Buenos días, hoy vamos a cambiar un poco la temática de conversación, voy a tratar el tema de la espera, porque he observado que la vida, entre otras muchas cosas, es una continua espera, siempre poseemos varios frentes de espera por algo.
Os envío un escrito que en tiempos pasados confeccioné en relación a la espera.
LA ESPERA
Es maravilloso
el saber esperar, porque la propia Vida en sí, es energía en movimiento que da
lugar a un gran proceso continuo de creación, modificación, adaptación,
conservación, etc., este gran proceso esta compuesto a su vez por infinitos procesos
específicos, y cada uno de ellos da lugar a la ejecución de una labor o tarea
específica, todo proceso se desarrolla consumiendo un tiempo cuya duración va
en concordancia con el volumen y envergadura del mismo, pero para que el
proceso termine y podamos contar con el resultado final que se pretendía, es
imprescindible la espera a que dicho tiempo transcurra, si nos impacientamos y
acortamos el tiempo que el proceso necesita, el resultado final no será válido
o satisfactorio.
Pongamos
algunos ejemplos: Yo tengo un manzano en mi huerto y ya he consumido su
cosecha, para volver a comer de nuevo manzanas de mi árbol, tendré que esperar
hasta la nueva cosecha, si durante el tiempo de espera estoy inactivo el tiempo
de espera se me hará interminable, en cambio, si durante el tiempo de espera
permanezco activo atendiendo al conjunto de tareas y actividades de mi propia
vida, el tiempo de espera es igual de largo, pero yo al estar ocupado en otras
actividades no sufriré de impaciencia ni de los efectos de una larga espera,
llegará la próxima cosecha y exclamare, ¡ya tengo manzanas de nuevo!, pero del
tiempo transcurrido entre cosecha y cosecha ni me he enterado, he estado muy
ocupado atendiendo a todos los frentes de actividad de mi vida y de los míos.
Nuestra vida
es un continuo proyecto, antes de cerrar un frente de actividad, ya tenemos
otro o varios abiertos y en proceso de realización, con cada proceso
perseguimos un resultado final, y para contar con el resultado hemos de esperar
el tiempo necesario para que el proceso se realice, por tal motivo afirmamos
sin temor a equivocarnos que la vida en sí, es una continua espera.
Si sentimos
hambre, tenemos que esperar a la hora de la comida, si decidimos ser padres,
tendremos que esperar los nueve meses de gestación, si queremos visitar a
nuestro amigo, tendremos que trasladarnos a su casa, lo cual significa otra
espera, y así sucesivamente ocurre con casi todo en la vida, la espera está
presente en casi todo, y las posibilidades de impacientarnos también, pero si
nos especializamos en el control y empleo positivo del tiempo, la impaciencia y
resto de los efectos de una larga o corta espera, no nos alcanzará, porque el
tiempo de espera lo hemos utilizado provechosamente obteniendo un resultado
para beneficio nuestro y de nuestro entorno, y un buen resultado nunca produce
impaciencia ni ningún otro malestar físico, psíquico o afectivo.
Toda nuestra
vida no es otra cosa que un proceso de aprendizaje y capacitación, que consta
de múltiples frentes de estudio, trabajo y realización, cada momento es
importantísimo, porque ya en forma de teórica o de práctica ,nos trae algo que
aprender o superar, y es de nuestro interés el aprovecharlo, porque lo que
hemos aprendido o superado, lo necesitaremos como base o apoyo para lo que nos
trae el momento siguiente, es lo mismo que cuando estamos en el colegio, la
clase de hoy, es la base y el apoyo de la que nos tocará mañana.
En cada
momento estamos ante una circunstancia o evento, puede que estemos físicamente
inactivos, por ejemplo, esperando turno para una consulta, el hecho de que
físicamente estemos inactivos, no quiere decir que nuestra atención también
tenga que estarlo, siempre podemos aprender algo si estamos atentos y
receptivos a nuestro entorno, ya sea de personas, animales o cualquier otro
elemento de la madre naturaleza, la respuesta a muchas incógnitas que había en
mi vida, en algunos casos las resolví observando a otras personas, a los
animales, a las plantas, a diversos fenómenos, etc.
Tenemos por
costumbre el seleccionar aquello que nos gusta y nos satisface, y si no nos
gusta ni nos satisface pasamos de lo que sea y nos entregamos al aburrimiento,
a la impaciencia, etc., hay eventos o circunstancias que nos permiten hacer una
selección, pero hay otras que son de carácter obligado, y la propia naturaleza
nos obliga a pasar por esa situación porque constituye un aprendizaje o
capacitación muy importante, y no se nos permite el aparcarla y continuar con
otra cosa, se presenta y hay que atenderla y superarla por nuestro bien.
