Te dolió cuando se fueron…
pero no todo lo que duele es pérdida.
A veces… es limpieza.
Te aferraste.
Intentaste entender.
Buscaste razones donde solo había una verdad simple:
No todos están destinados a quedarse.
Y eso no es tragedia…
es orden.
Marco Aurelio lo entendía así:
“Acepta lo que viene entretejido en el patrón de tu destino.”
No todo el que llega es para siempre.
Algunos vienen a enseñarte… no a acompañarte.
Y cuando se van…
no te están quitando algo.
Te están devolviendo espacio.
Espacio para crecer.
Para pensar mejor.
Para rodearte de quien sí suma.
Pero tú lo interpretas como abandono…
cuando en realidad es ajuste.
El problema no es que se vayan…
es que tú no sueltas.
Te quedas con el recuerdo.
Con lo que pudo ser.
Con lo que ya no es.
Y ahí… te estancas.
El estoicismo no te pide que no sientas…
te pide que no te encadenes.
Que aceptes sin rencor.
Que recuerdes sin dolor innecesario.
Que sueltes sin romperte.
Porque aferrarte a quien ya no está…
solo prolonga lo que ya terminó.
Y aquí viene lo importante:
No todo el que se va es una pérdida…
algunos son protección.
Protección de lo que no era para ti.
De lo que te drenaba.
De lo que te alejaba de tu mejor versión.
Y cuando lo ves así…
dejas de sufrir por la ausencia…
y empiezas a agradecer el espacio.
¿Qué persona ya se fue de tu vida… pero tú aún no has soltado?
No hay comentarios:
Publicar un comentario