7 – Expresar gratitud
Expresar gratitud de manera
consciente ante todo lo bueno que hay en nuestras vidas tiene
consecuencias muy beneficiosas para nuestro estado de ánimo y también
sobre nuestra autoestima.
Realmente todos tenemos mucho para
agradecer. Cuando expongo esta idea frente a un grupo, siempre hay
alguien que plantea un caso extremo, generalmente imaginario, de una
persona a la que le han pasado cosas tan terribles que no tendría nada
para agradecer. No me refiero aquí a esos casos tan dramáticos, sino a
lo que nos pasa habitualmente a cualquiera de nosotros.
Si hemos
desarrollado el hábito de sentirnos insatisfechos por lo que nos pasa,
porque esperamos siempre más de nuestra realidad o de nosotros, este
estado de ánimo negativo puede llegar a convertirse en nuestra emoción
más frecuente. Y si vivimos disconformes con nuestra vida, finalmente
vamos a culparnos a nosotros mismos, vamos a sentirnos responsables de
llevar una vida muy por debajo de ese ideal que nos habíamos fijado.
Esta crítica es lo que nos hace mal, lo que afecta la imagen que
tenemos de nosotros, lo que daña nuestra autoestima. Pero la realidad de
cualquier persona puede ser reinterpretada de manera positiva.
Siempre hay mucho para agradecer, sobre todo cuando aprendemos a elegir
la interpretación que más nos conviene acerca de lo que sucede en
nuestras vidas.
Este ejercicio consiste, entonces, en agradecer.
Podemos hacer una lista por escrito de todas las cosas positivas que hay
en nuestra realidad o podemos cerrar los ojos y repasarlas mentalmente,
experimentando una profunda y sincera emoción de gratitud.
8 – Los “debería”
Cada uno de nosotros tiene un conjunto de cualidades y limitaciones,
está viviendo en un cierto entorno y relacionándose con determinadas
personas. Podríamos simplificar todo esto diciendo que así es nuestra
realidad en estos momentos.
Lo ideal es que podamos disfrutar de
nuestra realidad presente, tal y como es en estos momentos. Pero con
frecuencia experimentamos una serie de exageradas expectativas, que se
nos presentan en la forma de “deberías”. Son algo así como mandatos que
normalmente no revisamos y que nos fijan metas casi siempre
inalcanzables.
Probablemente la lista contenga “deberías” parecidos a los siguientes:
– Debería tener más ordenada y limpia mi casa.
– Debería hacer dieta y bajar de peso.
– Debería terminar tal o cual tarea postergada
Este ejercicio comienza con hacer por escrito una lista de todos los
“deberías” que podamos identificar. Y el desafío consiste en aprender a
querernos ahora, con todos esos “deberías” aún pendientes, sin que
hayamos podido resolverlos. Es esa profunda y sanadora emoción de amor,
estemos como estemos hoy, la que tanto estamos necesitando.
9 – Ser perseverantes
Como siempre que queremos hacer cambios importantes en nuestras vidas,
la perseverancia es muy importante. Un objetivo razonable sería dedicar
por lo menos veinte minutos diarios a practicar una o varias de estas
actividades. Lógicamente cuanto más tiempo dediquemos a estos
ejercicios, más rápidos serán nuestros progresos.
10 – Simplemente amarnos
Normalmente dedicamos mucho tiempo a pensar en lo que nos preocupa. Los
problemas suelen captar repetidamente nuestra atención a lo largo del
día. En cuanto tenemos un momento libre volvemos mecánicamente a pensar
en ellos.
No me refiero aquí al tiempo que podamos dedicar a buscar
posibles soluciones (esos pensamientos sí pueden ser muy productivos),
sino a la interminable sucesión de esos otros pensamientos que sólo
sirven para sostener la preocupación.
Quien sea capaz de observarse
con un poco de objetividad podrá comprobar que a lo largo del día casi
siempre tenemos alguna preocupación en la mente, muchas veces por
problemas insignificantes.
Entonces, si nos parece “natural” dedicar
tanta actividad mental improductiva a todo aquello que nos preocupa,
con las inevitables consecuencias negativas que esto tiene sobre
nuestros estados de ánimo… ¿por qué no podríamos hacer exactamente al
revés y tratar de sostener pensamientos positivos a lo largo de todo el
día?
Por favor, dejemos a un lado prejuicios y creencias que nunca
nos han servido y preguntémonos con toda inocencia: ¿Por qué no
podríamos comprometernos a destacar y a agradecer a cada momento lo
bueno que hay en nuestras vidas?
La propuesta es tratar de extender
las actividades propuestas en algunos de estos ejercicios más allá de
unos pocos minutos al día e incorporarlas a nuestros hábitos de
pensamiento cotidianos. Podemos empezar por practicar mentalmente una
sencilla afirmación positiva como “Me amo y me acepto tal como soy” cada
vez que nos acordemos.
En cualquier momento en que estemos
inactivos, esperando, viajando, etc., podemos identificar alguna cosa
positiva que haya a nuestro alrededor o recordar cualquier aspecto
positivo de nuestra vida, y simplemente experimentar gratitud.
Es
especialmente positivo expresarnos gratitud a nosotros mismos por cada
cosa que nos brindamos. Esto desde ya vale para cosas o situaciones muy
evidentes como un viaje de vacaciones o un auto nuevo. Pero es
especialmente importante convertirlo en un hábito y aplicarlo también
frente a esos gestos más cotidianos que normalmente pasamos por alto,
como prepararnos la comida o darnos una ducha caliente.
Cualquier
momento del día es bueno para hacer una pausa, aunque sea muy breve, y
experimentar amor incondicional por nosotros mismos. Simplemente amarnos
y agradecer…
La calidad de nuestra vida mejorará en todos los
aspectos, nos sentiremos felices e inspirados, seremos más creativos y
nuestras relaciones con los demás reflejarán nuestros progresos
internos.
Axel Piskulic
No hay comentarios:
Publicar un comentario