fuerza interior
nadie puede arrancarlo.
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