sábado, 22 de marzo de 2025

LA INSEGURIDAD 1ª Parte (Por Emma Fernandez)

En mi opinión, en cada persona hay instalada continuamente una sensación de inseguridad, real o sin fundamento, que condiciona bastantes de las acciones o inacciones de la vida.
Desde que se nace nos acompaña en muchos o todos los momentos de la vida; rara vez uno se puede deshacer de ella, puesto que cada vez que hay que tomar una decisión importante o grave nos recuerda que está ahí, y nos crea un pequeño caos o nos desmoraliza.
Constantemente, ante las situaciones en las que no se tiene una experiencia previa, uno se pregunta lo mismo: ¿será esto lo que tengo que hacer?... ¿me callo o digo lo que estoy pensando?... ¿voy o no voy a ese sitio?... pienso que sí, pero siento que no, ¿qué hago?... ¿estoy seguro de esto o sólo es lo que creo?...
Con todas estas dudas que provoca la inseguridad, poco y con mucha dificultad se puede avanzar.
Hay muchos tipos de inseguridades, pero ahora no interesa tratar de cómo las encuadra la psicología, sino que interesa el origen de ellas, y ese conocimiento luego lo irá aplicando cada uno a su caso.
La esencia de la inseguridad es el temor ante el cambio. Si uno tiene seguridad, fuerza, y fe en si mismo, no teme a las situaciones nuevas que le procure la vida.
Si uno duda, teme cualquier cosa que le pueda suceder.
La inseguridad se produce cuando hay más de una posibilidad o más de una opinión probable. Uno puede estar seguro de que no llueve ahora, de que es varón, o de que hoy es sábado. Todo ello relativo y en función de unos acuerdos universales, porque “no llueve” aquí, pero seguro que está lloviendo en alguna parte del mundo; es varón, pero seguro que alguien instruido puede hacer ver que también se es hembra porque se llevan algunos de los cromosomas que se les atribuyen a ellas; es sábado según el calendario, pero también puede seguir siendo viernes en alguna parte del mundo o, según la hora de este sábado del ejemplo, empezar a ser domingo en otro sitio. Son cosas que, como he dicho, hemos aceptado en la totalidad del mundo y con ellas nos vamos entendiendo.
Pero cuando nos salimos de esas cuestiones casi matemáticas comienzan las inseguridades.
Cuando hablamos de sentimientos o de emociones, el sistema de base y medida es distinto; cuando hablamos de estar muy enamorados, no hay máquina ni metro que pueda indicar cuánto; si digo “quiero”, no sé si hablo de “amo” o de “deseo”; si me enfado o no hablo o no voy o aplazo una decisión… no sé si estoy haciendo lo correcto.
Debemos entender la inseguridad como parte de la existencia.
No rendirnos, sino saber que está ahí y nos va a seguir acompañando.
Saber que a pesar de ella hay que seguir viviendo, haciendo, pensando.
Saber que es una interferencia debida a una obligación que nos impusieron durante la educación de que todo tenemos que hacerlo bien porque si no, tras ello, hay un castigo, antes físico o psíquico, ahora moral.  Continua en la 2ª parte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario