El amor verdadero no nace o aparece, se construye
Hablo de amor verdadero, pero de ese amor sin envoltorio, sin
artificios ni romanticismos. El auténtico y el que es capaz de perdurar
en el tiempo aportando una felicidad sincera, una cotidianidad
enriquecedora donde la pareja, puede crecer personalmente y en conjunto.
¿Existe el amor verdadero? Desde luego que sí, pero no debemos tener
como referencia el mundo del cine o de la literatura, estamos seguros de
que a tu alrededor, o puede que incluso tú mismo, lo estés viviendo. Si
es así, estamos seguros de que ya conoces el secreto: el esfuerzo, la
dedicación por construir día a día esa relación, ahí donde ambos
miembros son capaces de hacer equipo y aportar sus energías por igual.
Porque en ocasiones, el amor por sí solo no basta. No importa la
pasión, la atracción o ese sentimiento que nos ciega y nos desborda. Una
relación saludable necesita algo más que todo esto para ser auténtico y
perdurable.
El amor verdadero no necesita artificios ni se
sustenta en esa magia donde las cosas, salen bien porque “estamos
predestinados”. Obviamente, ello no quita que exista esa chispa donde la
casualidad, tuvo quizá gran parte de culpa de que dos personas se
encuentren, pero dejando el “halo de magia” a un lado, lo que
verdaderamente importa, es el día a día, ahí donde las pequeñas cosas,
edifican una auténtica relación.
¿Sabes qué otras dimensiones son las que construyen un amor verdadero?
Una buena comunicación, ahí donde la escucha sea sincera, donde se
pueda hablar de modo democrático, llegando a acuerdos. Las fuerzas están
repartidas y no hay perdedores, la balanza siempre tiende a
equilibrarse y los diálogos, son continuos. Y ojo, en una buena
comunicación también están presentes las discusiones, es algo normal y
donde es necesario ser sinceros. Recuerda que es importante no guardarse
o esconder nada, de lo contrario, más tarde, puede aparecer el rencor.
Apoyo y reconocimiento. Los dos miembros se respetan y se valoran con
autenticidad, reconociendo virtudes y defectos. No hay desprecios, no
hay ironías ni humillaciones, la consideración es muta y se permite el
crecimiento personal, a la vez.
El amor llega sin avisar. Primero
de manera eufórica, creando ideales y expectativas. Después, tras su
vuelta a la realidad, decide si quedarse contigo o por el contrario,
marcharse.
Así es el amor, caprichoso en sus comienzos, confuso
durante su crecimiento pero protector, cálido y seguro cuando se
construye desde la confianza, la comunicación, el respeto, la
autenticidad y el afecto. De hecho, si sus pilares no son estos, el amor
puede deambular entre la dependencia, el maltrato o el desprecio.
Cada relación humana es un mundo en sí misma que nace del encuentro de
otros mundos. La dirección que tome cada una dependerá de sus líderes y
del tipo de esperanza que alberguen en ella.
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