Viene de la 4ª Parte.
Durante mi vida laboral tuve oportunidad de presenciar
muchos casos y ejemplos de los que aprendí mucho.
Dentro de mi sector de trabajo, había una familia a la que
visitaba siempre que se le averiaba el teléfono, la familia la componían siete
personas, los padres, el abuelo y cuatro hijos, de los cuatro hijos tres de
ellos tenían minusvalía, uno tenía su cuerpo muy deformado y apenas si podía
caminar ni hablar, pero despacio y torpemente estaba todo el día caminando
vendiendo cupones de la once, y lo que era sorprendente es que era una persona
muy alegre y siempre tenia una sonrisa y buen carácter para todo el que
encontraba en su caminar,(se aceptaba a sí mismo y su situación).
Otros dos padecían el Síndrome de Down, (mongolismo) y se
ocupaban de un kiosco, y el otro era un chico normal.
Me llamó la atención el hecho de que siempre que visitaba
a la familia me recibían los padres y estaban alegres y muy contentos, uno de
los días les felicité y les pregunté que no acababa de entender el que
estuvieran siempre tan alegres y contentos con las tareas y sacrificios que
conlleva el funcionar de una familia con tres minusválidos, y me contestaron
que sus hijos eran una bendición de Dios, que tenían minusvalías físicas y
psíquicas pero con un gran corazón que les permitía ser receptores y emisores
de mucho cariño y amor, y que todas las labores y tareas del diario vivir, era
una oportunidad que la vida les brindaba de hacer manifiesto dicho cariño y
amor a través de la actividad, y ello les permitía sentirse dichosos, alegres,
contentos, etc.
Estas personas aceptaban y amaban a su familia tal cual
era, y de lo que tenían hacían el mayor bien posible sin poner límites al
sacrificio necesario para el funcionar diario, y sobre todo lo hacían con gusto, alegría y contento.
La alegría y el contento parecen dos formas de expresar y
manifestar un mismo sentimiento o estado anímico, pero si analizamos en
profundidad ambos conceptos, llegaremos a la conclusión de que, aunque en
ocasiones van de la mano, en la realidad son cosas diferentes, y para aclararlo
un poco mejor vamos a dividir la alegría en dos secciones, la auténtica y la
condicionada.
La alegría auténtica es clara evidencia de que el Ser
(alma y espíritu) que conduce y se manifiesta a través de esa persona, es un
Ser maduro y evolucionado, y ello le permite comprender y aceptar todas las
circunstancias y situaciones a las que esa persona tiene que hacer frente en su diario vivir,
y aquellas que no comprende, a nivel instintivo recibe un sentimiento de
confirmación de que todo cuanto acontece es como consecuencia de algo
contemplado dentro de las leyes naturales.
En nuestro Ser se encuentra acumulada toda la experiencia
e información de todas nuestras vidas anteriores, y ello le hace fuerte,
seguro, estable y posee una gran capacidad para hacer frente a cualquier nivel
de dificultad que se haga presente en su diario vivir.
Cuando nuestra personalidad todavía no esta desarrollada,
no tenemos la capacidad de expresar y transmitir lo que a nivel de conocimiento
interno poseemos, pero todos hemos presenciado o oído de niños o jóvenes que en
su actuar parecían personas adultas, y a veces aún mas que eso, hay un dicho
popular que dice, “ese niño parece que tiene un viejo dentro”.
La alegría es la ausencia de miedos, inseguridades,
desconfianzas, rencores, envidias, etc. Si la envidia nos corroe, no podemos
estar alegres, si el miedo nos invade por alguna causa, tampoco, y así
sucesivamente ocurre con todas las imperfecciones humanas.
La alegría auténtica y la felicidad son primas hermanas,
la felicidad la describía un escritor como, “un estado de paz y de dicha
interna que proporciona a su poseedor un gozo inefable e indescriptible”, y la
alegría auténtica es la consecuencia de esa paz y dicha interna manifiesta a
través de los estados anímicos.
A la persona de carácter alegre no quiere decir que no le
sucedan eventos y circunstancias de naturaleza dolorosa y desagradable, lo que
pasa es que su estado de comprensión y aceptación de todo acontecer, suaviza o
anula los efectos angustiosos o depresivos, y la ausencia de estos efectos
ayudan a mantener el equilibrio, y desde el equilibrio hay mas posibilidades de
elegir la mejor solución para resolver cualquier problema.
La paz interior es imprescindible para que pueda
manifestarse la alegría auténtica, y para que la paz sea con nosotros, tenemos
que estar de acuerdo y en armonía con nuestra conciencia, si nuestra conciencia
nos acusa o reprocha algunas de nuestras actuaciones, la paz se hace imposible,
y sin paz no hay alegría auténtica.
Y ahora voy a explicar algo que suena a cuentos de hadas,
pero yo creo en ese algo porque le encuentro fundamento, se trata de que cada
vez que venimos a este mundo físico el Amor Divino no nos deja solos ante una
existencia con muchos proyectos y compromisos que cumplir, y dificultades que
superar, a cada SER cuando encarna se le asigna otro Ser mas evolucionado y con
los conocimientos necesarios para poder servirle de guía y apoyo en la
realización de su programa, (o cumplimiento del destino) todos hemos oído
hablar en alguna ocasión de Ángel de la Guarda, el Espíritu Guía, el Protector, etc.,
muchos escritores en sus libros hacen referencia, incluso con detalles, de ésta
realidad, y yo como dije antes lo encuentro justo y necesario para no perderse
por los laberintos y senderos de la
Vida.
Vamos a llamarle el Guía para simplificar, pues bien, la
misión de nuestro Guía es la de apoyarnos en los momentos de confusión,
debilidad, desorientación, duda, etc., pero ese apoyo o ayuda nos la prestará
sin interferir en nuestro libre albedrío, nos puede dar ideas, producir
sentimientos de confirmación o de disconformidad, a veces cuando nos
equivocamos de dirección y caminamos en sentido opuesto a nuestro destino o
programa de realización, El intenta por todos los medios de comunicarnos de
alguna forma nuestro error, a través de sentimientos, pensamientos, ideas y
sobre todo convirtiéndose en la voz de nuestra conciencia, y cuando ve que no
le prestamos atención y continuamos en la dirección equivocada, siente que
fracasa su misión como guía, y el compromiso de ayuda y orientación al que se
comprometió queda sin cumplir, y como es lógico se siente triste no solo por no
poder ayudarle, sino porque en la mayoría de los casos se trata de un Ser
cercano a su familia y le une a su protegido sentimientos de cariño y amor
fraterno.
Los estados anímicos de nuestro guía, dependiendo de
nuestra sensibilidad, condición moral y espiritual, etc., nos afectarán en
mayor o menor grado, de modo que cuando nuestro Guía, Ángel de la Guarda, o como le queramos
llamar se encuentre triste, lo mas normal es que nosotros sintamos desde
nuestro interior sentimientos de tristeza y sin saber el porqué. Un saludo.
Continúa en la 6ª parte.
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