Hola
amigos, en estos próximos días voy a hablar de nuevo sobre estos dos conceptos, a los que casi todos creemos conocer y tener bajo control, pero la realidad es
diferente, y ocurre que a veces confundimos una cosa con la otra, y eso
implica que en algunas ocasiones estemos algo desorientados y no demos
llegado a la altura que exigen algunas circunstancias y situaciones.
Una
cosa es lo que yo se, y otra lo que soy, el saber consta de varios
niveles, el primero es información intelectual, después viene el
analizar, comparar, contrastar, digerir, comprender, conocer su
utilidad, ventajas y desventajas, y a partir de ahí, ya conocemos lo que
sea al nivel que nos permitan nuestras capacidades y facultades, porque
por muy amplia que sea la visión y conocimiento que poseemos sobre
algo, siempre existe la posibilidad de que alguien lo mejore.
Para
llegar a conocer algo, en principio debe de existir una necesidad,
interés o motivo de estudio y conocimiento sobre ese algo, y todo ello
orientado a una utilidad o servicio a favor de algo o de alguien, si lo
que intentamos conocer esta fuera de nosotros, la atención será dirigida
hacia fuera, y nos permitirá conocer algo del mundo exterior, y si lo
que intentamos conocer corresponde a nuestra persona o mundo interno, la
atención la dirigimos hacia dentro de nosotros mismos.
Resulta
que estamos muy prácticos en dirigir nuestra atención hacia fuera,
porque es lo que hemos observado y así nos han educado, y al sistema le interesa contar con nuestra
atención en todo momento, de esta forma nos puede programar, conducir y manipular según sus intereses, y cuenta con nosotros, nuestra energía y nuestra economía sobre
todo, para llevar a cabo sus propósitos y objetivos, por consiguiente,
conocemos muchas cosas del mundo exterior, y a veces menos de las
necesarias de nuestro mundo interior, es por eso que a veces, o casi
siempre, creemos que somos lo mejor de lo mejor, y puede que la realidad
sea diferente, posiblemente nuestros familiares, vecinos, amigos, etc.
no tienen tan buen concepto de nosotros.
Supongamos
que yo decido aprender el oficio de carpintero, en principio necesitaré
información de todo lo que encuadra la especialidad, materiales a
emplear, técnicas de trabajo y formas y modos de diseño para elegir la
opción que mejor se adapte a cada caso, con toda esta información, ya sé
lo que es ser carpintero, pero solo tengo información intelectual, de
momento aún no soy carpintero, porque me falta la práctica y experiencia
para transformar en obra realizada, lo que poseo en forma de teórica o
información intelectual, después de mucho practicar y adquirir
experiencia en la realización de todos los trabajos que encuadra la
especialidad y el manejo de las herramientas, y a partir de ahí, ya sé de carpintero, y soy carpintero, he
aquí las diferencias entre saber y ser.
Entre
el ser y el saber, debe de existir un equilibrio, para garantizar la
calidad y fiabilidad de las actuaciones de la persona, y ahora paso a
ampliar y argumentar lo que acabo de decir.
Si
dirigimos nuestra atención mayoritariamente hacia nuestro interior con
el propósito de estudiarnos, conocernos y mejorar mediante la práctica
todo lo mejorable, terminaremos siendo muy buenas personas, ya que
estamos siempre pendientes de todo lo que hacemos, pensamos y sentimos, y
discriminaremos todo aquello que obre en perjuicio de nosotros o de los
demás, o que no tenga ninguna utilidad, y fomentaremos todo lo que
pueda obrar a favor o beneficio común y particular, es decir, podemos
terminar siendo el bueno o incluso el santo del barrio.
Pero
si no nos preocupamos de aprender todo lo relacionado con el mundo que
nos rodea, seremos lo que se podría llamar el santo estúpido, seríamos
víctimas de todos los astutos y bribones, nos engañarían siempre que se
lo propusieran, (que más o menos es lo que ocurre el los países con alto
índice de analfabetismo) y todo lo bueno que llevamos dentro no lo
podríamos poner a producir porque nos falta el conocimiento externo de
cómo funciona todo, las formas y los modos, las ventajas y los
inconvenientes de todas las cosas, pero lo que sí esta claro es que
jamás perjudicaríamos a nuestro prójimo de forma deliberada, y si se
produce un perjuicio por descuido o ignorancia, se intentaría por todos
los medios remediar el agravio lo antes posible.
Nuestra condición de buenas personas no nos permitiría el engañar, estafar, maltratar ni verter ningún tipo de mal sobre cualquier persona animal o cosa, nuestro corazón y nuestra conciencia, han crecido con el ejercicio y práctica del bien, y están presentes en todas y cada una de nuestras actuaciones, el corazón pone ese toque de amor que todo necesita, la mente elegirá la mejor de las opciones y la conciencia se hace responsable de la calidad de nuestro actuar y las consecuencias que deriven de cada actuación. Continúo en la 2ª parte, saludos.
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