Viene de la 2ª parte. Yo
siempre que voy a unos grandes almacenes o áreas comerciales, hago un esquema
mental del motivo por el cual voy, y lo que necesito, y también refresco en mi
memoria las necesidades mas apremiantes a cubrir con mis recursos, y estos
ejercicios los suelo hacer porque conozco el poder de fascinación que sobre mí
tiene mi niño interior, y cuando estoy dentro me olvido de mi situación real, y
siempre termino comprando alguna chorrada que después me ocupa un sitio en casa
y apenas o para nada la necesito, pero en el momento que la estoy comprando
parece que de ella dependiera parte de mi futura felicidad, y es debido a la
fantasía y poder de sugestión y fascinación que sobre nosotros tiene nuestro
niño interior.
Algunas de
las discusiones o rencillas que a veces tienen lugar entre nosotros y nuestros familiares,
vecinos y amigos, por cosas que carecen de la mas mínima importancia, pueden ser
protagonizadas por nuestros niños interiores, de hecho muchas veces habremos
dicho o oído decir: “se comportan como si fuesen niños” siempre discutiendo por tonterías sin
importancia, pero que duda cabe que una discusión es una discusión, y nada
bueno se puede desprender de ella, sobre todo cuando empiezan los
acaloramientos y las subidas de tono, y casi siempre se terminan pronunciando
palabras que dañan, y después aunque se reconozca que era una cosa sin
importancia, siempre queda algo que te dice: pero aquella vez me digo tal cosa,
y todas estas realidades obran en perjuicio de las relaciones.
Cuando
somos niños, hay ocasiones en las que requerimos la atención de nuestros padres
u otras personas, y si no nos atienden, montamos el numerito o la escena que
mas logros nos ha concedido, o fingimos que tenemos un dolor o una enfermedad,
etc., en definitiva, que utilizamos medios de presión para que el adulto deje
de hacer lo que está haciendo, nos dedique su atención, y nos conceda nuestras
peticiones.
En las etapas de adolescente, adulto, maduro anciano y alguna mas
si es que la hay, si a nuestro niño interior le dejamos libertad incondicional,
no dudará en utilizar aquellos medios de presión que en su día le daban buenos
resultados, y de hecho, yo creo que todos hemos protagonizado o presenciado
casos similares o parecidos al que acabo de hacer referencia, “y sigo
advirtiendo” ¡ojo al dato con el niñito que llevamos dentro! Por supuesto que
hay que quererlo y cuidarlo, pero también hay que vigilarlo y educarlo, si
pasamos del tema y se convierte en un niño caprichoso y mal educado y con total libertad, después es
a nosotros a quien nos toca aguantarlo, porque lo llevamos dentro y no nos
podemos desprender de él.
No solo
hemos de querer y cuidar al niño interior, de igual manera procederemos con el
adolescente, adulto, maduro, anciano, el carrocilla y el carcamal, todos forman
parte de nosotros, y todo nuestro cariño y atenciones es para repartir entre
todos, para que se sientan en familia y no se celen y se anden a pelear y a armar el conflicto.
Existen
algunos casos en la sociedad de personas que de alguna forma se niegan a
madurar, se encuentran muy cómodos en la niñez y no desean pasar página, esta
situación se puede agravar cuando los padres son excesivamente protectores y
intentan evitar que sus hijos realicen actos que conlleven algún tipo de
riesgo, al quererlos proteger tanto, les privan de vivencias y realizaciones
que forman parte de los procesos de aprendizaje y maduración, y el resultado es que son personas que
llegan a la edad de adultos, y son como niños grandes que siguen dependientes y necesitando que sus padres les
conduzcan de la mano por los caminos de la vida. Continúa en la 4ª parte. Saludos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario