sábado, 31 de marzo de 2018

¿Y SI SOY PEOR DE LO QUE CREO? (Por Emma Fernandez)

¿Y SI SOY PEOR DE LO QUE CREO?
¿Y SI NO VALGO NADA?
En mi opinión, bastantes de los motivos por los que se aplazan una y otra vez los procesos de introspección y Autoconocimiento están relacionados con el miedo a la decepción, a que lo que se descubra esté por debajo de las suposiciones, y que el concepto que tenemos de nosotros mismos quede minusvalorado después de encontrarnos con la realidad que durante tanto tiempo hemos evitado querer ver.
El miedo a la decepción es enorme. Es posible que nos hayamos engañado aumentando nuestra propia tasación a base de repetir y engrandecer las cosas buenas que otros han dicho de nosotros mismos –en lo cual habrá colaborado gustosamente nuestro ego-, y es posible que nos repitamos a menudo esas cosas que nos gustan de nosotros, mientras pasamos a toda prisa y con los ojos cerrados por las otras, las que no nos gustan, esas de las que no nos sentimos nada satisfechos, aquellas que no quisiéramos que salieran nunca del secreto en que las hemos encerrado.
¿Y si lo que descubro en ese proceso de Autoconocimiento es que no me conozco nada, y que además lo poco que creía conocer no era cierto, y que lo desagradable desconocido supera con creces a lo poco que tiene algún valor?
¿Y si descubro que soy más ruin de lo que pensaba, más injusto de lo que quiero reconocer, y más desagradable en la realidad que en mi idea de mí?
¿Y si no valgo nada?
¿Y si lo que encuentro son solamente migajas, bisutería, falsificaciones, ruinas, un personaje ingrato, y que soy la mayor estafa del mundo?
A veces decimos: “Virgencita, que me quede como estoy”.
¿No es mejor quedarme como estoy, teniendo un concepto no muy elevado de mí, pero con el que me he acostumbrado a convivir y tolero como buenamente puedo?
Pues no, no es mejor. Si acaso, es la mejor mentira.
En el camino del Desarrollo Personal hay dos condiciones básicas irrechazables e innegociables: NO ESTÁ PERMITIDO AUTO-ENGAÑARSE (la sinceridad es primordial) y JAMÁS HAY QUE CONFORMARSE CON UN “NO LO SÉ”.
Si, en un ejercicio de sinceridad, llego a la conclusión de que soy peor de lo que creía, no es que me haya convertido por ese motivo en peor de lo que creía. ANTES de darme cuenta ya era tal como acabo de reconocer. Simplemente, acabo de descubrirlo, de destaparlo, de sacarlo a la luz de la conciencia.
Si es que uno es peor de lo que creía, el hecho de reconocerlo, si después acepta que en realidad es así, es un buen motivo para felicitarse, es una razón para la celebración, es el punto de partida válido para empezar a resolverlo.
Sólo se pueden empezar a enmendar las cosas cuando uno se da cuenta de ellas, cuando se reconocen y aceptan.
El hecho de haber comprobado que uno es peor de lo que creía no es motivo para que se baje la Autoestima de golpe y se enturbie la relación consigo mismo. Más bien al contrario, es motivo de orgullo por haber tenido la honradez y la valentía de reconocerlo. Se merece un aplauso y un abrazo: el abrazo más emocionante del mundo, el más acogedor, y el que más ánimo aporte.
Hay que entender esto: la diferencia que hay entre LO QUE UNO ES (la esencia y la naturaleza intrínseca de cada uno, aunque no se manifieste,) y LO QUE UNO ESTÁ SIENDO (que es un estado temporal, de este momento, o una manifestación puntual, y no es la propia realidad del Uno Mismo).
Es muy posible que uno, de verdad, no sea lo que está siendo.
Si está siendo, con sus actitudes o acciones, de un modo que no le es satisfactorio, el descubrimiento y reconocimiento de ello le va a permitir hacer las correcciones necesarias para acceder al que realmente es. Y, a quien tenga creencias religiosas no le costará ningún esfuerzo recordar que el Ser Humano es, por naturaleza, bueno y portador de todas las cualidades.
Los procesos de introspección o de Autoconocimiento han de estar presididos por una honradez intachable, por la propia dignidad como Notario, por el deseo inquebrantable de mejoramiento, por la voluntad sincera de encuentro con la propia naturaleza, y por la aspiración a contactar con la parte que es más que humana: la naturaleza divina y trascendente que también nos compone.
Nunca seré peor de lo que creía, lo que habrá sucedido es que habré comprobado que hay partes de mí que pueden ser mejoradas, acercándome más a esa perfección que puede haber en la esencia de la naturaleza Humana. Otro motivo de satisfacción por descubrirlo para poder resolverlo.
Insisto: No hay que tener miedo a lo que aparezca, sino que hay que ir con la esperanza de averiguar lo que hay en la parte desconocida –en ese espacio en el que presuponemos cosas negativas- y alegrarnos, sinceramente, cada vez que aparezca una.
Será en ese instante cuando nazca la oportunidad de empezar a ser, por fin y realmente, Uno Mismo.
Te dejo con tus reflexiones…
(Y si te ha gustado, haz el favor de ayudarme a difundirlo o marcar en ME GUSTA - LIKE. Gracias)
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

EL RESPETO.--(Por José Miranda)

Buenos días gentes, ¿Qué os parece el tema de hoy? Yo valoro que es muy importante, es uno de los apoyos centrales de toda relación, empezando por la de con nosotros mismos.
La capacidad de respetar que posee una persona, va en relación a su grado de conocimiento y evolución, una persona que no respete, su crecimiento moral, social, espiritual y en cualquier otro sentido, se verá muy limitado y solo puede alcanzar niveles muy básicos, situándose en muchas ocasiones por debajo del comportamiento animal, porque la mayoría de los animales respetan sus leyes y comportamientos diseñados por la Naturaleza según especies y razas.
El respeto es una de las asignaturas contenidas en la escuela de la vida, a respetar es algo que se aprende en la medida que vamos avanzando en el conocimiento y práctica del Amor, previo al respeto esta el valorar todo y a todos al margen de su naturaleza, pues todo cuanto existe cumple una función necesaria, y puede que imprescindible, dentro de los procesos de la Naturaleza y el Cosmos, aunque muchos de nosotros, que nos creemos muy inteligentes, sabios y hasta poderosos, pensemos y sintamos que no es así.
Nada ni nadie, es más importante que algo o alguien, simplemente es diferente y ocupa su lugar correspondiente, dentro de todo lo necesario para el buen funcionamiento de la propia Naturaleza, a la cual todos sin excepción pertenecemos, hasta el insecto mas insignificante cumple con una función específica y es merecedor de todo respeto, aunque muchos de nosotros opinemos lo contrario.
Es justo y necesario el tener consciencia del Amor y Sabiduría Universal, que más allá del pensamiento, sentimiento, concepto u otras formas, es la Fuente Creadora que dio causa y origen a todo lo que es, ha sido y será, en el tiempo y el espacio, y tal grandiosidad e inmensidad, está muy por encima de cualquier valoración o concepto que la mente humana pueda concebir, por estas y otras muchas rezones, posiblemente inexplicables a causa de nuestras limitaciones, tenemos que aceptar a todo y a todos como partes esenciales de la Obra del Creador, y también por eso hemos de conceder consideración, valoración y respeto a todo cuanto existe y forma parte de este nuestro mundo, o cualquier otra realidad que forme parte de la Madre Naturaleza.
Partiendo de esta realidad o principio, hemos de valorar y respetar a toda persona, animal, vegetal, mineral, cualquier forma de energía o frecuencia, etc. todo está por algo aunque nosotros no lo comprendamos o entendamos.
Todos sin excepción mostramos falta de respeto hacia algo o alguien, y la causa es que unos en mayor nivel, y otros en menor, todos somos aún ignorantes respecto a algo y egoístas, y nos sobrevaloramos a nosotros e infravaloramos a los demás, nosotros somos los mejores, aunque estemos dañando o estafando a los demás, se lo merecen porque ellos son los insignificantes y nosotros los importantes, ¡que aprendan y espabilen! Estas y otras formas de considerar, conceptuar, valorar etc. son muy populares en nuestra sociedad, locual demuestra que el concepto "respeto" no esta debidamente comprendido, y mucho menos asimilado, pero por eso estamos asistiendo a la escuela de la vida, para ir saliendo del túnel de la oscuridad y frialdad, y emergiendo en los verdes y floridos valles donde la propia vida es a su vez belleza y calidez.
Mañana continuaré porque hay mucho por decir. saludos.Si te ha gustado compártelo y ayudame a difundirlo.