Pongamos como
ejemplo que yo solo voy a comer de lo que me es agradable al paladar, y lo que
no me gusta no me lo como, que para eso soy mayor de edad, pues bien, al cabo
de algún tiempo, todas aquellas partes de mi organismo que no le llega su
alimento enfermarán, y para librarme de la enfermedad, no me queda otro remedio
que equilibrar mi dieta para que todas las partes de mi organismo reciban lo
que necesitan.
Yo me he
impacientado y aburrido en muchas ocasiones durante largas o cortas esperas,
pero hoy reconozco que era debido a mi incapacidad de saber estar ante aquella
situación o evento, y hacer un uso provechoso del tiempo a favor del bien
propio y común.
Siempre que se
nos presente una situación, circunstancia, evento o lo que sea, al que tengamos
que hacer frente de forma obligada, de seguro que tendremos varias formas de
actuar, varias opciones para resolver lo que sea, y si no tenemos ni que actuar
ni resolver nada, podemos observar, analizar, recordemos que la observación es
la madre de la ciencia, y a veces a través de ella encontramos solución a
incógnitas pendientes de resolver, es de nuestro interés el elegir la mejor
forma o modo de aprovechamiento del tiempo, para que el resultado nos aporte el
mayor beneficio, y cualquier proceso de espera, ya sea esperando vez, esperando
la recuperación de la salud durante una convalecencia, a que nos reparen el
coche o esperando a lo que sea, lo primero es aceptar dicha situación, y
después dentro de un orden de prioridades y valoración, invertir el tiempo de
la forma mas provechosa y conveniente.
Tanto la
educación que hemos recibido como la influencia social, nos empuja a un actuar
un tanto mecánico, automático, en todo momento nos están diciendo lo que
tenemos que hacer, o por lo menos cómo debiéramos de actuar, pero la mayor
parte de estas indicaciones son modos y formas orientadas a las conveniencias
del consumismo o del que las diseñó, y en pocas ocasiones se tiene presente el
bien común o social, por eso es muy importante el estar despiertos, y que
nuestra atención y voluntad estén a nuestro servicio ejerciendo un control y
uso del tiempo, para que los resultados de nuestro actuar obren en beneficio
nuestro y del entorno.
Yo he
observado muchos casos de personas abatidas por el aburrimiento porque
afirmaban que no tenían nada que hacer, personas jubiladas, sin trabajo, en
periodos de convalecencia, invalidez, etc. Habemos muchas personas que por
motivos de educación o ignorancia, limitamos nuestras facultades y capacidades,
y si por algún motivo hemos de interrumpir, ya sea de forma transitoria o
permanente, las labores o profesión que hemos estado realizando, nos cruzamos
de brazos porque creemos que no valemos para realizar otra cosa.
Nuestra “vida”
o periodo existencial es concretamente, todo cuanto hemos pensado, sentido y
realizado en el tiempo que transcurre entre el nacimiento y la muerte, una vida
sin realización, es estéril, vana, inútil, etc., y los efectos que produce son
el aburrimiento, la inapetencia, vacío interior, etc., siempre que perdemos o
malgastamos el tiempo, estamos perdiendo “vida”, estamos creando espacios
vacíos en la trayectoria de nuestra vida, y por norma general, durante la
creación de estos espacios nos lo estamos pasando mal, porque toda espera en
inactividad, el tiempo se hace largo y a veces eterno.
Siempre y en
cada momento se puede estar realizando algún tipo de actividad adaptada al
momento presente y sus circunstancias, si nuestras piernas nos fallan, tenemos
nuestros brazos, nuestra mente, nuestra alma, nuestro corazón, etc., si tenemos
voluntad de realizar alguna tarea, nos sobran posibilidades para realizarla,
pero hay personas, que suelen decir, “como no puedo caminar, no puedo hacer
nada” “me he roto un brazo y no puedo hacer nada” “me he jubilado y ahora no tengo
nada que hacer” etc. Creo que el problema es de educación, malas costumbres,
tendencia a la ociosidad y un desconocimiento total de los senderos que
conducen a la felicidad.
Por norma
general y salvo la excepción, todos solemos vivir en familia, cuando un miembro
dela familia se declara en inactividad, todas las tareas propias del
mantenimiento personal recaen sobre otro u otros miembros de dicha familia, con
el resultado final de que el inactivo está aburrido porque no encuentra nada
para hacer, y el otro miembro está sobre cargado de actividad, porque porta su
carga propia mas la del declarado en inactividad.
