Cuando dos personas se sienten fuertemente atraídas, existe, una causa, una razón oculta detrás de esa unión, y esa causa casi nunca es la que nosotros pensamos.
Antes de continuar, deseo hacer hincapié en que estoy hablando de ATRACCIÓN, uno de los dos impulsos de nuestra humanidad (el otro es rechazo), y no de conexión.
La Atracción se experimenta en el plano terrenal y la Conexión en el plano espiritual.
La atracción se siente a nivel físico y mental,
y para comprobarlo solo tenemos que tomarnos un momento, sincerarnos con nosotros mismos, e intentar recordar, e identificar, cuáles fueron las sensaciones y emociones que nos invadían cada vez que veíamos a la persona por la cual sentíamos una "atracción irresistible".
Si logramos recordar el nerviosismo, las palpitaciones, los miedos, la euforia, la irracionalidad de nuestros actos y las ganas que teníamos de estar cerca, de poseer, de hacerlo nuestro, vamos a ver con claridad que todo eso que sentíamos, lo sentíamos a nivel mental y corporal, pero no al nivel del alma, no al nivel espiritual (motivo por el cual las relaciones basadas plenamente en la atracción casi siempre terminan mal).
Un error muy común, que todos en algún momento de nuestras vidas cometemos, es el de confundir atracción con conexión. Es más, hemos llegado a creer que todas esas sensaciones y emociones que nos invaden cuando nos sentimos fuertemente atraídos hacia otra persona, son indicios de que existe una "conexión de otro mundo" y nos negamos a renunciar esa historia, lo cual nos estanca en muchos sentidos y no nos deja avanzar. Cuando la atracción nos supera, fantaseamos e imaginamos distintas posibilidades, pero nunca, o casi nunca, se nos ocurre contemplar la posibilidad de que todo eso que sentimos sea, en realidad, la manera en la que nuestra alma, nexo directo con nuestro espíritu, nos advierte que estamos en peligro o que algo anda mal y, sin embargo, lo es.
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