jueves, 29 de marzo de 2018

LA MAGIA QUE ES SABER PERCIBIR (Por Emma Fernandez)

LA MAGIA QUE ES SABER PERCIBIR
En mi opinión, nos perdemos demasiadas de las cosas bellas, agradables, brillantes, o emocionantes de la vida, por algo tan elemental como es… no saber percibir.
PERCIBIR
Del lat. percipĕre.
1. tr. Recibir algo y encargarse de ello.
2. tr. Captar por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o
sensaciones externas.
3. tr. Comprender o conocer algo.
Me gusta contar que la primera vez que me duché en mi vida fue sobre los cincuenta años. Nunca antes me había duchado. Lo digo en serio. Hasta entonces, me había puesto a diario debajo de la alcachofa de la ducha, había llegado a notar que el agua estaba muy caliente o fría, la había regulado a mi gusto, y a partir de ahí lo siguiente era enjabonarme mecánicamente mientras pensaba qué tenía que hacer a lo largo del día, qué iba a desayunar, si encontraría mucho tráfico… sin darme cuenta, y en cierto momento -que no sé quién ni por qué lo decidía- cerraba el grifo, me enjuagaba el jabón, me secaba, y me ponía a desayunar mientras pensaba si tendría pocos o muchos asuntos que resolver en el trabajo, qué iba a hacer cuando regresara, las llamadas que tenía pendientes… cuando iba por el camino, en el coche, a veces me preguntaba qué había desayunado y no lo recordaba. Me pasaba lo mismo al llegar al trabajo, que si me preguntaba por qué carretera había llegado, o cómo había sido el tráfico, no lo recordaba.
A los cincuenta años, más o menos, en una ocasión, mientras me duchaba, tomé conciencia de mi cuerpo; al frotarme con la mano me entretuve en un bultito que me había salido, y entonces me fijé también en todo mi cuerpo, observé que era muy agradable al tacto, ¡había cambiado tanto desde que lo conocí!, y entonces me entretuve en mirarme las manos, las uñas impecables, el vello del dorso de la mano, lo marcado de las venas… pensé cuántas veces habían acariciado las yemas de mis manos, y a cuántas personas…tomé conciencia del agua resbalando por mi cuerpo, del salto que hacía al pasar sobre mi nariz, de mi cuerpo mojado entero…me froté con suavidad de nuevo todo el cuerpo y fui consciente de lo placentero, de las cosquillas apenas perceptibles de la esponja, del escalofrío que se me producía si me rascaba con la uña a lo largo de la espalda…ya lo digo: tuve conciencia de ducharme por primera vez en mi vida. Las veces anteriores fueron un asunto de higiene que despachaba sin darme cuenta.
Igual que desayunaba sin darme cuenta o conducía sin darme cuenta.
También me pasaba en otros casos, en los que era mi esposa quien me preguntaba: ¿Pero no te has dado cuenta de…?, ¿No te has fijado en...?
No percibía las cosas.
Me acuerdo de una canción de Serrat.
SI NO OS MOLESTA
Si no os molesta,
si puede ser,
me está royendo la angustia
de ir a recorrer las calles vestido con los cinco sentidos.
Os dejo al suplente en el espejo
y el patrimonio os lo presto,
que he de salir con urgencia,
si no os molesta.
Si no os molesta,
si puede ser,
tomaré los perfumes de este aguacero de otoño,
del ciego la punta de los dedos,
y del pan caliente, un coscurro;
del brote nuevo, lo que será,
del sexo, su último aliento,
y la claridad de la luna,
si puede ser.
Esta puta sensación de llegar siempre tarde,
de pasar por las cosas sin tocarlas,
de perder el tiempo tratando de hacer cosas importantes...
Antes de que el suplente grite: “Sálvese quien pueda”
me he hecho novio de la vida.
¡Vivan los novios!
Vamos a indagar lo que se conspira por ahí,
y por lo que suspira el recodo del río,
y lo que se murmura en los mercados,
y lo que el periódico no dice.
Si es necesario vivir y morir,
quisiera hacerlo a mi nombre,
por respeto a la especie...
Si nos os molesta.
Suficiente reflexión con esta canción como para pasar el resto del día, y excelente vivero del que pueden nacer grandes decisiones.
Percibir…con todos los sentidos en plenitud… mirar alrededor, sin interpretar… mirar sin cerebro y con corazón… con la percepción libre de condicionamientos y de rutinas… mirar con los ojos nuevos limpios de prejuicios… sin prisa… sentir…mirar sin una voz en la cabeza que llama a las cosas con el mismo nombre siempre… mirar sin conclusiones… ver, pero ver de verdad… descubrir… dejarse sorprender… reparar en las cosas, en las emociones, en los sentimientos, en todo lo que nos pase… verlo todo como si fuera la primera vez… notar con atención…levantar acta de cada impresión, sin comparar y sin explicar…
Ver la paz y la calma hasta en el romper de las olas enfurecidas…
Dejar que cada cosa sea lo que sea sin pretender cambiarla… Permitirse el entusiasmo ante cada cosa…
Darse el gustazo de la novedad en lo que ya se ha visto mil veces, pero de otro modo…
Percibir… captar… recibir…
Por cierto… ¿La próxima vez que te duches va a ser igual que las otras veces?, ¿O te vas a duchar de verdad por primera vez?
Y ya sabes que esto es para aplicarlo a todo, que eres listo.
Te dejo con tus reflexiones…
(Y si te ha gustado, te agradeceré que lo compartas o que marques ME GUSTA. Gracias.)
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

viernes, 23 de marzo de 2018

ME ALEGRO DE TENER UNA PESIMA MEMORIA (Por Emma Fernandez)