Como he dicho
en líneas atrás, cuando no podemos utilizar nuestras piernas, y otras personas
nos tienen que auxiliar, tenemos nuestros brazos, nuestra mente, nuestro
corazón, nuestra voluntad y muchas otras cosas, opciones y posibilidades, para
compensarle a las personas que nos auxilian, y de esta forma las cargas se
equilibran y compensan, y no constituimos una carga adicional y pesada para nadie,
y ello contribuirá a que nosotros mismos nos sintamos útiles, versátiles y
personas activas a pesar de nuestra minusvalía transitoria o permanente, de
esta forma no existe la espera, existe un cambio de actividad motivado por una
incapacidad.
Otra cosa a
tener en cuenta es que cuando un miembro de una familia no contribuye en las
labores y tareas propias y del conjunto, las relaciones con el resto de
componentes se complican y empiezan los problemas, tarde o temprano se verá
aparcado como el mueble que no sirve para nada, y ocupando un lugar que lo
podría ocupar otro mueble útil, esto que acabamos de decir suena muy mal,
parecen conceptos un tanto descabellados y fuera de contesto, pero en la
realidad hay mas casos de los que podemos imaginar, yo particularmente conozco
un montón.
La lacra del
machismo es causa de muchos de los mencionados casos, en la mayoría de los
casos, sobre todo en personas mayores, cuando llega la hora de la jubilación el
hombre está jubilado y no hace nada, él siempre ha trabajado en la empresa, en
el campo, en el ejército o en lo que sea, y no entiende ni quiere entender nada
de las tareas del hogar, y la mujer que también tiene edad y derecho a
jubilarse no puede, porque sigue con las mismas tareas de siempre, con la
dificultad añadida de que su vitalidad va cada vez a menos, y cuenta con el
agravante de que tiene a un parásito en casa, que en vez de ayudarle y aliviar
su cada vez mas pesada carga, se dedica a aburrirse durante la espera a que
llegue la muerte, porque la persona que se entrega por completo a la
inactividad, sobre todo en avanzada edad, se dedica a esperar por la
muerte.
Cuando
hablamos de actividad no nos estamos refiriendo solo a algo físico, también lo
es el escuchar, aconsejar, amar, meditar, leer, escribir, etc., uno de mis días
laborables visité a una pareja de mayores para repararles el teléfono, y la
señora estaba enferma a consecuencia de una embolia, y apenas se le entendía lo
que hablaba y era dependiente casi total, se me ocurrió preguntarle al caballero
que si llevaba el solo la carga de atenderla en todas sus necesidades, y me
contestó que no estaba solo, que su esposa con su mirada y su corazón le
ayudaba enormemente, decía: “cuando me mira me transmite un cariño, un amor y
una ternura, que me sube el ánimo y la vitalidad aún más de lo que necesito”,
aquella señora por motivo de la embolia estaba inactiva físicamente, pero su
alma y su corazón estaban muy activos y compensaban con creces el exceso de
actividad física que se veía obligado a realizar su esposo, decían que eran
dichosos y que le pedían a Dios larga vida para disfrutar, este ejemplo me
quedó muy grabado porque creo que era único en su género.
Estas personas
no estaban esperando la recuperación de la salud de la señora porque era irreversible,
tampoco estaban esperando un “milagro” que les aliviara la “carga”, estas
personas lo que podía haber sido una larga y penosa espera, lo convirtieron en
una bonita y grata forma de vivir, gracias a una actividad aceptada en aras del
bien común, y llevada a cabo con Amor y cariño aportando cada cual lo que
podía.
Para ir
concretando y según mis criterios, el tiempo es vida, si durante una corta o
larga espera estamos inactivos, la espera se hace larga, a veces se eterniza,
se crea un espacio vacío en la trayectoria de nuestra vida, estamos perdiendo
parte de nuestra vida, si mantenemos siempre una actividad creativa y
constructiva orientada al bien propio y común, simultánea a todos los procesos
y proyectos de nuestra querida vida, los tiempos de espera se transforman en
espacios útiles productores de posibilidades en beneficio propio y común.
Y colorin
colorado el tema lo voy a dar por terminado, eso si, afirmando que todo cuanto
expresa solo es la opinión de una persona, que esa persona está jubilada y
emplea parte de su tiempo en investigar modos y formas de conseguir grados y
niveles mayores de felicidad, y cuando lo consigue lo publica a través de
escritos con el propósito de compartir con el prójimo las filosofías que le
sirvieron de ayuda para crecer un poquito como persona humana y decrecer como
animal intelectual.
Firma
Pepe el Terrícola.
onfeccioné en realación a la espera.