miércoles, 14 de septiembre de 2016

Esperando y esperando (Por José Miranda)

Buenos días, hoy vamos a cambiar un poco la temática de conversación, voy a tratar el tema de la espera, porque he observado que la vida, entre otras muchas cosas, es una continua espera, siempre poseemos varios frentes de espera por algo.
Os envío un escrito que en tiempos pasados confeccioné en relación a la espera.

LA  ESPERA

Es maravilloso el saber esperar, porque la propia Vida en sí, es energía en movimiento que da lugar a un gran proceso continuo de creación, modificación, adaptación, conservación, etc., este gran proceso esta compuesto a su vez por infinitos procesos específicos, y cada uno de ellos da lugar a la ejecución de una labor o tarea específica, todo proceso se desarrolla consumiendo un tiempo cuya duración va en concordancia con el volumen y envergadura del mismo, pero para que el proceso termine y podamos contar con el resultado final que se pretendía, es imprescindible la espera a que dicho tiempo transcurra, si nos impacientamos y acortamos el tiempo que el proceso necesita, el resultado final no será válido o satisfactorio.
Pongamos algunos ejemplos: Yo tengo un manzano en mi huerto y ya he consumido su cosecha, para volver a comer de nuevo manzanas de mi árbol, tendré que esperar hasta la nueva cosecha, si durante el tiempo de espera estoy inactivo el tiempo de espera se me hará interminable, en cambio, si durante el tiempo de espera permanezco activo atendiendo al conjunto de tareas y actividades de mi propia vida, el tiempo de espera es igual de largo, pero yo al estar ocupado en otras actividades no sufriré de impaciencia ni de los efectos de una larga espera, llegará la próxima cosecha y exclamare, ¡ya tengo manzanas de nuevo!, pero del tiempo transcurrido entre cosecha y cosecha ni me he enterado, he estado muy ocupado atendiendo a todos los frentes de actividad de mi vida y de los míos.
Nuestra vida es un continuo proyecto, antes de cerrar un frente de actividad, ya tenemos otro o varios abiertos y en proceso de realización, con cada proceso perseguimos un resultado final, y para contar con el resultado hemos de esperar el tiempo necesario para que el proceso se realice, por tal motivo afirmamos sin temor a equivocarnos que la vida en sí, es una continua espera.
Si sentimos hambre, tenemos que esperar a la hora de la comida, si decidimos ser padres, tendremos que esperar los nueve meses de gestación, si queremos visitar a nuestro amigo, tendremos que trasladarnos a su casa, lo cual significa otra espera, y así sucesivamente ocurre con casi todo en la vida, la espera está presente en casi todo, y las posibilidades de impacientarnos también, pero si nos especializamos en el control y empleo positivo del tiempo, la impaciencia y resto de los efectos de una larga o corta espera, no nos alcanzará, porque el tiempo de espera lo hemos utilizado provechosamente obteniendo un resultado para beneficio nuestro y de nuestro entorno, y un buen resultado nunca produce impaciencia ni ningún otro malestar físico, psíquico o afectivo.
Toda nuestra vida no es otra cosa que un proceso de aprendizaje y capacitación, que consta de múltiples frentes de estudio, trabajo y realización, cada momento es importantísimo, porque ya en forma de teórica o de práctica ,nos trae algo que aprender o superar, y es de nuestro interés el aprovecharlo, porque lo que hemos aprendido o superado, lo necesitaremos como base o apoyo para lo que nos trae el momento siguiente, es lo mismo que cuando estamos en el colegio, la clase de hoy, es la base y el apoyo de la que nos tocará mañana.
En cada momento estamos ante una circunstancia o evento, puede que estemos físicamente inactivos, por ejemplo, esperando turno para una consulta, el hecho de que físicamente estemos inactivos, no quiere decir que nuestra atención también tenga que estarlo, siempre podemos aprender algo si estamos atentos y receptivos a nuestro entorno, ya sea de personas, animales o cualquier otro elemento de la madre naturaleza, la respuesta a muchas incógnitas que había en mi vida, en algunos casos las resolví observando a otras personas, a los animales, a las plantas, a diversos fenómenos, etc.
Tenemos por costumbre el seleccionar aquello que nos gusta y nos satisface, y si no nos gusta ni nos satisface pasamos de lo que sea y nos entregamos al aburrimiento, a la impaciencia, etc., hay eventos o circunstancias que nos permiten hacer una selección, pero hay otras que son de carácter obligado, y la propia naturaleza nos obliga a pasar por esa situación porque constituye un aprendizaje o capacitación muy importante, y no se nos permite el aparcarla y continuar con otra cosa, se presenta y hay que atenderla y superarla por nuestro bien.
