Había una vez un rey rico y muy querido que solía visitar
regularmente los reinos vecinos para mantener buenas relaciones con los
otros monarcas. Durante las reuniones entre los reyes, era costumbre
intercambiar regalos, y el amable rey siempre llegaba con las manos
llenas y regresaba a su reino con las manos aún más llenas.
Durante
una visita a un reino vecino, el rey recibió dos hermosos loros,
procedentes de lejanos bosques mágicos, o eso le dijeron. "Estos loros
necesitan un entorno natural para crecer
y florecer", le explicaron al rey, por lo que cuando regresó a su reino
creó un gran jardín con vegetación paisajística, lagos transparentes y
altas cascadas.Conforme pasó el tiempo, los loros crecieron y uno de
ellos incluso comenzó a volar regularmente por el jardín, pero el otro
permaneció en la rama en la que había permanecido desde su primer día en
el jardín, negándose a abandonarla.
Los asesores del Rey le aconsejaron que publicara un anuncio, prometiendo mil monedas de oro a quien lograra hacer volar al perezoso loro. El Rey estuvo de acuerdo, y eso es exactamente lo que hizo.
A la mañana siguiente, un simple granjero llegó al palacio del Rey y afirmó que podía hacer que el loro abandonara su rama y volara. El rey era muy cauteloso, no entendía lo que un simple campesino podía saber sobre el entrenamiento de loros que los amaestradores reales de loros no superieran.
Sin embargo, ese día, mientras el Rey caminaba por el jardín, vio dos loros volando por el aire, uno de ellos era el loro perezoso que jamás antes había abandonado su rama. El Rey convocó al granjero de inmediato y le preguntó: "¿cómo hiciste para que mi loro perezoso abandonara su rama y volara?"
El granjero respondió: "fue muy fácil, su Excelencia, corté la rama en la que estaba sentado".
Esta parábolas nos enseña que, al igual que el loro, todos tenemos la capacidad de tener éxito y alcanzar nuevas metas, pero se necesita coraje para enfrentarnos a cosas que no nos son familiares o que nos asustan. Debemos liberarnos de nuestra rama, nuestra zona de confort, para explorar nuevas posibilidades de éxito y descubrir cuáles son nuestras verdaderas capacidades. Hasta que eso suceda, no podremos extender nuestras alas y volar
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