Nos estresamos demasiado por una vida que puede terminar en cualquier momento… así que asegúrate de vivir.
Vivimos corriendo.
Preocupados por el dinero, por el qué dirán, por lo que falta, por lo que salió mal, por lo que todavía no llega.
Nos desgastamos tanto sobreviviendo, que muchas veces se nos olvida vivir.
Y mientras hacemos planes para mañana, la vida sigue avanzando en silencio…
sin avisar, sin pedir permiso, sin prometer que habrá tiempo después.
La verdad es incómoda, pero real:
nada está garantizado.
Ni un año más, ni un mes más, ni siquiera el final de este día.
Por eso duele pensar que mucha gente pasa su existencia entera atrapada en el estrés, en el miedo, en la rutina, en la angustia…
como si vivir fuera solamente aguantar.
No naciste solo para pagar cuentas, complacer a todos y llegar cansado a la noche.
También naciste para sentir, para abrazar, para reír, para amar, para respirar con calma y mirar el cielo sin culpa. 
Haz tus metas, lucha por tus sueños, sé responsable…
pero no olvides vivir en el proceso.
Porque al final, la vida no siempre avisa cuándo será la última llamada, el último abrazo, la última conversación o la última oportunidad.
Nos estresamos demasiado por una vida que puede apagarse en cualquier momento.
Así que deja de aplazar tu paz…
y asegúrate de vivir de verdad. 
No hay comentarios:
Publicar un comentario