Viene
de la 1ª parte. La ira que hay en ti es como una flor. Al principio
quizá no comprendas su naturaleza, o por qué ha surgido. Pero si sabes
abrazarla con la energía de ser consciente, empezará a abrirse.
Para
generar la energía de la plena conciencia y abrazar la ira que sientes,
puedes permanecer sentado, siguiendo tu respiración, o practicar la
meditación caminando. Al cabo de diez o veinte minutos tu
ira se habrá abierto ante ti y verás de pronto su verdadera naturaleza.
Quizá haya surgido a causa de alguna percepción errónea o por falta de
habilidad.
Puedes
transformar la basura de tu ira en la flor de la compasión. Muchos de
nosotros podemos hacerlo en tan sólo quince minutos. El secreto radica
en seguir practicando el respirar de manera consciente, el andar de
manera consciente, y generar la energía de ser consciente para abrazar
tu ira.
Abrázala con mucha ternura. La ira no es tu enemiga, sino tu bebé. Es como el estómago o los pulmones.
Cada
vez que tienes algún problema en los pulmones o en el estómago, no
piensas en desprenderte de ellos. Lo mismo ocurre con la ira.
La aceptas porque sabes que debes cuidar de ella, transformarla en energía positiva.
DESCUBRE LA VERDADERA NATURALEZA DE TU IRA
En
el momento en que te enojas, tiendes a creer que tu desdicha la ha
creado otra persona, y la culpas de tu sufrimiento. Pero al observarlo
más a fondo, quizá descubras que el principal causante de tu sufrimiento
es la semilla de la ira que hay en ti.
Muchas
otras personas, al afrontar la misma situación, no se enojarán como tú.
Oyen las mismas palabras, ven la misma situación y, sin embargo, son
capaces de mantenerse tranquilas y no se dejan llevar por las emociones.
¿Por qué te enojas tú con tanta facilidad?
Quizá
te ocurre porque la semilla de la ira que hay en ti es demasiado
fuerte. Y como no has practicado en el pasado los métodos para cuidar de
tu ira, la semilla de la ira se ha regado con demasiada frecuencia.
Todos
tenemos una semilla de la ira en el fondo de nuestra conciencia. Pero
en algunos de nosotros, esa semilla es más grande que otras semillas,
como las del amor o la compasión.
La
semilla de la ira puede ser más grande porque en el pasado no hemos
practicado. Cuando empezamos a cultivar la energía de ser conscientes,
la primera percepción que tenemos es que la principal causa de nuestro
sufrimiento, de nuestra desdicha, no es otra persona, sino la semilla de
la ira que hay en nosotros, y dejamos entonces de culpar a los demás de
nuestro sufrimiento.
Comprendemos que esa persona es sólo una causa secundaria.
Cuando
tienes esta clase de percepción, te sientes mucho mejor. Pero la otra
persona puede seguir viviendo en un infierno porque no sabe cómo
practicar. Una vez te has ocupado de tu ira, ves que esa persona aún
está sufriendo, así que ahora puedes centrar tu atención en ella.
Cuando
alguien no sabe cómo manejar su propio sufrimiento, deja que se
extienda a la gente de su alrededor. Cuando tú sufres, haces sufrir a la
gente que te rodea. Es algo muy natural. Por eso hemos de aprender a
manejar nuestro sufrimiento, para que no lo vayamos repartiendo por ahí.
Cuando
eres el cabeza de familia, por ejemplo, sabes que el bienestar de los
miembros de tu familia es muy importante. Como tienes compasión, no
dejas que tu sufrimiento haga daño a los que te rodean. Practicas el
aprender a manejar tu sufrimiento porque sabes que no es una cuestión
individual, y que tu felicidad tampoco lo es.
Cuando
alguien está enojado y no sabe cómo manejar su ira, se siente
impotente, sufre. Y también hace sufrir a los que le rodean. Al
principio sientes que la persona que te enoja se merece un castigo.
Deseas castigarla porque te ha hecho sufrir. Pero después de diez o
quince minutos de meditar caminando y de observar de manera consciente,
descubres que en vez de castigo, lo que necesita es ayuda. Y ésa es una
buena percepción.
Esa persona puede ser muy cercana a ti, quizá tu esposa o tu marido. Si tú no la ayudas, ¿quién va a hacerlo?
Como
sabes abrazar tu ira, ahora te sientes mucho mejor, pero ves que la
otra persona sigue sufriendo. Esta percepción te mueve a acercarte a
ella de nuevo. Nadie más puede ayudarla, excepto tú. Ahora sientes un
gran deseo de volver y ayudarla. Es una actitud totalmente distinta a la
que antes tenías, ya no deseas castigarla. Tu ira se ha transformado en
compasión.
La
práctica de ser consciente, conduce a la concentración y a la
percepción interior. La percepción es el fruto de la práctica, y puede
ayudarnos a perdonar y a amar a los demás.
Practicar
durante quince minutos o media hora el ser consciente, el concentrarte y
el observar las percepciones interiores, puede liberarte de tu ira y
convertirte en una persona afectuosa.
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