ME ALEGRO DE TENER UNA PÉSIMA MEMORIA
En ocasiones, nos empeñamos tanto en no querer olvidar una ofensa, o algo que hemos sentido como una ofensa aunque en realidad no lo fuera, que perdemos tiempo, energía, optimismo, y vida, en una inutilidad que además nos agrede por todos los lados y de todos los modos.
Nunca pensé que me podría ilusionar escribir esta realidad que he plasmado en el título. ME ALEGRO DE TENER UNA PÉSIMA MEMORIA. Tengo que añadir que “para ciertas cosas”.
Por ejemplo, para las ofensas. Me encanta olvidarlas. Me encanta.
Esta mañana me he encontrado con un ex vecino al que no veía desde hacía varios años. Le he saludado cordialmente y hemos estado hablando un rato para ponernos al día de nuestra situación actual. Todo ha ido bien, muy amables ambos y con una sonrisa puesta en la boca. Cuando nos hemos despedido, y mientras aún seguía relamiéndome por el bueno gusto que me había provocado el encuentro, me he acordado de que dejé de hablar a este vecino porque una vez me amenazó, y muy seriamente, porque decía que yo tenía la música muy alta de volumen en mi casa, cosa que no era cierta.
Aquella fue una discusión agria, y más que desagradable, y si le hubiera hecho caso a su incitación podía haber llegado a ser violenta. Pero hoy, al verle, no estaba presente nada de lo que pasó. Me ha alegrado que así fuera.
Este hombre con el que estuve hoy no tenía nada que ver con aquel de la discusión. Iba acompañado por su pareja y se le veía alegre, feliz, y cuando sucedió aquello justo acababa de dejarle su esposa y es evidente que no estaba en su mejor momento. Estaba muy susceptible –con razón- y pagó conmigo la rabia que tenía contra su esposa.
¿Qué hubiéramos ganado ambos si yo me hubiera pasado estos últimos años rememorando continuamente aquella situación, y guardando el rencor que me creó aquel día para que no se me olvidara nunca todo lo que sentí entonces por él?
Me alegro de que esta memoria mía sea capaz de guardar con cariño y cuidado los excelentes recuerdos que tengo de momentos preciosos y en cambio, y sin que me importe, sea capaz de perder los momentos desagradables que me produjeron otras personas.
Y me alegra en la misma medida ser capaz de permitir que se diluyan esos ataques a mi ego que yo entendí como ataques a mi persona. No ofende quien quiere, sino quien uno permite que ofenda.
Que el olvido haya hecho la labor de cargarse con la incómoda o dolorosa molestia que provocan las ofensas y sus sinónimos me libera de tener que estar arrastrando y padeciendo sus consecuencias. Comprender las razones o motivos de quien nos “ofendió” puede desmontar todo el drama que nosotros le hemos añadido, y nos puede permitir llegar a darnos cuenta del porqué.
En el caso de mi ex vecino se ve claramente que yo no era el culpable de su estado de ánimo, sino que fui la válvula de escape. Y aunque dirigiera a mí su rabia no era a mí a quien apuntaba sino a aquella esposa que le había abandonado.
Si uno se pone a revisar serenamente los momentos en los que ha jurado –real o simbólicamente- un odio eterno a alguien por las ofensas que otro ha cometido, y lo hace con ecuanimidad, desde la justicia imparcial, y también desde el punto de vista de la otra persona, desde su estado de ánimo y sus circunstancias, le resultará mucho más fácil comprender la acción del otro.
Es muy posible que aquel que nos ofendió, humilló, insultó, menospreció, o difamó, lo hiciera sin una intención tan grave como fue el resultado. Es posible que dirigiera a la persona equivocada su intención dañina, que estuviera obcecado por otro asunto y fuera de sí, que no supiera medirse, que su carácter sea desagradable, que lo que odie sea su vida o a sí mismo y no a nosotros –que fue contra quienes descargó su frustración-.
También puede ser que fuera muy consciente de su intención de hacer daño y que fuera su intención verdadera hacerlo, pero aún en ese caso se podría hacer un esfuerzo de comprensión y entenderle.
El caso es que quien arrastra un rencor de años, una rabia largamente acumulada, o un deseo de venganza más o menos oculto, en realidad se está haciendo a sí mismo un daño grave. El espacio que ocupan todos esos sentimientos desagradables podría estar ocupado por una comprensión generosa del Ser Humano y sus equivocaciones. El amor a los otros y a sí mismo podría ocupar ese mismo espacio.
La pregunta valiente, que se ha de hacer desde el corazón y el amor, desde el cuidado a Sí Mismo, desde el respeto que uno ha de tener hacia su propio bienestar, y el deber de preservarse de cualquier ataque a su estabilidad emocional, es esta: ¿Qué me aporta de positivo seguir así?
O también esta otra: ¿Para qué me estoy obligando a mantener este aire de ofendido?
Las respuestas, si cumplen el requisito de ser sinceras y de no estar descaradamente a favor del deseo de perpetuar el estado de ofendido, nos sorprenderán. No sorprenderá, tal vez, que la primera respuesta sea “Nada” y la segunda sea “Para nada”.
Y si las respuestas son estas, u otras similares, es el momento de pasar la escoba, de darle de comer al olvido, de ponerse una leve sonrisa en la boca y pensar algo parecido a “cuánto tiempo, cuánta energía, cuánto optimismo, y cuánta vida perdida con esto”.
Ya le digo: me encanta tener una pésima memoria que es tan sabia que no se entretiene con estas tonterías.
Te dejo con tus reflexiones…
(Y si te ha gustado, compártelo y me ayudarás a difundirlo. Gracias)
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

domingo, 18 de marzo de 2018

MI BIOGRAFÍA INTERIOR (Por Emma Fernandez)

MI BIOGRAFÍA INTERIOR
En mi opinión, hacemos algún que otro esfuerzo –sobre todo de cara a los demás- para tener una biografía personal de la que sentirnos más o menos orgullosos.
No lo podemos negar: nos gusta que los otros tengan un buen concepto de nosotros, que los otros nos miren bien y nos encuentren algo atractivo o interesante. Nos gusta alimentar el ego y que nuestra imagen y nuestra biografía tengan algo que decir. De eso modo creemos ser “alguien”.
Le prestamos menos atención, en general, a la biografía interior.
Y la auténtica riqueza y valor está dentro, y no fuera.
Lo que mostremos fuera, si es real y no fingido, será una manifestación de lo que hay dentro. Y dentro está lo que llamamos corazón –y no me refiero al órgano muscular- el amor, el espíritu, el alma, la esencia, la conciencia, lo trascendente… está todo lo transpersonal, lo que está por encima de lo que se ve -del cuerpo físico- , y eso es, sin duda, lo que refleja y demuestra nuestra auténtica valía.
La biografía interior no se escribe para mostrarla a los otros, sino que uno la escribe para sí mismo, si bien es cierto que los otros se verán beneficiados de lo que pongamos en ella.
La biografía interior es aquella donde aparece quien uno es de verdad. Lo mismo que uno escribe en su Diario y se sincera con él, así ha de ser con la interior. Aquí no se miente, no se estafa, no se enseña una cara que no es la verdadera. Sería poco ético, y un auto-engaño absurdo, decirse a uno mismo que es quien no es.
Es una biografía paralela a la que narra nuestros hechos históricos, la diferencia está en que aquí priman más los sentimientos que los hechos. Conviene tener en cuenta, eso sí, que este es un ejercicio, sobre todo, de VERDAD. La verdad prima por encima de cualquier otra cosa. Y aquí no va a escribir el ego –hay que prohibirle el paso- aunque no porque auto-halagarse pueda parecer un asunto del ego se va a dejar de reconocer la realidad de las cosas. Este es un sitio aparte del mundo, sólo le pertenece a uno, y sólo uno va a saber lo que hay escrito.
Así que si hay cosas buenas, se anotan. Todas. Sin ego. Simplemente es un reconocimiento de la verdad.
No hay duda de que somos lo que los otros ven, el cuerpo físico, lo externo, pero también somos lo que sólo está a nuestro alcance y disponibilidad: lo interno. Así como hay una Autoestima exterior, compuesta en gran parte por los éxitos sociales o materiales logrados en cualquier campo, hay otra interior, cuya manifestación más evidente es la paz y la concordia. Si uno tiene triunfos externos, los manifiesta con una especie de orgullo; si el triunfo es interno se manifiesta en forma de armonía y sosiego.
Se le puede llamar Autoestima y se le puede llamar Examen de Conciencia. A fin de cuentas es algo que no existe –pero existe-, que es etéreo, que es poco más que un lugar en el sentimiento, y tal vez algo que simplemente intuimos pero que al mismo tiempo lo notamos realmente aunque sin saber explicarlo exactamente. De lo que sí somos casi todos conscientes es de que hay “algo más”, sea lo que sea, que no es el cuerpo con el que nos identificamos.
Ese “algo más” interior también tiene sus inquietudes, de tipo espiritual o transpersonal, por eso, para su actualización y posible desarrollo, conviene seguir un proceso de Auto-conocimiento de lo que va más allá de la persona y de lo cotidiano.
Lo mismo que conscientemente nos preguntamos, por ejemplo, ¿Cuál es el sentido de mi vida?, sería igual de conveniente hacer la misma pregunta en el interior, ya que, sin duda, la respuesta sería distinta. En lo cotidiano, en lo mental, la respuesta es una, pero si se pregunta en el interior, a lo espiritual, la respuesta va a ser absolutamente distinta. Ambas tienen intereses dispares, y el mayor nivel de percepción de la pregunta puede aportar más matices a la respuesta. Es muy posible que en el segundo caso las respuestas no tengan ideas ni palabras, sino que sea un sentimiento de integración, de comprensión sin necesidad de explicación, y también es posible que sea un diálogo interior del que uno mismo no se dé cuenta, ni pueda asistir a él ni siquiera como espectador, pero se pueden notar los efectos. Algo cambia, uno cambia, y no se llega a saber el por qué.
Si uno se pregunta en el nivel consciente ¿Quién soy yo?, posiblemente sea el ego el primero en responder, ya que pensará que la pregunta va dirigida exclusivamente a él. Responderá un nombre y unos apellidos, seguido de un breve Currículum. Piensa que si lo repite muchas veces acabará convenciéndose de que es eso.
Las preguntas interiores han de ser del estilo de ¿Quién soy yo más allá del cuerpo, de mi identificación con un personaje, de lo que veo y toco?, ¿Quién soy yo espiritualmente?, ¿Quién soy, REALMENTE, yo?
Posiblemente habrá que descartar la primera respuesta que aparezca porque puede ser del ego, del personaje, que se entromete donde puede, así que habrá que esperar hasta que desaparezca la palabrería y lleguen las sensaciones y las percepciones sentimentales, o algo de una rotundidad insospechada que nos deje la sensación de haber encontrado la respuesta buscada.
¿Para qué estoy en esta vida? Esta también es una buena pregunta para depositar en el interior. Preferiblemente en una relajación o una meditación. Y si no se siente la respuesta silenciosa con claridad, se deja reposar y se vuelve a hacer otro día.
Son preguntas cuya respuesta no se espera de la mente, que no es destinataria de la pregunta, sino que van directamente al alma, que es quien puede comprender el sentido de la pregunta –y la necesidad vital de respuesta que implica- y quien va a dar una respuesta que reconforte o exija a quien la hizo.
La biografía interior, esa gran desatendida, debiera ocupar un lugar preponderante en nuestra vida.
Aún estamos a tiempo de escribirla.
Te dejo con tus reflexiones…
Más artículos en: http://buscandome.es/index.php?action=forum
(Y si te ha gustado, hazme el favor de reenviárselo a quien creas que le puede gustar o dale ME GUSTA - LIKE).
Buscandome - Índice
buscandome.es

