La
grandeza de una persona está en pequeños detalles que, en principio,
pueden no parecer importantes. Los pequeños detalles moldean a las
personas en acero inolvidable, las hacen únicas y excepcionales.
No
se trata de personas que no tienen miedo, sino son personas que siempre
que pueden tienen una palabra de aliento, una mano amiga para tender,
un buen pensamiento, una buena acción. En definitiva, son sus pequeños
detalles los que marcan la diferencia.
Ellas
entienden el valor de vivir y de compartir y no se acobardan por los
sinsentidos de la sociedad. Digamos que, estas personas, echan el freno
en el momento adecuado y reparan en que vivimos a demasiada velocidad.
No
destruyen a los demás con sus críticas ni con sus expectativas, pues
uno de los “pequeños detalles” que ponen en práctica es aceptar
incondicionalmente al otro. No solo es que amen al mundo, es que lo
respetan porque son parte de él.
La
grandeza de las personas no se mide por el dinero, por sus estudios o
por su belleza. La grandeza de una persona se mide por la lealtad de su
corazón y la humildad de su alma. Y, a pesar de que la vida pueda
separarte de estas personas, te convertiste en alguien mejor desde que
las conociste y eso es para siempre.
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