El pudor: defensa de la dignidad personal
El pudor es un sentimiento natural, sabiamente puesto por el Creador,
para que lo convirtamos, perfeccionandolo, en virtud, es decir, en
poder, fuerza que perfecciona, protege y libera todo lo noble de nuestro
ser personal.
Me gustaría explicar con sencillez y profundidad lo
que la experiencia enseña: el pudor no es un lujo ni una manía ni una
enfermedad del pasado, sino una vigencia en todos los tiempos y
latitudes. Es más, el menosprecio del pudor en una sociedad es señal
clara de corrupción profunda. Hay una relación inadvertida entre el
desprecio del pudor y muchos crímenes reales increíbles. Se hace urgente
entonces una reflexión sobre el significado del pudor como defensa de
los valores más personales del ser humano y de la entera sociedad.
ESENCIA DEL PUDOR
El pudor es un sentimiento natural, sabiamente puesto por el Creador en
nuestra naturaleza, para que lo convirtamos, perfeccionándolo, en
virtud, es decir, en poder, fuerza que perfecciona, protege y libera lo
noble de nuestro ser. No se reduce a cosas que se refieren a la
sexualidad. En sentido amplio, entendemos por pudor la reserva peculiar
de lo íntimo, la tendencia natural a ocultar a la curiosidad de los
extraños lo que pertenece a la intimidad de la persona o familia, para
defenderlo de intromisiones inoportunas que desvirtuarían su valiosa
esencia. Allí donde hay intimidad surge el pudor, pues, de por sí, la
intimidad se recata, se reserva, se oculta en su propio misterio que al
pasar a ser cosa de “dominio público” se desvanecería, quizá de modo
irreparable.
Intimo equivale a personal. Por ello, en los
ambientes íntimos es donde las personas se encuentran normalmente más a
gusto, y se manifiestan libremente sin temor a perderse o a ser
interpretadas como ellas no son. Hay cosas que sólo pueden manifestarse
en la intimidad, precisamente porque están muy estrechamente vinculadas a
lo más hondo — íntimo — de la persona, hasta el punto de identificarse
de algún modo con ella. Al hacerse público, lo íntimo deja de serlo, se
desvanece, se pierde como tal, y la persona si tiene consciencia de su
propia dignidad, se siente violentada, como si algo precioso de sí misma
se hubiera desgarrado y perdido.
La pérdida de las cosas íntimas
equivale a la del dominio o señorío sobre uno mismo. El pudor es la
tendencia natural a defender el dominio sobre lo más mío, es decir, no
las cosas mías, que yo tengo, sino yo mismo, en ese valor que sólo tiene
para mí y acaso para aquellas personas tan allegadas que podría decirse
que son como una prolongación de mi yo.
Desvelar la intimidad,
si no es en un ámbito precisamente íntimo, es como perderse a sí mismo.
Se entiende así que, cuanto más rica es una personalidad, más intimidad
posee (más amplitud y valor tiene para ella lo íntimo), y por eso, el
sentido del pudor es más fuerte. En cambio, las personas frívolas,
carentes de calidad interior, son más fácilmente proclives a descubrir
su intimidad, justo por ser algo muy pobre, o de escaso valor a sus
propios ojos. Aunque sean egoístas, no se aprecian en lo que valen y así
no temen perderse ante las miradas igualmente frívolas de quienes se
interesan por esas intimidades tan vacías e inconsistentes.
Ciertamente cabe una patología de la intimidad, si ésta se encierra
obsesivamente, y se convierte en exclusión y ceguera. Pero el pudor no
es una enfermedad sino una señal de vigor espiritual. En parte es innato
y en parte como todas las cosas propiamente humanas es fruto de una
educación deliberada, que enseña el por qué del pudor y a seleccionar lo
que de verdad debe reservarse, y de qué modo, y en qué circunstancias
pueden comunicarse sin que la persona sufra deterioro alguno.
Pues bien, aunque el pudor es defensa natural ante cualquier violación
de la intimidad, tiene peculiar importancia como defensa ante la
agresividad de índole sexual a la que la persona podría verse sometida
fácilmente de no adoptar ciertas medidas indispensables de seguridad,
dada la condición en que se halla la naturaleza humana en este mundo.
Para comprenderlo bien, me parece que es oportuno dar un pequeño rodeo.
Reflexionemos un poco sobre la mirada, ante la cual despierta o se
pierde el pudor. Quizá descubramos que con sólo el mirar, de un modo u
otro y según sea lo que se mira, la persona se gana o se pierde como
persona.
sábado, 22 de junio de 2024
EL PUDOR (Por Leon Wenborne)
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