Pongamos como ejemplo que yo solo voy a comer de lo que me es agradable al paladar, y lo que no me gusta no me lo como, que para eso soy mayor de edad, pues bien, al cabo de algún tiempo, todas aquellas partes de mi organismo que no le llega su alimento enfermarán, y para librarme de la enfermedad, no me queda otro remedio que equilibrar mi dieta para que todas las partes de mi organismo reciban lo que necesitan.
Yo me he impacientado y aburrido en muchas ocasiones durante largas o cortas esperas, pero hoy reconozco que era debido a mi incapacidad de saber estar ante aquella situación o evento, y hacer un uso provechoso del tiempo a favor del bien propio y común.
Siempre que se nos presente una situación, circunstancia, evento o lo que sea, al que tengamos que hacer frente de forma obligada, de seguro que tendremos varias formas de actuar, varias opciones para resolver lo que sea, y si no tenemos ni que actuar ni resolver nada, podemos observar, analizar, recordemos que la observación es la madre de la ciencia, y a veces a través de ella encontramos solución a incógnitas pendientes de resolver, es de nuestro interés el elegir la mejor forma o modo de aprovechamiento del tiempo, para que el resultado nos aporte el mayor beneficio, y cualquier proceso de espera, ya sea esperando vez, esperando la recuperación de la salud durante una convalecencia, a que nos reparen el coche o esperando a lo que sea, lo primero es aceptar dicha situación, y después dentro de un orden de prioridades y valoración, invertir el tiempo de la forma mas provechosa y conveniente.
Tanto la educación que hemos recibido como la influencia social, nos empuja a un actuar un tanto mecánico, automático, en todo momento nos están diciendo lo que tenemos que hacer, o por lo menos cómo debiéramos de actuar, pero la mayor parte de estas indicaciones son modos y formas orientadas a las conveniencias del consumismo o del que las diseñó, y en pocas ocasiones se tiene presente el bien común o social, por eso es muy importante el estar despiertos, y que nuestra atención y voluntad estén a nuestro servicio ejerciendo un control y uso del tiempo, para que los resultados de nuestro actuar obren en beneficio nuestro y del entorno.
Yo he observado muchos casos de personas abatidas por el aburrimiento porque afirmaban que no tenían nada que hacer, personas jubiladas, sin trabajo, en periodos de convalecencia, invalidez, etc. Habemos muchas personas que por motivos de educación o ignorancia, limitamos nuestras facultades y capacidades, y si por algún motivo hemos de interrumpir, ya sea de forma transitoria o permanente, las labores o profesión que hemos estado realizando, nos cruzamos de brazos porque creemos que no valemos para realizar otra cosa.
Nuestra “vida” o periodo existencial es concretamente, todo cuanto hemos pensado, sentido y realizado en el tiempo que transcurre entre el nacimiento y la muerte, una vida sin realización, es estéril, vana, inútil, etc., y los efectos que produce son el aburrimiento, la inapetencia, vacío interior, etc., siempre que perdemos o malgastamos el tiempo, estamos perdiendo “vida”, estamos creando espacios vacíos en la trayectoria de nuestra vida, y por norma general, durante la creación de estos espacios nos lo estamos pasando mal, porque toda espera en inactividad, el tiempo se hace largo y a veces eterno.
Siempre y en cada momento se puede estar realizando algún tipo de actividad adaptada al momento presente y sus circunstancias, si nuestras piernas nos fallan, tenemos nuestros brazos, nuestra mente, nuestra alma, nuestro corazón, etc., si tenemos voluntad de realizar alguna tarea, nos sobran posibilidades para realizarla, pero hay personas, que suelen decir, “como no puedo caminar, no puedo hacer nada” “me he roto un brazo y no puedo hacer nada” “me he jubilado y ahora no tengo nada que hacer” etc. Creo que el problema es de educación, malas costumbres, tendencia a la ociosidad y un desconocimiento total de los senderos que conducen a la felicidad.
Por norma general y salvo la excepción, todos solemos vivir en familia, cuando un miembro dela familia se declara en inactividad, todas las tareas propias del mantenimiento personal recaen sobre otro u otros miembros de dicha familia, con el resultado final de que el inactivo está aburrido porque no encuentra nada para hacer, y el otro miembro está sobre cargado de actividad, porque porta su carga propia mas la del declarado en inactividad.
