Hay tantos mundos en la vasta extensión, como tiempos diversos e incompatibles..
Fuera de los mundos, solamente la eternidad sustituye esas efímeras sucesiones y llena tranquilamente con su luz inmóvil la inmensidad de los cielos... Inmensidad sin límites y eternidad sin límites, esas son las dos grandes propiedades de la naturaleza universal.
La mirada del observador que atraviesa, sin encontrar jamás algo que lo detenga, las inconmensurables distancias del espacio, y la del geólogo que se remonta más allá de los límites de las edades, o que desciende a las profundidades de la eternidad, donde ambos se perderán un día, obran en concordancia, cada uno en su dirección, para adquirir esta doble noción del infinito: extensión y duración.
Ahora bien, dentro de este orden de ideas, nos será fácil concebir que, puesto que el tiempo sólo es la relación de las cosas transitorias y depende únicamente de las cosas que se miden, si tomásemos un siglo terrestre como unidad y lo acumuláramos de a miles para formar un número colosal, ese número nunca representaría más que un punto en la eternidad, del mismo modo que miles de leguas adicionadas a miles de leguas no dan más que un punto en la extensión.
De ese modo, por ejemplo, ya que los siglos están fuera de la vida etérea del alma, podríamos escribir un número tan largo como el ecuador terrestre, y suponer que hemos envejecido ese
número de siglos, sin que en la realidad nuestra alma cuente un solo día más. Y si agregamos a ese número indefinible de siglos una serie de números semejantes, larga como de aquí al Sol, o todavía más considerable, y si imaginásemos que viviremos durante una sucesión prodigiosa de períodos seculares representados por la suma de esos números, cuando llegásemos al término, el inconcebible cúmulo de siglos que pesaría sobre nuestras cabezas sería como si no existiese, pues delante de nosotros estaría siempre toda la eternidad.
El tiempo sólo es una medida relativa de la sucesión de las cosas transitorias. La eternidad no es susceptible de ser medida desde el punto de vista de la duración; para ella no hay comienzo
ni fin: todo es presente..
Si siglos y siglos son menos que un segundo en relación con la eternidad, ¿ qué será la duración de la vida humana?
La Génesis - Capítulo VI
Allan Kardec
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