sábado, 17 de marzo de 2018

¿PORQUE TENEMOS MIEDO A HACERNOS LAS PREGUNTAS IMPORTANTE? (Por Emma Fernandez)

POR QUÉ TENEMOS MIEDO A HACERNOS LAS PREGUNTAS IMPORTANTES?
En mi opinión, en el miedo a esas preguntas se esconde el miedo a no tener respuestas. Ese vacío asusta. Ese miedo impone. Uno piensa que si no encuentra respuestas está perdido, y ante el temor a enfrentarse a esa situación de pérdida prefiere evitar las preguntas y quedarse sin las respuestas.
Las preguntas importantes no son las mismas preguntas para todos. Cada uno tiene sus propias preguntas importantes. Cada escala de valores es personal e intransferible.
A veces nos atrevemos con las preguntas importantes. Y, para no ahondar mucho, para no hurgar en asuntos que nos pueden molestar un poco o mucho, nos conformamos con respuestas muy simples, que no comprometan mucho. Pero casi todas son mentiras o tan banales que no pasarían el control de la máquina de la verdad. Son parches para salir del apuro lo más indemnes posible. Así uno tranquiliza a esa parte de su interior que se atrevido a hacer la pregunta, que ha exigido una respuesta, dándole una cualquiera con la intención de contentarla y acallarla. Uno se puede auto-engañar si lo desea, pero donde se hizo la pregunta sigue existiendo la necesidad de contestación y no se va a conformar fácilmente.
Tanto consciente como inconscientemente evitamos las preguntas comprometidas, complejas, demasiado personales, y más aún si son emocionales, porque nos asusta enfrentarnos a lo que pueda conllevar el hecho de conocer la respuesta, ya que conocerla es algo que elimina la posibilidad de seguir en ese estado aparentemente tranquilo de no hacer por no saber qué hacer. Si uno sabe ya no puede alegar que no sabe.
Hay preguntas que asustan porque si la respuesta no coincide con la que nos gustaría o la que deseamos, puede ser fatal, así que… mejor evitarlas. Por ejemplo… ¿Qué pasaría si me pregunto si soy una buena persona y la respuesta cierta me hace ver que no lo soy, o que lo soy pero muy escasamente y solo en ciertas condiciones?, ¿Qué pasaría si me pregunto si mis amigos o la gente conocida me quieren de verdad?, ¿Qué pasaría si la respuesta cierta me hace ver que no me quieren de verdad, que no soy querido?, ¿Qué pasaría si me pregunto si soy realmente feliz y descubro que “realmente” no lo soy?, ¿Qué pasaría si descubro, de un modo innegable, que soy mi más grande enemigo?
Hay un miedo verdadero a pensar en qué va a pasar después con las respuestas que aparezcan.
Toda esta negación a atreverse con estas preguntas y afrontarlas es inconsciente en la mayoría de los casos, de hecho uno hasta llega a proponerse meterse en un proceso de Autoconocimiento, pero… a veces… cuando se llega a ciertos asuntos delicados… uno se pone en guardia y empiezan a aparecer misteriosamente excusas…se va desinflando el ánimo… se aplaza todo para otro momento…se presentan cosas a las que inexplicablemente se les da una urgencia que no tienen…
Hay casos excepcionales, por supuesto; hay personas que se meten en estos procesos de Desarrollo Personal, o en algún tipo de terapia con un profesional –que siempre ha de ser el mejor que se pueda conseguir- y saben que se pueden encontrar con muchas cosas poco agradables, que van a salir a la luz algunas que estaban muy bien escondidas en el olvido, y que se van a tener que volver a atravesar pasajes de la vida que no son nada placenteros, pero quien de verdad está interesado en hacer de su vida una vida satisfactoria vence el rechazo a implicarse profundamente, y sigue. Sabe que es un proceso por el que tiene que pasar si quiere conocer la verdad. Su verdad. Y piensa, con gran acierto, que la recompensa a todo el esfuerzo emocional que va a tener que hacer es encontrarse bien consigo mismo y para siempre.
Si uno quiere saber tiene que estudiar o tiene que preguntar. Si uno quiere saber de sí mismo tiene que te preguntarse a sí mismo. Si uno es sincero, claro. Si no se atreve, si elude la verdad y se autoengaña, si se niegas a reconocer lo que es innegable, si tiene miedo, si se rinde antes de que aparezca la respuesta… mejor entonces que cuente con el apoyo de un profesional que pueda encauzarlo. Hay que perder el miedo a acudir a un psicólogo y hay que desterrar esa vieja idea de que están sólo para los locos.
La mayoría de las veces las grandes preguntas tienen respuestas simples. Sus respuestas no tienen que ser filosóficas, de un elevado grado intelectual, aspirantes a frases célebres, ni rimbombantes. Tienen que ser entendibles, y estar al nivel de quien pregunta. ¿De qué serviría una respuesta elevada y pomposa si no es comprensible por la mente ni acogida en el corazón?
Y atención a otra excusa muy habitual: “No lo sé”. Las personas sinceras no deberían conformarse nunca con un “no lo sé”. Esa es una respuesta cómoda, un poco cobarde, de quien no quiere afrontar la verdad. “De verdad que no lo sé”. Sigo sin creérmelo. En la persistencia ante la respuesta, ésta acaba apareciendo. A veces es una respuesta leve, breve, nada impresionante ni del todo clarificadora, pero es la punta del iceberg. Detrás viene el resto. Paciencia. O hacer la misma pregunta pero de otro modo. No impacientarse. Aparecerá. Hay que confiar en que, aunque uno conscientemente no lo sepa, en nuestro interior se halla una sabiduría ancestral, y para acceder a ella sólo hay que dar permiso para que se abra la puerta y pueda manifestarse.
Y eso se consigue confiando en Uno Mismo.
Te dejo con tus reflexiones…
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

viernes, 16 de marzo de 2018

OLVIDA LOS ERRORES DE TU VIDA (Por Emma Fernandez)