Como he dicho en líneas atrás, cuando no podemos utilizar nuestras piernas, y otras personas nos tienen que auxiliar, tenemos nuestros brazos, nuestra mente, nuestro corazón, nuestra voluntad y muchas otras cosas, opciones y posibilidades, para compensarle a las personas que nos auxilian, y de esta forma las cargas se equilibran y compensan, y no constituimos una carga adicional y pesada para nadie, y ello contribuirá a que nosotros mismos nos sintamos útiles, versátiles y personas activas a pesar de nuestra minusvalía transitoria o permanente, de esta forma no existe la espera, existe un cambio de actividad motivado por una incapacidad.
Otra cosa a tener en cuenta es que cuando un miembro de una familia no contribuye en las labores y tareas propias y del conjunto, las relaciones con el resto de componentes se complican y empiezan los problemas, tarde o temprano se verá aparcado como el mueble que no sirve para nada, y ocupando un lugar que lo podría ocupar otro mueble útil, esto que acabamos de decir suena muy mal, parecen conceptos un tanto descabellados y fuera de contesto, pero en la realidad hay mas casos de los que podemos imaginar, yo particularmente conozco un montón.
La lacra del machismo es causa de muchos de los mencionados casos, en la mayoría de los casos, sobre todo en personas mayores, cuando llega la hora de la jubilación el hombre está jubilado y no hace nada, él siempre ha trabajado en la empresa, en el campo, en el ejército o en lo que sea, y no entiende ni quiere entender nada de las tareas del hogar, y la mujer que también tiene edad y derecho a jubilarse no puede, porque sigue con las mismas tareas de siempre, con la dificultad añadida de que su vitalidad va cada vez a menos, y cuenta con el agravante de que tiene a un parásito en casa, que en vez de ayudarle y aliviar su cada vez mas pesada carga, se dedica a aburrirse durante la espera a que llegue la muerte, porque la persona que se entrega por completo a la inactividad, sobre todo en avanzada edad, se dedica a esperar por la muerte.       
Cuando hablamos de actividad no nos estamos refiriendo solo a algo físico, también lo es el escuchar, aconsejar, amar, meditar, leer, escribir, etc., uno de mis días laborables visité a una pareja de mayores para repararles el teléfono, y la señora estaba enferma a consecuencia de una embolia, y apenas se le entendía lo que hablaba y era dependiente casi total, se me ocurrió preguntarle al caballero que si llevaba el solo la carga de atenderla en todas sus necesidades, y me contestó que no estaba solo, que su esposa con su mirada y su corazón le ayudaba enormemente, decía: “cuando me mira me transmite un cariño, un amor y una ternura, que me sube el ánimo y la vitalidad aún más de lo que necesito”, aquella señora por motivo de la embolia estaba inactiva físicamente, pero su alma y su corazón estaban muy activos y compensaban con creces el exceso de actividad física que se veía obligado a realizar su esposo, decían que eran dichosos y que le pedían a Dios larga vida para disfrutar, este ejemplo me quedó muy grabado porque creo que era único en su género.
Estas personas no estaban esperando la recuperación de la salud de la señora porque era irreversible, tampoco estaban esperando un “milagro” que les aliviara la “carga”, estas personas lo que podía haber sido una larga y penosa espera, lo convirtieron en una bonita y grata forma de vivir, gracias a una actividad aceptada en aras del bien común, y llevada a cabo con Amor y cariño aportando cada cual lo que podía.
Para ir concretando y según mis criterios, el tiempo es vida, si durante una corta o larga espera estamos inactivos, la espera se hace larga, a veces se eterniza, se crea un espacio vacío en la trayectoria de nuestra vida, estamos perdiendo parte de nuestra vida, si mantenemos siempre una actividad creativa y constructiva orientada al bien propio y común, simultánea a todos los procesos y proyectos de nuestra querida vida, los tiempos de espera se transforman en espacios útiles productores de posibilidades en beneficio propio y común.
Y colorin colorado el tema lo voy a dar por terminado, eso si, afirmando que todo cuanto expresa solo es la opinión de una persona, que esa persona está jubilada y emplea parte de su tiempo en investigar modos y formas de conseguir grados y niveles mayores de felicidad, y cuando lo consigue lo publica a través de escritos con el propósito de compartir con el prójimo las filosofías que le sirvieron de ayuda para crecer un poquito como persona humana y decrecer como animal intelectual.

Firma

Pepe el Terrícola.
onfeccioné en realación a la espera.

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