lunes, 19 de febrero de 2024

LAS RUPTURA QUE NO ACEPTAS, PUEDEN SER DOLOROSAS (Por José Miranda)

 

Hola gentes, hoy voy a hablar de esas rupturas que cuando se producen nos rompen los esquemas y nos producen daños de diversa índole y consideración, y sobre todo anímicos de los que nos cuesta recuperarnos, e incluso hay quien no se da recuperado, mi pretensión es esclarecer conceptos un tanto erróneos a mi forma de ver, y demostrar que se pueden evitar muchos de los sufrimientos a que dan lugar estas situaciones, y aquellos que no es posible el poder evitarlos, al menos contar con capacidad de respuesta para que los daños sean los menos posibles.
 
Entiendo que las rupturas más dolorosas suelen ser la pérdida de seres a los que amas, o de relaciones muy significativas, voy a intentar crear base en la que apoyar mi teoría.
 
El primer compromiso y obligación creo que es la de considerarnos, valorarnos, apreciarnos, amarnos, etc. a nosotros al máximo nivel y en primer orden, respecto a nuestra vida todo empieza en nosotros y a partir nuestro, la principal responsabilidad es la de cuidar de nosotros y después lo demás, o por lo menos según que personas de forma por igual, pero no todo depende de nuestro actuar o de nuestra voluntad, estamos en este mundo cumpliendo con un programa de auto-realización o el destino como le suelen llamar, y dentro del programa hay muchas asignaturas, muchos exámenes, muchos cambios, periodos de salud y a veces de enfermedad, periodos de abundancia y de escasez, de alegría y de tristeza, de grandes amores y desamores, etc.
 
Todo esto significa que se están produciendo cambios de continuo, y en cada cambio algo se pierde o queda atrás, y algo se gana y avanzamos hacia delante, recordemos que la Vida se fundamenta en un constante cambio, en constante actividad deslizándonos a lo largo del tiempo, en la quietud no hay cambio, no perdemos nada ni ganamos nada, no hay movimiento, en la quietud el tiempo está detenido, no hay rupturas, ni dolor, ni alegrías, ni nada de nada, quizás por eso no existe la quietud porque es incompatible con cualquier forma de vida, en la vida hay de todo y hemos de hacer frente a lo que toca y mientras toca, porque nadie sabe cuando toca el cambio y tenemos que decirle adiós a lo que sea. 
 
Y llegado a este punto, hemos de considerar que las rupturas forman parte de la vida, si las aceptamos como algo normal, ya dejan de ser rupturas, y pasan a ser el final de algo para  dar paso al principio de otro algo, fin de etapa, o de ciclo, o de una relación porque tiene que dar lugar a otro periodo o a otra relación que está programada en nuestra vida y en la vida de otra persona con la que tenemos que caminar a su lado durante algún tiempo.
 
Jesús de Nazarét dijo: “ama a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo” esto nos informa que por encima de nuestros amores, cariños, afectos o necesidades de cualquier tipo, esta nuestra realidad espiritual que constituye el motivo de nuestra presencia por estos mundos. 
 
Nuestro Ser trae un compromiso de cumplimiento que constituye el programa de vida o destino a cumplir, en el mismo hay etapas, ciclos, principio y fin de relaciones, incorporaciones de personas a nuestra familia, personas que se van de nuestro lado o familia de forma temporal o para siempre, hay muchas incorporaciones y muchas pérdidas, y todas hemos de aceptar y comprender que son las reglas del juego de la vida, si queremos jugar a estar vivos no nos queda otra que aceptar las reglas establecidas.
 
Y es precisamente cuando no queremos o nos resistimos a aceptar las realidades que componen las reglas cuando nos rompemos y nos destrozamos, unas veces porque al no comprender no podemos aceptar lo que sea, y otras porque no nos interesa el comprender lo que no estamos dispuestos a aceptar, pero la vida y sus reglas es para todos igual, y aún por encima nos hará responsables de nuestra forma de reaccionar, con sus atenuantes o agravantes según seamos conscientes o inconscientes de nuestro actuar.
 
Una de las formas más inteligentes de actuar, es colaborar con todo lo inevitable, hacer el mayor bien de todas y cada una de las circunstancias que se nos presentan en nuestro diario vivir, confiando en nuestra Madre Naturaleza y a la máxima autoridad divina a la que llamamos Dios, es todo por hoy, saludos.

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