OLVIDA LOS ERRORES DE TU VIDA
En mi opinión, cargamos de un dramatismo excesivo a los “errores” que cometemos a lo largo de la vida. A fin de cuentas, no son más que acciones que fueron –o que aparenta que fueron- desacertadas o equivocadas.
Y eso es casi inevitable. Dado que no nos educan expresamente para vivir y afrontar los inconvenientes que la vida conlleva, y que todos actuamos más con buena voluntad que con atinados conocimientos, la lógica hace que sean habituales los errores y los deberíamos entender como una parte del aprendizaje y nada más. Los niños se caen cuando están aprendiendo a andar y no pasa nada por eso. Ningún niño se traumatiza por sus errores a la hora de aprender a andar ni se pasa el resto de su vida reprochándose sus errores. Pero los mayores sí lo hacemos.
Lo útil de los errores está en el hecho de que si uno está atento a dónde estuvo el error y por qué ocurrió, y pone atención a partir de entonces, es muy posible que no se repita el mismo y es posible sacar un aprendizaje para otros asuntos similares. Y se acabó.
Lo que es contraproducente, autoagresivo, y del todo innecesario, es estancarse en el reproche por los errores, maltratarse por ello, declararse la guerra o una enemistad perpetua, denigrarse, bajar el nivel de autoestima, repetirse y recordarse miles de veces lo torpe que uno es, quedarse estancado en ello y no seguir adelante y con normalidad, o cometer el error de sobrevalorar los errores.
Lo que no veo nada interesante es que el hecho de cometer un error –que insisto en que es algo habitual y no debiera tener una gran trascendencia- sea el detonante de una mala relación con uno mismo, porque preservarse de cualquier tipo de agresividad y de una mala relación consigo mismo es un asunto primordial.
Partimos del supuesto de que aplicamos el principio de buena voluntad, o sea, que no hay mala intención ni para con uno mismo ni para con los otros cuando se comete un error, porque si hay mala intención en ello es más complicado de justificar la desproporcionada condena que generalmente se emite. Si uno actúa de cierto modo sabiendo que con ello causa un perjuicio, es lógico que después haya un arrepentimiento por lo hecho y que se considere un error en el sentido más peyorativo de la palabra. Pero si uno actúa y toma sus decisiones con la mejor de las voluntades –y esto sirve para todo- aunque después el resultado de esa acción no sea el que se deseaba, no ha lugar a represalias. El acto no ha de pasar de ser simplemente una experiencia que no dio el resultado apetecido. Y nada más.
No ha de ser el principio de una cadena de condenas, el inicio de una retahíla de regaños, ni un motivo que desencadene una depresión. Uno se equivoca, ¿Y qué pasa? Eso indica simple y claramente que uno es humano. Y como humano tiene derecho a equivocarse.
Dramatizamos demasiado los errores, por encima de su valor real de tasación justa, y lo hacemos a pesar de que ello se vuelve contra nosotros.
Ya sé que cuesta cambiar. No sé si es porque se despierta algún recuerdo que nos hace creer que cada error se merece un suspenso o un castigo, pero persistimos en repetir la misma rutina cada vez, a pesar de que vemos que de ese modo no aprendemos y que, aunque no queramos reconocerlo, se crea un distanciamiento con nosotros mismos y se crea una seriedad innecesaria en la propia relación.
¿Y qué de bueno se gana con ello?
Nada. Nada bueno.
Sí, estoy convencido de que hay que olvidar los errores. Una vez aprendida la lección hay que desembarazarse de ellos, procurando además que no dejen ningún tipo de huella atormentada.
Es más agradable tratarse a sí mismo con dulzura, con cuidado; comprender que no siempre salen las cosas como uno desea pero que eso no es motivo suficiente para borrar la sonrisa de la cara y el optimismo de la vida. Hacerlo así ayuda mucho, sin duda. A fin de cuentas, uno tiene que seguir consigo mismo el resto de su vida y es mejor hacerlo de un modo amigable.
El amor propio, o sea, el amor a Uno Mismo, es primordial y no hay que abandonarlo nunca, bajo ningún concepto, y en ningún caso.
Que así sea.
Te dejo con tus reflexiones…
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

NO TE OFENDAS TÚ, SI OFENDEN A TU EGO (Por Emma Fernandez)

NO TE OFENDAS TÚ SI OFENDEN A TU EGO
En mi opinión, tenemos tan poco claro quiénes somos, y estamos tan identificados con el ego, que cuando nos envían una ofensa que va clara y directamente al ego nos la tomamos como algo personal y reaccionamos como si nosotros tuviéramos algo que ver con eso.
A estas alturas de la vida ya todos sabemos que somos la unificación de muchas cosas que se agrupan en nuestra vida (En realidad somos una unidad que dividimos en porciones para comprendernos mejor, pero seguiremos con el supuesto anterior porque se hace más comprensible). Y nuestra vida la asociamos directamente a nuestro cuerpo, a este Aquí y Ahora.
Somos muchas cosas o creemos que somos muchas cosas: Espíritu, Alma, Conciencia, Cuerpos físico-mental-emocional-etéreo, Divinidad, Consciente-inconsciente, Mente, Inteligencia, Memoria, Personajes y Personalidades, Sentimientos y Emociones, Ego…incluso podríamos añadir nuestros estados emocionales o psicológicos casi como entes aparte. Todo esto nos crea una confusión tal que, en muchas ocasiones, nos lleva a perder la noción de quiénes somos realmente.
Cuando estamos “actuando” desde cualquiera de esos apartados podemos llegar a perder la noción de nuestra verdadera identidad y podemos confundirnos con quien esté actuando o manifestándose en ese momento, llegando a creernos que somos ese aspecto concreto de ese momento concreto.
A mí me parece, creo yo, opino, supongo… que quien realmente somos es aquel capaz de situarse por encima de todos los estados pasajeros, de un modo inafectado, sin perder la ecuanimidad ni la conciencia, que puede observar a quienes estamos siendo y darse cuenta de todo, pero simplemente como observador que se sabe por encima de cualquiera de los personajes.
No somos tristes porque estemos tristes en un momento concreto, ni somos el Místico en su Nirvana porque en un fugaz instante alcancemos ese estado, ni el desesperado porque lleguemos a vivir algo con desesperación, ni somos el inseguro porque algunas veces nos comportemos como tales, ni el inconsciente, ni el que está alegre por algo que le acaba de suceder, ni el que tiene inquietudes espirituales, entonces… ¿Quiénes somos?
Somos el o lo que es capaz de permanecer inafectado por todos ellos, sabiendo que son partes de un Todo, pero que ese Todo está por encima de las partes, y que ese Todo es Uno Mismo en su esencia.
Somos quien es capaz de darse cuenta de todos ellos uno a uno, separados, y es capaz de comprender la alteración de sus estados temporales, y es capaz de darse cuenta de que está por encima de todos ellos, y que su función es precisamente darse cuenta y aprender de todas las situaciones, y que otra de sus funciones es hacer notar a cada una de las partes las cosas en las que podría mejorar –si imponer, sólo sugerir-, y quien busca la forma de religar las partes en que se ha dispersado la humanidad personal.
Quien está en un Proceso de Desarrollo Personal y conoce la existencia del ego, y ha aprendido a darse cuenta de cuándo se está manifestando, cuándo se siente ofendido, colérico, orgulloso, o vengativo, ya sabe que es el ego quien siente esas cosas –y no el Uno Mismo-, por tanto no debería seguirle el juego y no debería hacer suyas y tomárselas como propias las “agresiones” que llegan de fuera, y debería limitarse a ver cómo se altera, cómo busca guerra o venganza, y mirarle con compasión, con una sonrisa serena natural producto de observar su alteración tan pueril, tan inútil.
No ofende quien lo desea sino quien uno autoriza para que ofenda.
La ofensa es un ataque directo al orgullo, así que la reacción es un indicativo de cómo se encuentra éste, y si uno se siente muy alterado por las ofensas es un buen momento para bajarle los humos, un bueno momento para inyectarse modestia, para bajarse del pedestal y pisar tierra, para revisar el concepto de humildad y franqueza, y verificar si la opinión que uno tiene de sí mismo está por encima de las opiniones de los otros a las que llamamos ofensas.
Es bueno estar preparado para la posibilidad de recibir en alguna ocasión alguna ofensa y cuando suceda valorarla en su justa medida antes de permitir que la maldad de otro haga blanco y nos hunda.
Si nos quedamos mal con las ofensas ajenas, en las que su principal ingrediente es la intención de hacernos daño, estamos colaborando con el otro para que consiga su objetivo.
Si nos quedamos desafectados, sin convertirla en importante -porque por sí misma no tiene importancia- estaremos demostrando al ofensor que no ha logrado su objetivo y el pretendido daño se volverá contra él.
No sé por qué pero todo esto me lleva a acordarme de una frase: “No pretendas caerle bien a todo el mundo ya que ni siquiera el mismo Dios lo ha conseguido”.
Te dejo con tus reflexiones…
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

viernes, 9 de marzo de 2018

LA INFELICIDAD (Por Emma Fernandez)

