“Todas
las virtudes tienen su mérito, porque todas son signos de progreso en
el camino del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia
voluntaria a las incitaciones de las malas tendencias. Con todo, lo
sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por
el bien del prójimo, sin segundas intenciones.
La virtud más meritoria es la que se basa en la más desinteresada caridad.”
894.
Hay personas que hacen el bien por un impulso espontáneo, sin que
tengan que vencer ningún sentimiento contrario. ¿Poseen ellas tanto
mérito como las que tienen que luchar contra su propia naturaleza y la
dominan?
“Las
que no tienen que luchar es porque en ellas el progreso ya se llevó a
cabo. Lucharon anteriormente y triunfaron. Por eso, los buenos
sentimientos no les cuestan ningún esfuerzo y sus acciones les resultan
absolutamente naturales.
Para
ellas, el bien se ha convertido en un hábito. Se las debe honrar, pues,
como a experimentados guerreros que conquistaron sus títulos.
”Como vosotros aún estáis lejos de la perfección, esos ejemplos os
asombran por el contraste, y los admiráis tanto más cuanto más raros
son. No obstante, sabed bien que lo que en la Tierra constituye una
excepción, en los mundos más adelantados que el vuestro es la regla.
El sentimiento del bien es espontáneo en todas partes, porque en esos
mundos sólo habitan los Espíritus buenos y una única mala intención
sería una excepción monstruosa. Por esa razón los hombres son felices
allí. Lo mismo sucederá en la Tierra cuando la humanidad se haya
transformado y cuando comprenda y practique la caridad en su verdadera
acepción.”
Alan Kardec. El libro de los Espíritus.
Libro Tercero – Capítulo XII.
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