Puedes bañarlo, cuidarlo, alimentarlo, tratarlo bien…
pero tarde o temprano buscará dónde ensuciarse.
Y no, no siempre es porque no lo amaste suficiente.
No siempre es porque fallaste.
No siempre es porque diste poco.
Muchas veces, simplemente es porque hay personas que no tienen valores.
Porque quien ama de verdad, respeta.
Así de simple. 
La infidelidad no nace por falta de amor recibido.
Nace, muchas veces, de una mente vacía, de un ego hambriento y de un corazón incapaz de honrar lo que tiene.
Hay quienes engañan no porque les falte cariño…
sino porque disfrutan el juego, la adrenalina, lo prohibido, la atención ajena y la sensación de sentirse deseados por otros. 
Puedes darles amor, comprensión, detalles, estabilidad, paciencia…
y aun así buscarán afuera lo que ni siquiera necesitan.
¿Por qué?
Porque el problema no está en lo que reciben…
está en lo que son.
Y esa es una verdad dura de aceptar.
Porque cuando uno ama sinceramente, siempre quiere encontrar una explicación menos cruel.
Uno piensa que quizás faltó más tiempo, más afecto, más comprensión…
pero no.
Hay traiciones que no nacen de una carencia en la relación,
sino de una podredumbre en el carácter. 
No puedes obligar a nadie a ser leal.
No puedes enseñarle principios a quien disfruta rompiéndolos.
No puedes construir un hogar con alguien que se alimenta destruyendo la confianza.
Y lo más doloroso no es solo la traición.
Lo más doloroso es la herida que deja.
Porque mientras uno jugaba…
el otro amaba de verdad.
Mientras uno mentía…
el otro soñaba con un futuro sincero.
Mientras uno traicionaba por placer…
el otro entregaba el corazón sin defensa. 
Escucha bien esto:
quien traiciona por gusto, lo repite cuando puede.
No fue un accidente.
No fue un descuido.
No fue un “momento de debilidad”.
Fue una decisión.
Y toda decisión revela quién eres realmente.
Lo triste es que muchas veces quien paga el precio más alto
no es el que engañó…
sino el que sí amó de verdad. 
Pero también hay una lección en todo esto:
cuando alguien te traiciona, no siempre está mostrando tu valor…
muchas veces está exhibiendo su miseria.
Así que no te culpes por haber amado sinceramente.
La lealtad no es para cualquiera.
Y quien no supo cuidarte, simplemente no merecía el lugar que le diste en tu vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario