Muchas personas religiosas creen en espíritus malignos, demonios y "obsesores". Estas serían entidades espirituales que pueden dañarnos y chupar nuestra energía.
Sin embargo, muchas veces nosotros mismos somos los "obsesores" de otras personas:
Cuando queremos hacer que nuestras ideas prevalezcan e imponer nuestras verdades a los demás... o cuando criticamos, juzgamos o condenamos al otro sin pleno conocimiento de la causa.
Cuando estamos celosos y queremos apoderarnos del otro.
Cuando obligamos al otro a seguir nuestra voluntad o cuando exigimos al otro que haga por nosotros algo que podemos hacer.
Cuando queremos ganar una discusión, establecer nuestras verdades e imponer nuestro punto de vista.
Cuando ignoramos el libre albedrío de otras personas y le hacemos recorrer el camino que consideramos correcto; cuando tratamos de ayudar sin preocuparnos por lo que es mejor para el otro, sino más bien siguiendo sólo lo que creemos que es mejor.
Cuando deseamos comprar el cariño de las personas con obsequios, regalos, favores y mimos, siempre esperando algo a cambio.
Cuando no permitimos que el otro crezca, se desarrolle, para que no sea mejor que nosotros.
Cuando hacemos todo por el otro y no permitimos que lo haga solo.
Cuando vomitamos una larga charla desordenada e inútil creyendo que el otro está obligado a escucharnos.
Cuando no damos espacio al otro, lo atrapamos, lo sofocamos, pretendemos controlar sus movimientos, cargarlo, oprimirlo sin permitir su independencia.
Cuando creemos que el otro debe corresponder a nuestros estándares, nuestros modelos, nuestra religión, nuestras costumbres, nuestras creencias y nuestro ideal de ser.
Cuando generamos miles de conflictos, discordia y desunión, cuando creamos confusión, intriga, chismes y distorsionamos la realidad para dañar al otro.
Cuando decimos una cosa al otro y hacemos otra: engañar, omitir y ocultar.
Cuando vivimos quejándonos y creemos que el otro está obligado a aguantar nuestros llantos.
Cuando alabamos para manipular, alabamos para engañar, llenamos el ego del otro para confundirlo y que termine haciendo lo que queremos.
Cuando hacemos del otro nuestra vida y luego nos lastima cuando se aleja, dejando un agujero en nuestro pecho, un vacío existencial y una profunda infelicidad.Busca la vida en ti mismo. Deja de ser un "obsesor" del otro.
No dependas de nadie para "hacerte" feliz. No sigas chupando la energía de la gente.
No creas que el "obsesor" es siempre el otro, porque siempre hay algo "obsesor" (obsesivo) en nosotros mismos.
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