(Rev. Amor, Paz y Caridad)
En innumerables ocasiones nos hemos encontrado con personas que padecen de esa situación, y hemos percibido lo negativo que resulta para el individuo, para los que le rodean, y el perjuicio que ocasionan a las ideas que predica.
Buena parte de la mala fama que tiene el Espiritismo, proviene de
muchas personas que se han dejado llevar por las redes del fanatismo, y
con su mal ejemplo han enturbiado la ya pobre impresión que se tiene
sobre esta gran filosofía.
¿A qué es debido que en una ideología que se basa principalmente en
el uso del raciocinio, algunos de sus seguidores caigan en ese error?
Pues precisamente por eso, por no hacer uso de la razón y el sentido
común. Cuando no se analizan las ideas y lo admitimos todo sin pensar,
unido ello al pensamiento de que somos los únicos portadores de la
verdad, se llega a desembocar en un comportamiento impositivo e
intransigente que raya en el fanatismo más irracional.
Dentro de los ambientes espiritas puede producirse esta lamentable
situación al dejarnos llevar en exceso por las comunicaciones que se
reciben a través de mediums. Sobre todo si llegamos a creer que todo lo
que recibimos desde el otro lado son siempre comunicaciones positivas y
están exentas de engaño.
Nunca hemos de olvidar que toda comunicación, por muy altruista y
beneficiosas que aparente ser, puede tener procedencia negativa, lo que
sucede es que nos negamos a creer que a través de nosotros se reciban
esas comunicaciones de espíritus poco elevados. Nuestra prepotencia nos
juega una mala pasada y nos predispone a escuchar sin ningún tipo de
análisis esos mensajes que nos incentivan la vanidad y nos confunden.
Los espíritus de baja condición únicamente buscan hacer mal, y una
forma de hacerlo es sembrar confusión a su paso, por tal razón es muy
conveniente que los mensajes sean debidamente analizados y como norma,
hemos de rehuir toda comunicación que nos halague en exceso y nunca nos
aconseje sobre nuestros errores e imperfecciones.
Cuando una persona se deja llevar de forma exacerbada por el
fanatismo, comienza a rechazar las opiniones ajenas sin tan siquiera
escucharlas, dando una pobre impresión sobre las ideas que predica.
F.M.B
Albert B.B
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