Lo confieso: he leído mucho. No sé si demasiado, pero sí una cantidad que ahora me parece más de lo necesario.
He leído siempre desde la cabeza, acumulando información, con la intención de saber.
Pero “saber” en el sentido de poder repetir literalmente lo que había leído.
No niego que algunas cosas se me han escapado de la cabeza y se me han ido al corazón.
Ahora, leer un libro, o simplemente un artículo, me lleva mucho, mucho, mucho tiempo.
Sigo utilizando los ojos, pero es mi corazón quien lee, y es lento. Se
para en casi todas las frases, porque todas le evocan algo o le llevan a
un camino, y se entretiene en seguir la reflexión que provoca en su
interior cada una de ellas.
Se da cuenta mi corazón de que es así
como se ha ido aposentando en mí lo poco que sé: sintiendo, observando,
reflexionando, despojando a las frases de las palabras para quedarse
con la esencia…
Ahora siento que la auténtica enseñanza proviene de entrar en el inconsciente y sacar a la luz lo que ya hay dentro.
Y comprendo que lo que hay dentro no es sólo “malo”, como parece cada
vez que se habla del inconsciente, sino que lo “bueno” también está ahí.
Cada vez estoy más convencido de que todos tenemos lo mismo en la
esencia, en el origen, sólo que unos lo han desarrollado más que otros,
bien porque le han prestado más atención, o bien porque han puesto menos
trabas a que se manifieste.
He comprendido que mientras más
consciente me voy haciendo de mis heridas y de los condicionamientos que
me gobiernan, más consciente soy de mi grandeza y de mis dones.
Francisco de Sales
jueves, 22 de julio de 2021
SIN MIEDO AL INCONSCIENTE (Por Emma Fernandez)
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