El trabajo con el trauma no es lineal, rápido ni fácil.
Es el proceso profundo de devolverle seguridad al cuerpo, compasión a la mente y dignidad al alma.
Sanar no es olvidar.
Es reconocer lo que pasó sin seguir viviendo desde el miedo.
Es aprender a habitar el cuerpo sin sentir que es un campo de batalla.
Es cuestionar las voces internas que nacieron del abuso y no de la verdad.
El trauma fragmenta la identidad, desconecta la mente del cuerpo y distorsiona la percepción de uno mismo.
Por eso, la sanación requiere presencia, paciencia y acompañamiento seguro.
Requiere un espacio donde el sistema nervioso pueda bajar la guardia, donde las lágrimas sean bienvenidas y el silencio no sea peligroso.
Con el tiempo, los sobrevivientes comienzan a sentir que no son su trauma, que su valor no depende del dolor, y que la vida puede sentirse tranquila… incluso buena.
Porque el trabajo con el trauma es el arte de volver a casa dentro de uno mismo.
Vía: holisticloreesp
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