Toma
distancia de todas aquellas personas que necesitan que seas de
determinada manera. O que actúes según sus propios códigos morales o de
conducta. Esto incluye también a determinadas personas del “mundillo” de
la espiritualidad. Es precisamente en este ámbito donde pueden surgir
más expectativas, más mandatos sobre lo que es “correcto” o
“incorrecto”, más juicios acerca de cómo debe uno vivir su vida.
Ya me he referido en otros textos a las “trampas” de este mundo espiritual
cuando nos fanatizamos y creemos estar en lo correcto, creyendo que los
demás deben seguir los mismos “mandamientos”: qué debe uno comer, cómo
debe vestirse, cómo debe pensar, qué es “mundano” y qué es “espiritual”,
cuántas horas debe meditar, qué tipo de lenguaje ha de usar, qué tono
de voz debe emplear, cuánto debe sonreír, empatizar y ayudar… La lista
es tan larga que no cabría en 100 páginas.
Con
el paso del tiempo, me fui dando cuenta de que no es ese el tipo de
“espiritualidad” que deseo vivir en mi realidad. Allá donde hay
imposiciones, me retiro. Allá donde no se respeta mi modo de ver o hacer
las cosas, digo adiós. Allá donde me obligan a amar, o a ayudar, o a
juzgar a otros, sé que no es mi lugar. Por ello me he ido acostumbrando
(a la fuerza) a no idealizar a ningún grupo “especial”, a ninguna
persona que se autocalifique como “buena” o “espiritual”, a ningún
“maestro” que tenga la única verdad… Sigo mi propio paso, mi camino,
dando libertad a los demás pero respetando ante todo mi propia libertad,
mi propia forma de ver el mundo, de ser y de actuar. A mi ritmo, a mi
manera, tendiendo siempre la mano, pero estando presto a retirarla
cuando alguien la menosprecie o no la quiera dar. Esa es para mí la
auténtica “espiritualidad”: vivir la vida que uno desea, profundizar en
el ser esencial y observar qué quiero hacer realmente, sin sentirme
obligado a ser una copia de los demás.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López
No hay comentarios:
Publicar un comentario