En la India se compara a la mente con un mono, pues siempre está en movimiento, inquieta, curiosa, saltando de un lado a otro.
Mediante
su continuo deambular, la mente consigue entretener nuestra consciencia
al dirigirla hacia los objetos externos, las cosas del mundo, o bien
hacia nuestros contenidos internos: nuestros pensamientos.
Otra
forma de secuestrar nuestra consciencia, solo que más poderosa, es
mediante el deseo. El deseo nos apremia haciéndonos sentir que algo nos
falta para estar completos, ya sea que se trate de un objeto, una
persona, o una acción a emprender. En estos casos, esta fuerza nos urge a
movilizar nuestros talentos y recursos en pos de una meta.
Y
es curioso observar cómo después de logrado el fin anhelado, en caso de
conseguir la complitud esperada esta lentamente se desvanece, dando
lugar a una nueva insatisfacción. Y entonces la misma sensación de falta
o de carencia nos compele nuevamente a actuar.
No
dudamos de la importancia de tener objetivos para mantener la mente
enfocada, ni del valor de fijarnos y lograr metas para progresar en la
vida, sin embargo, la promesa de complitud como resultado de alcanzar lo
que nos hemos propuesto, repetidamente se nos muestra ilusoria, ya que
ninguna meta lograda nos hace sentir totalmente satisfechos, ni plenos.
Y
al final siempre comprobamos que se trataba de una ficción, un “reto”
que nos pusimos a nosotros mismos -por absurdo que parezca- para
alcanzar la paz. Paz que, una y otra vez se nos muestra efímera.
Te
invito a meditar sobre el título de este artículo y a que intentes
“desear lo que tienes”, lo que ya es tuyo. Medita sobre ello.
¿Se encontrará allí una de las claves para la felicidad?
No es lo mismo el éxito, que siempre está asociado a metas, que la felicidad.
¿Habrá una forma en la que ambos se complementen de manera armónica?
Sin duda sería algo digno de alcanzar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario