“Nos resultaría mucho más fácil olvidar las cosas desagradables si no insistiésemos tanto en recordarlas”.
En mi opinión, todos llevamos en nuestro interior a un protestón
infatigable, a un terco muy testarudo y a un masoquista empedernido.
Ahí están. Cada uno de ellos tratando de ser el mejor en su profesión, y
tratando por tanto de jorobarnos la vida como mejor saben hacerlo. O
sea, estropeándonos la vida.
El protestón protesta
incansablemente por aquello que pasó o por aquello que nos hicieron; el
terco insiste y persiste machaconamente en recordarlo; el masoquista se
regodea en ello disfrutando…y la realidad es que es uno mismo quien
padece los inconvenientes.
En general, estamos bastante
desorientados acerca de cómo manejar los asuntos que sería mejor
olvidar, y que erróneamente no queremos olvidar –aunque nos perjudiquen y
nos duelan- y aquellos en los que insistimos obsesivamente porque no
los queremos olvidar por puro y desacertado masoquismo, o los que el
rencor y el odio nos impiden olvidar…
COSAS QUE SERÍA CONVENIENTE OLVIDAR
El paso del tiempo no siempre se lo lleva todo, pero se puede enviar al
olvido todo lo que se quiera siempre y cuando uno se convenza a sí
mismo de que eso es lo mejor –o, por lo menos, lo adecuado-, que
previamente se despida de ello del modo correspondiente –si es necesario
se le hace un duelo-, y que se dé permiso para permitir que se diluya
para olvidarlo poco a poco.
El rencor y el odio son nocivos.
Somos nosotros quienes padecemos sus efectos y no aquellos a los que
guardamos rencor o aquellos hacia los que sentimos odio. Ellos siguen en
su vida, inafectados por nuestros pensamientos, mientras que nosotros
padecemos una sensación o una situación de angustia, una desazón, un
enfado, o un desasosiego que nos impiden vivir con normalidad y
tranquilidad.
Anclarse en esos sentimientos es del todo
contraproducente. Nos condena a pasarnos una parte de la vida
padeciendo. La misma parte de la vida que podríamos pasar disfrutando
ese presente u orientando nuestra vida hacia un mejor futuro.
Aquellos que nos hicieron daño o que nos produjeron dolor no siempre son
culpables de lo que hicieron. Se requiere una gran dosis de
comprensión, una capacidad muy desarrollada de amar (no necesariamente a
quienes nos causaron el mal), una fe en que todo forma parte de un Todo
Superior y que hay cosas que tienen que pasar “porque tienen que
pasar”, y con este aparentemente insuficiente y casi absurdo
razonamiento hay que seguir adelante.
“La comprensión lo resuelve casi todo” escribí hace tiempo. Y hoy sigo convencido de ello.
Hay cosas que sería conveniente olvidar porque su presencia continuada
en nosotros, y sobre todo su influencia, son perjudiciales, nos estancan
en nuestro proceso de Desarrollo Personal, nos impiden alcanzar lo que
estamos capacitados para alcanzar, y nos genera una dolorosa sensación
de estancamiento que no sabemos a qué achacar.
En el caso de que
haya sido uno mismo quien ha causado un mal o un dolor en otra persona,
los pasos adecuados son: remediarlo si es posible, hablar con la otra
persona y manifestarle nuestro sentimiento, comprenderse uno mismo
(“perdonarse” para los que lo entiendan mejor de este modo), o hacer un
trabajo personal en el que se reconozca lo que se ha hecho y se envíe
Luz y Amor a esa misma persona.
COSAS QUE NO ES NECESARIO OLVIDAR (y es recomendable no hacerlo)
Todos tenemos algún momento feliz en nuestra vida, y esos momentos son
tesoros que conviene salvaguardar y recurrir a ellos cada vez que se
desee.
Nos proporcionan amor hacia los otros, o amor propio y
auto-estima; nos reconfortan, nos provocan una sonrisa o un estado de
paz; nos hacen sentirnos bien y ver la vida de mejor modo.
La
única precaución que hay que tener en estos casos es la de no dejarse
afectar por un sentimentalismo triste porque se note que pertenecen a un
pasado que ya no existe –ni existirá de nuevo-. Pasó. Estuvo bien. Y
hay que sentirse afortunado porque uno participó en ello. Y no hay que
sentirse triste porque sea irrepetible.
La vida, para ser bien
vivida, requiere mucho de aceptación. Aceptar que todo pasa y que
nosotros mismos pasaremos. Que la vida es un regalo con fecha de
caducidad. Un hermoso regalo que hay que disfrutar en plenitud, con toda
la atención puesta en todos los segundos.
Lo que pasó y fue
bello, y dejó un poso agradable, y provocó amor o felicidad, y nos
emocionó del modo más conmovedor, más enternecedor, más apasionante,
hasta provocarnos lágrimas de éxtasis al recordarlo, es algo que
conviene mantener latente, vivo, y evitar que se diluya en el olvido.
Pero aquello que nos perjudica, que nos estanca, que nos frustra… mejor
dárselo de comer al olvido y que no vuelva. Y si vuelve, que sea sin
traer amargura.
Tal vez lo mejor en la vida sea sentirse en paz
con uno mismo y en armonía con la conciencia. Y si para ello hay que
olvidar algunos asuntos… fomentemos el olvido.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí:
http://buscandome.es/index.php?page=59
Si le ha gustado ayúdeme a difundirlo compartiéndolo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario