Un ser al que no he visto jamás y si me
pidiera mi sangre, correría muy rápido para entregársela toda
Mis
hijos, mi madre, mis hermanos, mis nietos y demás familia forman parte
de mi entorno del alma. ¡Cómo pasan los años! Y me doy cuenta al hablar
de mis nietos. En todos ellos suelo refugiarme como lo pueda hacer el
primer mortal que se precie. Sangre de mi sangre, valor incuestionable
difícilmente de cuantificar.
Como explico, la llamada de la sangre
suele ser el refugio para cualquier mortal. Pero la vida nos obsequió
con enormes valores que, disfrutados y bien entendidos, son el reducto
hermoso para aferrarnos ante algo tan bello como es la amistad, ese
tesoro incalculable, razón de ser para toda persona querida. Confieso
que, la docencia, me acercó mucho más al cariño de las gentes, por
tanto, a la amistad mejor entendida.
Al margen de la familia que,
desdichadamente, en ocasiones, hasta suele fallar, son los amigos los
que le dan sentido a mi vida; a la mía y a la de cualquier ser humano
que se precie. Y el sentido del que hablo viene dado porque en la
amistad, el amigo no tiene sexo, no tiene color, no pregunta, pero
siempre está; no pide, pero tú le ofreces; no recrimina, pero si
reconforta; no cuestiona, pero si anima; no juzga, pero te comprende. En
realidad, el amigo verdadero es el que queda cuando todos se han ido.
Todos gozamos en nuestro entorno y pobre del que no los tenga del
reducto mínimo de amigos para contarles nuestras penas, para compartir
nuestras alegrías, incluso para saciar nuestra sed del alma. ¿Quién no
ha llorado en los brazos de un amigo? Si en realidad, un amigo es un
verdadero regalo de Dios, quien goce de amigos verdaderos, jamás podrá
sentirse pobre o desdichado.
La amistad ese valor que nace del
fondo de nuestro ser para deleite de aquellos que amamos; un amor que no
pide reciprocidad, que no sabe de resentimientos y que vive por el
perdón, es el logro más bonito que pueda lucir o enarbolar cualquier ser
humano como bastión del alma.
Ciertamente, la amistad, como valor
incuestionable en el propio firmamento de nuestras vidas, en realidad no
es otra cosa que un sentimiento que brota del alma y que llega a
cualquier confín de mundo y, mucho más ahora, gracias a la magia de
Internet. Yo soy un botón de muestra de aquello que promulgo. Y sí, en
Internet, para mi fortuna, logré amigos de toda condición que a diario,
hacen que mi vida sea más placentera.
¿Cómo puedes ser amigo de
alguien al que no has visto jamás? Es la pregunta que tantas veces me
han hecho, como le habrá ocurrido a todo el mundo que navega por el
espacio cibernético. Puede sonar chocante que una tenga amigos por el
mundo sin haberlos visto pero, todavía es más sorprendente que existan
personas que se hayan enamorado por Internet y, lo que es mejor, he
conocido algunos y se han jurado amor eterno.
La amistad puede
triunfar de cualquier modo porque no tiene color, ni siquiera imagen, ni
contenido físico alguno; se trata de un sentimiento inexplicable el que
logra que, dos personas, sin distinción de sexo, sean capaces de
entregarse jirones de sus vidas sin conocerse para nada. En realidad,
¿qué requisitos son imprescindibles para que dos personas se quieran
como amigos? Como diría Simone de Beauvoir, que ambos sean capaces de
conquistarse indefinidamente.
Y en la conquista ha estado mi
triunfo . Un ser al que no he visto jamás y si me pidiera mi sangre,
correría muy rápido para entregársela toda. ¿Se trata de un misterio?
No. Sencillamente, de una comprensión entre dos seres humanos con
idénticas afinidades.
viernes, 31 de marzo de 2023
APOLOGÍA DE LA AMISTAD POR INTERNET (Por Juan Pablo Deikler)
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