LA INFELICIDAD
Conviene no olvidar nunca esto: Tanto la infelicidad como la felicidad son una decisión personal. Uno puede dejar de ser infeliz en cuanto lo decida y haga lo que tiene que hacer para deshacerse de ella.
En mi opinión, tal vez no encaramos del modo adecuado la idea de infelicidad. Escribo “idea” porque la infelicidad realmente es solo una idea.
Es casi seguro que, visto objetivamente, se puede llegar a la conclusión racional de que uno tiene motivos más que suficientes para ser y sentirse feliz, pero si la idea que ronda nuestra mente es la de que somos infelices, la energía que se pone en eso suele ser tan intensa que creará, sin duda, una infelicidad artificial pero de poderosas y adversas consecuencias.
Las personas buscan libros y artículos que les hablen sobre la felicidad, pero se desatiende algo que es imprescindible conocer: la infelicidad.
El día 7 de febrero de 2016, cuando escribo este artículo, al teclear “felicidad” en Google aparecen 55.900.000 resultados, pero si se escribe “infelicidad” aparecen 614.000. Si se escribe en inglés, “happines”, aparecen 360.000.000 y si se escribe “unhappines” 7.590.000; si se escribe “feliz” son 283.000.000 y si se escribe “infeliz” 9.600.000 Podríamos deducir de este dato –que no es objetivo ni en absoluto determinante-, que a la gente le interesa más la felicidad que la infelicidad. Si piensa en títulos de libros, también se encuentran más títulos del estilo de “¿Cómo ser feliz”, que “¿Cómo dejar de ser infeliz?”.
Parece ser que a la felicidad no le permitimos alcanzar su plenitud mientras exista algo de infelicidad. O por lo menos, algo que uno sienta como infelicidad, ya que el hecho de tenerla como sentimiento hace que nuestra mente lo interprete como realidad.
Entonces… ¿Será que hay que hablar de infelicidad antes de hablar de felicidad?
Esto es una apreciación personal. Piensa en tu caso. ¿Te deshaces de las cosas que te hacen infeliz o te empeñas en querer sepultarlas con otras cosas que te hagan feliz? En caso afirmativo… ¿Sabes que estás intentando construir sobre un suelo que en cualquier momento va a hacer que se caiga tu construcción?
¿Piensas que si hay muchas cosas que te hagan feliz van a desaparecer las que te hacen infeliz? Supongo que tu respuesta es negativa. Lo sabes conscientemente, pero… ¿Lo sabe tu inconsciente?
Esto es difícil de medir, pero apostaría a que las cosas que te hacen infeliz tienen diez veces más de poder que las que te hacen feliz. Además, son más insistentes y más notables. Y, lo que es peor, producen sufrimiento.
A veces, uno se pregunta: ¿Por qué soy infeliz, si tengo un buen esposo, dos hijos cariñosos y buenos, un buen trabajo, una buena casa…? Y es difícil responder a la pregunta porque se hace en el sitio equivocado. Se le pregunta a la lógica y la lógica hasta puede darte la razón, pero… ¿De qué te sirve que te dé la razón? La infelicidad es un sentimiento, no es un asunto que se pueda racionalizar y por ello desaparezca.
Las cosas malas que tiene la infelicidad –que son muchas- son, sobre todo, que es absorbente, acaparadora, manipuladora, que lo abarca todo y con su influencia negativa hace desaparecer a la felicidad y lo tiñe todo de un gris sombrío. Y conviene ser muy conscientes de esto, pero que muy conscientes, porque en cuanto se instale esa idea en la cabeza se instalará al mismo tiempo un pesimismo que irá contagiando a todas las facetas de nuestra vida, a nuestro ánimo, apagará las esperanzas, destituirá a las sonrisas, y se instalará de una forma tan arraigada y poderosa que irá contaminando cada uno de nuestros pasos y todos los propósitos.
Se puede Ser Infeliz y darse cuenta, o Ser Infeliz y no darse cuenta.
En el primer caso, uno reconoce su infelicidad –con más o menos conflictos internos- y tras pasar el shock emocional que se produce cuando una acepta su infelicidad, empieza la parte buena y enriquecedora: uno tiene la opción de abandonar la idea de infelicidad para acceder en primer paso a la tranquilidad para, posteriormente, sacar de esa circunstancia toda la enseñanza que lleva y todo lo positivo que conlleva.
En el segundo caso, permite vivir en una burbuja muy aislada donde no entra el intento de resolver la situación o situaciones que condenan a esa infelicidad. Uno se apaga en su idea de que no tiene remedio y se hace sufridor profesional cualificado.
Conviene saber que la infelicidad es, casi siempre, una situación a la que conduce el ego, que no quiere aceptar la desgracia ni la suerte adversa, que no admite que en la vida no se cumplan todos sus deseos y que los sucesos del mundo no dependan de sus decisiones. Y es quien impone un estado de frustración que nuestra mente traduce como infelicidad, aunque no lo sea.
A las personas o cosas que producen infelicidad hay que verlas desde fuera, inafectados, como si fueran ajenas, para poder conservar la objetividad con la que se podrían desmontar todos los aspectos que colaboran en que uno se sienta infeliz.
Como la infelicidad es un estado mental, aunque uno sea real y objetivamente feliz, si se siente de ese modo tiene todas las posibilidades de acabar estando infeliz y sintiéndose como tal. Son ideas que no admiten un diálogo abierto en que se les pueda hacer ver su sinrazón, el daño que causan, y su inutilidad
Si uno desmenuza los motivos que cree que le provocan infelicidad y ve que no son concluyentes, o no es capaz de encontrar la razón entre los asuntos que revise, entonces es muy posible que sea un asunto espiritual.
Es muy conveniente –como en todos los casos- hacer muy bien la pregunta porque cada pregunta tiene SU respuesta, y si no se hace del modo correcto es posible que nos quedemos con una respuesta que no es la adecuada a la pregunta que nos interesa pero hemos hecho mal. No hay que preguntarse: ¿Por qué SOY infeliz?, ¿Por qué SOY un desgraciado?, sino que habrá que preguntase ¿Por qué me SIENTO infeliz?, ¿Por qué me SIENTO un desgraciado?
FELICIDAD e INFELICIDAD, como palabras, sólo se diferencian en el prefijo IN. Este prefijo siempre indica negación o privación. Infeliz, por tanto es “no ser feliz” o es “privarse de la felicidad”.
Infelicidad es, por tanto, la falta de felicidad. Pero se confunde habitualmente la infelicidad con la ausencia de felicidad plena por la falta de una resolución de nuestro agrado en un área concreta de la vida. Si no somos o no nos sentimos felices, entonces, lo interesante es averiguar cuál es la razón, el origen verdadero, y no ponerse a tratar de incorporar elementos que suponemos nos van a hacer felices porque no van a encontrar una situación que les acoja bien, ya que interiormente no existe esa situación. Es como cuando estás de mal humor y nada que te hagan te parece bien y ningún chiste te hace gracia.
Lo que pasa es que si no se tiene claro el concepto de infelicidad, o si uno es propenso a ella porque no sabe entender ese sentimiento, se puede equivocar –trágicamente y mucho- interpretando que es infeliz porque no encuentra un trabajo, su vida sentimental es deficiente, le falta su querida madre, un amigo le ha fallado, o es domingo y se van a mojar los planes previstos. Todo eso no son más que asuntos circunstanciales adversos, realidades que inútilmente no se aceptan, o carencias en un solo y específico área de la vida. Lo contraproducente es hacer lo que se hace habitualmente: si falla un aspecto de la vida se le da un valor desmesurado y nos obnubila de tal modo que llegamos a ser capaces de englobar todos los otros asuntos que nos van bien, y el propio concepto de ser y saberse feliz que uno tiene, en la afirmación equivocada de “Soy infeliz”.
No es cierta la afirmación de “Soy infeliz”. Simplemente, alguna cosa no ha salido como yo deseaba o fantaseaba. Puedo sentirme triste, incómodo, decepcionado, enojado, o frustrado en un aspecto… pero no “Soy infeliz”.
No hay que confundir los términos. Repito: si yo me digo a mí mismo que “Soy infeliz”, acabaré creyéndomelo y actuando como tal. Eso implica que mi carácter abandonará la objetividad para pasar a verlo todo a partir de ese pensamiento con el tinte negro de la infelicidad, y todo –hasta lo más nimio- comienza a ser una tragedia; la mente se centra en la tragedia y se olvida que ese “lo que sea” sólo representa un pequeñísimo porcentaje en el conjunto de cosas de nuestra vida.
Que la infelicidad no te impida ver la felicidad que sí tienes. Que no la minusvalore. Que no la hiera ni la borre. No hay que permitir que el hecho de que una cosa no suceda del modo deseado se convierta en infelicidad –porque no lo es- y que posteriormente eso malogre el resto de felicidad que uno siente y es.
Una de mis palabras favoritas en los procesos de Desarrollo Personal es esta: Preservarse. Ponerse a salvo. Protegerse. Resguardarse de algún daño o peligro. Cuidarse. Crearse el mecanismo y la atención que se necesitan para que no afecten negativamente las cosas que nos suceden.
Algunas de ellas son inevitables y no es correcto darles el poder y el permiso para que nos agredan. Se malogran algunas cosas y algunos proyectos, y eso es y hay que aceptarlo como “normal”. Podía suceder y sucedió. Estaba en la parte de las previsiones que preferimos obviar. Y eso hay que tolerarlo sin objeciones, sin que sea una catástrofe de proporciones desmesuradas y sin pataleta, ya que no es correcto dejar nuestra estabilidad emocional, y nuestro sentimiento de felicidad, en las manos de la posibilidad de que el azar o las situaciones nos provean de algo indeseado.
Es conveniente quitarles el poder a las cosas que nos suceden, para que no se convierta en infelicidad lo que simplemente es una frustración. De la vida hay que esperar cosas sensatas y no irrealidades, y es más adecuado no confiar plenamente en las utopías. Los sueños, sueños son.
En la vida pasa lo que pasa y no siempre lo que uno desea que pase.
Te dejo con tus reflexiones…
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

jueves, 8 de marzo de 2018

ACLARACIONES (Por Emma Fernandez)

APRENDER, APREHENDER, ENTENDER, COMPRENDER
En mi opinión, cada uno de estos asuntos son distintos aunque nos empeñemos –incluso el diccionario en algún caso- en darles un tratamiento similar.
Disculpa que insista en pretender una diferenciación pero, para mí, la interpretación es distinta, y me gusta que sea distinta.
APRENDER es adquirir conocimiento, lograr saber algo de memoria y poder recordarlo y repetirlo, sin elaborarlo, sin sentirlo, de un modo impersonal que no afecta, aunque no se entienda lo que se ha aprendido, y puede hacerlo cualquier persona con buena memoria.
En cambio, APREHENDER es asimilar inmediatamente, llegar a reconocer de un modo que no requiere la explicación racional y ni siquiera pasar por la mente; es sentir como una voz insonora dentro que dice “eso ya lo sabía yo”, integrarlo dentro de uno mismo, saberlo propio, y utilizarlo continuamente, como parte intrínseca de uno mismo.
En mi opinión, lo que se aprende no forma parte de uno y sólo se aplica y es útil cuando el pensamiento y la atención están pendientes de ello, y lo que se aprehende pasa a formar parte de la naturaleza de uno, o de sus principios y valores.
Donde yo veo la diferencia es que en APRENDER no hay implicación, es mental, sin aportación personal, y tiene vigencia solo durante el tiempo exacto en que mentalmente se le presta atención, pero en el momento en que la mente se ocupa con otra cosa desaparece y desaparecen los efectos que pudiera ocasionar.
En APREHENDER hay integración, unificación, está el hecho de impulsar algo que ya estaba dentro de uno pero necesitaba una voz externa que lo activara sacándolo del letargo.
Lo que se aprehende ya no se suelta, mientras que lo que se aprende se puede llegar a olvidar.
ENTENDER–en mi interpretación- es tener una idea clara de las cosas en el nivel mental, es tener información, incluso es poder deducir a partir de ese entendimiento, pero COMPRENDER es integrar, es incluir algo dentro de uno de modo que eso que se comprende forme ya parte indivisible de uno; no es algo que se queda en la mente: es algo que penetra en todo hasta llegar a la esencia de uno, donde se aloja ya definitivamente.
A veces, se aprehende y se comprende directamente, y es lo más efectivo.
En otros casos, es necesario reflexionar –que es más que pensar- y no con la mente, sino con el corazón; no se trata de “qué se piensa” sobre algo, sino “qué se siente” sobre algo.
Se reflexiona desde la objetividad, desde la desidentificación con el objeto de reflexión, desde la imparcialidad… al mismo tiempo que se le hace caso a las aportaciones de una sabiduría innata de la que todos disponemos… hasta los más escépticos.
APREHENDER en vez de APRENDER.
COMPRENDER en vez de ENTENDER.
No es solo un asunto semántico: se trata de aplicar atención a las cosas, de atenderlas con la dedicación que requieren y merecen, de implicarse en la vida, de atravesar la superficialidad, de darle integridad e intensidad a nuestra existencia.
Y eso se consigue aprehendiendo y comprendiendo.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, inscríbase aquí:
http://buscandome.es/index.php?page=59
Si le ha gustado ayúdeme a difundirlo compartiéndolo.
(Más artículos en http://buscandome.es/index.php?action=forum)

lunes, 5 de marzo de 2018

FRASES SIGNIFICATIVAS (Por José Mianda)

Hola gentes, hoy he escuchado de una persona dos frases que me han gustado y son:

NO TE PREOCUPES POR COMO VAS A MORIR, PREOCUPATE POR SABER VIVIR.


ERA TAN POBRE, TAN POBRE, QUE SOLO TENÍA DINERO.

domingo, 4 de marzo de 2018

MAMÁ EN LA PLAYA (Por Emma Fernandez)

MAMÁ EN LA PLAYA
Predominan el azul intenso del cielo
y los indefinibles colores del mar.
La playa, en cambio, es de un tono aburrido, anodino.
El único sonido que no es de olas
proviene de un niño pequeño que corretea por la orilla.
Su madre es una atenta torre de vigía
cuya sonrisa explica su estado de felicidad.
El niño, único habitante en su mundo,
es el compañero de juegos del mar
en ese venir y volverse, y regresar y retirarse,
y llegar y morir;
ser primero ola y luego agua en fuga,
ser ola que ataca y luego escapa como asustada
por el pisotón inocente del niño
que parece no tenerle miedo.

Se gira y mira a su mamá,
que es un espejo que le devuelve la sonrisa.
Cuando sea un anciano y pise otra ola
se girará buscando eternamente a su mamá.
Francisco de Sales
(Más poesías en www.franciscodesales.es)
Obras Francisco de Sales
franciscodesales.es

¿ES MEJOR SENTIR O PENSAR? (Por Emma Fernandez)

¿ES MEJOR SENTIR O PENSAR?
En mi opinión, este es un asunto complicado desde el principio porque hay muchas personas que no son capaces de distinguir cuándo están sintiendo y cuándo están pensando.
Y tiene hasta una cierta justificación, porque hay falta de costumbre en eso de sentir sin más, sin distraerse en tratar de explicar lo que se está sintiendo, por ese mal hábito de ponerle definiciones o explicaciones a todo para que la mente se queda tranquila.
La mente, para auto-reafirmase en su propia valía, para no perder la posición de poder y de indispensabilidad que nos ha hecho creer que tiene, y para hacernos creer que es imprescindible que todo esté etiquetado, se empeña y consigue inmiscuirse hasta en los sentimientos; por eso es por lo que, a veces, no distinguimos si sentimos o pensamos salvo en los casos que claramente podemos huir de su vigilancia y dictadura.
Conseguimos esquivarla en las relaciones sexuales –si estamos a lo que hay que estar y no estamos pensando en las tareas que hay pendientes para cuando acabemos-, también en los momentos místicos –si nos los permitimos-, en alguna meditación o relajación –si están bien hechas-, y, sobre todo cuando conseguimos embelesarnos extasiados con algo. Hay puestas de sol que nos hacen olvidarnos hasta de quiénes somos y dónde estamos, hay compañías que nos atrapan tanto que no dejan lugar a la mente, o hay momentos en que uno juega con su hijo y se sumerge en el juego y en la atención a ese aquí y ahora de tal modo que no queda espacio para nada más. Pero son casos excepcionales.
Lo común es que todo sea organizado, dirigido, y controlado, por la mente. Y lo común es que esa mente no esté des-condicionada y que todas sus elucubraciones nazcan contaminadas por el caos que tenemos en el inconsciente.
Yo defiendo y recomiendo con mucha intensidad que muchas cosas se hagan con y desde el corazón. Que se sientan. Que se lea desde el corazón para comprender y aprehender, y comprender no es solamente entender sino integrar en uno mismo y esto último es lo que se ha lograr conseguir.
Opino que lo que se trata en o desde la mente siempre es un poco aséptico, se deja ahí para usar pero no siempre se usa, porque las cosas que están solamente en la mente y no se ha integrado en uno mismo sólo actúan cuando se piensa en ellas, o cuando nos acordamos de ellas, pero no siempre y continuamente.
Propongo perder el miedo a los sentimientos y a las emociones, y dejarse afectar por ambos, dejarse empapar, permitir que hagan el efecto que corresponda en el lugar que corresponda –hasta las que son dolorosas-, y después, una vez que se han vivido plenamente, es cuando se pueden tratar de entender con la mente, desde la parte del cuerpo o la vida que se ha visto afectada; entonces se le puede poner palabras, porque no es posible hacerlo al contrario: cosificar los pensamientos primero, dándoles forma y sentido en la cabeza, y pretender exportarlos después a los sentimientos, porque el idioma de la mente es absolutamente ininteligible para los sentimientos.
El corazón comprende los sentimientos pero no comprende las palabras que intentan definirlos.
Al margen de que intentar hablar de sentimientos con la limitación de las palabras y con la inexperiencia de los humanos de hacerlo con libertad y de recibirlos en libertad…es una tarea difícil.
Hace tiempo que defiendo que los sentimientos que se pueden definir dejan de ser sentimientos para convertirse en definiciones. Y cada día lo creo más y con más convicción.
Hay que acostumbrarse a andar por el mundo de los sentimientos sin red. Ya sé que suena a disparate y que es muy difícil de aceptar, pero es lo que siento en este momento de mi vida. Al mismo tiempo, y sin que sea contradictorio, defiendo que hay que preservarse –ponerse a salvo-, pero me refiero a preservarse de quedarse estancado y lamiéndose las heridas tras las caídas sentimentales o personales y sus correspondientes molestias.
Opino que no se han de negar los sentimientos y su influencia –ya que somos animales sentimentales- porque todos aportan crecimiento y la posibilidad de un autoconocimiento más profundo; me parece que una vida plana –sin altibajos sentimentales- es una vida incompleta, y que son más importantes los sentimientos que los pensamientos. Si uno recuerda los momentos emocionantes que ha tenido en su vida es posible que no recuerde las palabras de entonces –fueran buenas o malas- pero es seguro que recuerda los sentimientos que produjeron.
Pensar es para cuando hay que pensar, y siempre de un modo consciente y dirigiendo a la mente, nunca dejándola por su cuenta y recogiendo después sus divagaciones como si fueran nuestras.
Sentir es para todos los momentos. De ello se alimentan el espíritu y el alma, y con ello se engrandece y reafirma el fondo esencial del que surgimos.
Hay que recordar que las palabras son frías y sin vida, y que es uno mismo a través de sus sentimientos quien les da vida, quien permite que desagraden y enfurezcan o que conmuevan y emocionen.
En la mente se instala la frialdad, en los sentimientos se asienta la vida.
Sentir… pensar… cada cosa tiene su momento y su espacio, y no conviene negar lo emocional pero tampoco dejar que intervengan los sentimientos en los asuntos que son inequívocamente racionales. Hay que ejercitarse en saber discernir cuándo una cosa, cuándo otra, cuando una alianza de ambas, y hay que saber imponerse para que una no se inmiscuya en los asuntos de la otra.
La vida es un continuo aprendizaje y esto conviene aprenderlo bien. Quien no maneje estas dos posibilidades con claridad, pero sí padezca sus consecuencias, le conviene prestarle atención y clarificarlo.
Te dejo con tus reflexiones…
Más artículos en:
Buscandome - Índice
buscandome.es

viernes, 2 de marzo de 2018

LA REALIZACIÓN PERSONAL ES LA NORMALIZACIÓN (Por Emma Fernandez)

LA REALIZACIÓN PERSONAL ES LA NORMALIZACIÓN
En mi opinión, si hacemos una encuesta sobre la idea que tiene cada uno de sí mismo en cuanto a si considera “que realmente está siendo él mismo”, el resultado sería que la práctica totalidad de las personas tienen el convencimiento –o por lo menos la intuición- de que no están siendo naturales, que no son espontáneamente puros, y que tienen frenos y condicionamientos por todas partes –aunque generalmente no serán conscientes del motivo de ellos-.
Casi todos piensan que no son “normales del todo”, que son unas personas –en realidad quieren decir “personajes”, pero no tienen ese concepto claro- que no terminan de ser “redondas”, que les falta algo y es un algo que no saben explicar, porque es como una parte vacía dentro de uno, mientras que al mismo tiempo son conscientes de tener departamentos cerrados a los que nunca han podido acceder pero que tienen que estar llenos de Sabiduría o de las claves del sentido de su vida. Un poco complicado para explicarlo, pero el sentimiento de confusión está ahí… y afectando.
Casi todos sabemos que tenemos que resolver asuntos internos desconocidos que nos afectan, cosas sin resolver que vamos aplazando continuamente, problemas que se han estancado porque no somos capaces de encontrar solución… y nos conformamos con dejarlos aparcados –padeciéndolos pero sin hacer algo por resolverlos- o pretendemos enviarlos directamente al olvido creyendo, ilusamente, que el olvido se lo puede tragar todo.
Realizarse como persona es, más o menos, llegar a cumplir o desarrollar por completo las aspiraciones, los deseos, las posibilidades, y, además, sentirse satisfecho y orgulloso por ello.
A mí me gusta añadir que realizarse es… hacerse realidad.
O sea, lograr que todas las potencialidades que traemos como seres humanos, que todas las virtudes y cualidades de las que disponemos, que todo eso que es nada más que un proyecto cuando nacemos, acabe convirtiéndose en una realidad.
Si somos conscientes de lo expuesto anteriormente con respecto a frenos y desatenciones, y si además añadimos el gran desconocimiento personal en que vivimos, la falta de información y educación para afrontar la vida y cuanto nos sucede en ella, lo patosos que solemos ser en el manejo de los sentimientos y las emociones, y la inexperiencia desde la que nos movemos, es lógico que la suma de tantos inconvenientes dificulte el acceso a esa tarea de realizarnos.
Realizarse, entonces, parte de deshacerse de lo impuesto, de lo añadido artificialmente, de lo que no somos aunque estemos actuando como si lo fuésemos, de los estorbos, de lo caduco, de las trabas y condicionamientos… es desintegrar todo lo superpuesto y lo falso.
Realizarse, por tanto, es eliminar lo que no es de verdad, lo que nos han inculcado en contra nuestra, lo ajeno que llevamos en las espaldas y en el corazón, y los personajes que interpretamos convencidos de que somos nosotros en realidad.
Realizarse, en fin, es la normalización.
Es regularizar y poner orden y claridad donde no hay.
Es buscar hasta encontrarse y sacar a la luz la esencia de quienes verdaderamente somos, y luego llevar esa esencia hasta la plenitud.
Es deshacer lo mal hecho, eliminar lo inútil, romper lo que no somos, desobedecer lo que no queremos obedecer... es normalizar lo anormal que hay en nuestro modo de actuar, de vivir, de pensar…
La Realización Personal consiste en concordar lo que realmente somos en esencia con lo que estamos siendo en presencia. Lo que somos con lo que mostramos y demostramos.
Y esta es la tarea primordial del Ser Humano. Activar todas las potencialidades inherentes en nuestra naturaleza, desarrollar nuestro potencial, y culminar, realizándola, esta obra pendiente desde nuestro nacimiento de convertirnos en un Ser Natural, Puro y Libre. En quien de verdad somos.
Esta es tu tarea. Tu ardua pero ineludible y –a corto y medio plazo- satisfactoria tarea: dejar de ser el que no eres y ser el que sí eres.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
Si le ha gustado ayúdeme a difundirlo compartiéndolo.
(Más artículos en http://buscandome.es/index.php?action=forum