Mediante
la meditación y la contemplación, ustedes pueden atraer todos los
elementos sutiles que se encuentran esparcidos profusamente en el
espacio. Están a su disposición, no hay prohibiciones, no hay límites.
Las prohibiciones y los límites se hallan en el ser humano porque no es
fuerte, ni puro, ni inteligente. Pero en realidad todo se encuentra
allí, a su disposición, a condición de que se esfuerce en alcanzarlo. El
Señor distribuye todo, no hay nadie más generoso que Él. La vida está
por todas partes: en el agua, en los árboles, en las piedras, y sobre
todo en el aire y en el Sol, pero el hombre muere porque no ha sabido
acostumbrar su organismo a tomar esta vida para alimentarse y
vivificarse.
Dios
es justo y grande, jamás ha dicho que las riquezas debían ser para unos
y no para otros. Pero si ustedes no hacen nada por adquirirlas, el
Señor no es responsable. Así pues, estudien, ejercítense, de lo
contrario durante muchísimas encarnaciones aún, permanecerán siempre
pobres y miserables, mientras continúan acusando al Señor.
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