Nietzsche lo dijo hace más de un siglo con una precisión que hoy le ofende a los débiles. En esta vida, si quieres ser el dueño de tu destino, solo tienes un derecho y un deber.
EL ÚNICO DERECHO:
Hacer exactamente lo que te dé la gana.
Sin pedir permiso. Sin dar explicaciones. Sin necesitar que tus padres, tus amigos o la sociedad validen el camino que elegiste. Libertad absoluta.
Pero aquí es donde el 99% de la gente se quiebra. Porque la libertad sin lo que viene después, no es libertad... es inmadurez disfrazada.
EL ÚNICO DEBER:
Tragarte las consecuencias. 
Todas. Las buenas y las malas.
Si el negocio quiebra, es tu culpa. Si la relación fracasa, es tu culpa. Si pierdes dinero, es tu culpa. Prohibido llorar. Prohibido culpar al gobierno, a la economía o a tu pasado.
El que elige bien, carga los resultados con orgullo y se vuelve un Rey. 
El que elige mal, carga los resultados igual, aprende la lección y se vuelve más peligroso. 
Esa es la diferencia entre un León y una oveja. La oveja quiere libertad pero exige que alguien más la rescate cuando las cosas salen mal. El León sale a cazar sabiendo que si falla, pasa hambre. 
Así de simple. Así de pesado. Así de honesto.
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