Quieres
irte de la Tierra, dices. Cuanto antes. Ya no estás a gusto aquí. Ya te
has cansado. Quieres irte para no volver jamás. Odias este planeta.
Odias al ser humano. Odias los sucesos que se experimentan aquí. No
deseas vivir todo esto. ¿Quién quiere estar aquí? Esto es detestable...
Terrible... ¿Quién te llamó para venir? ¿En qué “hora” decidiste bajar a
esta pocilga y mezclarte con la humanidad? ¿Cómo se te ocurrió ser uno
más de ellos?...
Perfecto,
te entiendo. Es comprensible. Pero ahora, imagina al vecino de al lado
pensando lo mismo. Imagina a miles de personas pensando como tú. Imagina
a millones de personas con tu actitud en la mente... ¿Crees que
podríais crear algo mejor en el mundo? “Quiero irme”. “Quiero
marcharme”. “Este planeta no me gusta”. “Yo soy un ser de luz”. “Esta es
mi última vida y ya no vuelvo más”… Hoy solo te pediré que reflexiones
sobre esa actitud. Que te preguntes si viniste a la Tierra únicamente a
quejarte y a juzgar a los demás. Permíteme dudar eso de que tengas tanta
“luz” y de que esta sea tu última vida… Porque con esa actitud vibras
en victimismo, no en amor ni en poder personal. Te has situado por
encima de los demás (tú eres el ser de luz y los demás los ignorantes y
poco evolucionados) y has decidido que no eres capaz de crear nada nuevo
ni de generar ningún impacto positivo en tu vida o en el mundo. Genial.
Un “ser de luz” que no está empoderado, que no comprende lo que le
rodea y que se siente incapaz de aportar nada. Lo único que desea es
marcharse… Impresionante.
Voy
a ser claro: para eso no hubieras encarnado. Porque esa actitud, ni te
sirve a ti, ni nos sirve a nadie. ¿Te imaginas? “Voy a encarnar en la
Tierra para quejarme y para juzgar a todo el mundo, y luego me marcho a
casa cuanto antes”… ¿Esa era tu misión? ¿De verdad? ¿Ese era el sentido
de tu vida? ¿Huir de aquí después de poner “verde” al otro? Tú y yo
sabemos que no es cierto. Y sí, reconozco que estar aquí no es sencillo.
Pero no vinimos para victimizarnos y empeorar las cosas. Puede que ese
pensamiento sea lógico durante un tramo del camino, pero cuando uno
empieza a tomar conciencia y a alinearse con su Ser, comprende que no
decidió encarnar para pensar en marcharse o para contaminar la
conciencia colectiva del planeta. Tú estás aquí para empoderarte, no
para marcharte. Para hacer de este mundo un lugar mejor, no para
juzgarlo y condenarlo. Para generar amor aquí, no en tu “lugar de
origen”. Ese es el paso. Esa es la clave de tu despertar y tu cambio de
conciencia. Eso SÍ es recordar que eres un ser de luz: un alma fuerte,
poderosa, amorosa, comprensiva con el proceso de los demás, aunque no lo
comparta. Un ser que aporta a su manera, que es capaz de ver el sentido
de la vida más allá de las apariencias. Un ser que se ama y que, por
tanto, puede amar a los demás. Un ser que ve la perfección en la
“imperfección” y que pone en el mundo una mirada trascendente, no dual.
Un ser que, en el fondo, está en paz. Un ser que comprende que este
planeta (aunque en ocasiones sea duro) también es su HOGAR.
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Javier López Alhambra
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