Cualquier historia mal contada que lastime a alguien, un día será aclarada con el tiempo. 
Porque la verdad no necesita gritar para existir, ni apresurarse para imponerse. Su ritmo es propio: lento, pero seguro. 
Hay quienes inventan versiones a su conveniencia, hablan desde el rencor, la envidia o la ignorancia. 
Crean relatos para justificar sus errores… pero las mentiras, por más que se repitan, nunca se convierten en verdad. Se desgastan con el tiempo hasta caer por su propio peso. 
No te desgastes intentando demostrar lo que otros no quieren entender. 
Quien quiere creer una versión torcida, la creerá.
Quien te conoce de verdad, no necesita pruebas. 
Y quien te juzga sin escuchar tu voz… no merece estar en tu vida. 
A veces, lo más valiente es guardar silencio, confiar en tu esencia y dejar que el tiempo haga lo que tú no puedes apresurar:
revelar, ordenar y limpiar lo que fue ensuciado. 
Al final, las palabras se olvidan, pero los actos hablan.
Las mentiras desaparecen, pero la verdad permanece.
Y la vida, silenciosa pero justa, siempre termina mostrando quién era quién. 
𝐅𝐞𝐥𝐢𝐳 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞! 
No hay comentarios:
Publicar un comentario