Había una vez un pequeño pájaro quejón muy enfermo que vivía en el
desierto. Se refugiaba dentro de un viejo árbol seco, cuyas ramas sin
hojas se alzaban hacia el cielo en forma de ruego desesperado.
Las plumas de nuestro amigo pájaro, casi inexistentes, le impedían volar
en busca de nuevos horizontes, por lo que no le quedaba más que
conformarse con el alimento que le traía el viento de vez en cuando, de
algún oasis cercano. Era muy rudo vivir sin alimento, enfermo y con muy
poca agua para subsistir. En vista de su condición tan poco
privilegiada, nuestro amiguito pasaba los días y noches rumiando sus
penas, maldiciendo su vida, sintiendo que no valía nada y que era mejor
morir que seguir en ese estado.
Un día, de esos en que sucede
algo extraordinario e inusual, un ángel pasó por ese lugar, mientras
cruzaba el desierto, y al ver al pájaro en aquellas condiciones tan
extremas, se detuvo y se acercó a nuestro amiguito.
El pajarito quejón lo vió y, sobresaltado, le preguntó:
– ¿Quien eres tú? ¿Para donde vas?
El ángel respondió:
– Soy un ángel y voy a encontrarme con Dios para llevarle varios recados.
Entonces, el pájaro asombrado, dijo:
– Por favor ángel, podrás preguntarle a Dios que cuando acabará mi
sufrimiento? Ya no soporto esta vida desgraciada. Dile que me envíe una
mejor vida o me lleve a su morada en los brazos de la muerte.
El ángel, sorprendido, le contestó:
– Veo que tu vida es muy pesarosa… ¡Veré que puedo hacer por ti! ¡Hablaré con Dios!
Y así, el ángel se despidió del pájaro y siguió su camino.
Al encontrarse el ángel con Dios, éste le compartió el mensaje del
pájaro. El ángel le contó su patética condición y le preguntó cuándo
terminaría su sufrimiento.
Dios respondió así:
– Debido a que está escrito en el libro de la vida, el pájaro tendrá que seguir sufriendo así. ¡No tendrá felicidad!.
El ángel apenado, le dijo que es muy dolorosa su situación, y que si
podría sugerir alguna solución, se sentiría sumamente agradecido por
ayudar al pájaro.
Y Dios le respondió:
– Dile al pájaro
quejón que por 21 días y noches pare de quejarse, y solamente ore de
esta manera: “Gracias Dios por todo”. Cada vez que le entren ganas de
maldecir o de pensar en lo terrible de su condición, simplemente repita
“Gracias Dios por todo”. “Gracias, Gracias, Gracias”.
El ángel
complacido, volvió al lúgubre lugar donde encontró al pájaro más
desanimado y huraño aún, y le entregó el mensaje de Dios. Era eso o
seguir en las penurias eternamente, así que el pájaro accedió a seguir
los consejos de Dios. No iba a ser fácil, pero aceptó el reto ya que no
le quedaba otra esperanza.
Los cambios que genera el agradecimiento…
Un mes después, el ángel pasó de nuevo por el mismo camino y quiso visitar a su amigo el pájaro.
Al acercarse al lugar donde estaba el viejo árbol seco, su asombro fue alucinante!
Observó que las plumas de su amiguito habían crecido en su diminuto
cuerpo, dándole mayor cobijo y permitiéndole volar para buscar
alimentos. También observó que una pequeña planta había crecido en la
zona desértica donde estaba, y el viejo árbol tenía pequeños brotes de
ramas verdes. Igualmente se percató asombrado de un pequeño estanque de
agua que había brotado de la tierra, y del que bebían otras aves que
llegaban al lugar.
El sitio se había convertido en un pequeño
oasis en el desierto, con un futuro floreciente y prometedor. Nuestro
amiguito, el pájaro gruñón, ya no gruñía sino que cantaba y revoloteaba
alegremente alrededor del árbol que le daba cobijo.
El ángel
estaba asombrado, no entendía cómo sucedió todo ésto, y recordaba que
Dios le había dicho que estaba escrito que ese pájaro no tendría
felicidad por lo que le quedaba de vida. Así que con esa inquietud en su
mente, fue a visitar a Dios de nuevo.
El ángel le contó a Dios lo que vio, y le hizo sus preguntas.
Dios respondió:
– “Sí, estaba escrito que no habría felicidad para el pájaro por lo que
le queda de vida, ya que su actitud era la que iba definiendo su
destino lúgubre, pero todo cambió cuando el pájaro decidió cambiar su
actitud y orar diariamente “Gracias a Dios por todo”, ante cada
situación que se le presentase”.
“Cuando el pájaro caía sobre la
arena caliente, decía “gracias a Dios por todo”. Cuando no podía volar,
repetía “gracias a Dios por todo”, cuando tenía que dormir sin probar
bocado, repetía “gracias, gracias, gracias” aunque suene absurdo y haya
sido muy difícil para él”.
Así que, sea cual sea la situación, el
pájaro siguió repitiendo “Gracias a Dios por todo” y por lo tanto
cambió su frecuencia vibratoria, cambiando así el rumbo de su historia.
Al principio lo hizo mecánicamente, obligándose a sí mismo a romper el
patrón de la queja y la desolación, pero a medida que pasaban los días,
fue notando que su ánimo iba mejorando, y que a pesar de las carencias,
se sentía contento y con ganas de cantar.
En realidad comprendió
que no le quedaba opción en su vida, que debía escoger entre repetir
como autómata la oración de agradecimiento, o morir entre maldiciones y
pesares.
Finalmente, nuestro amiguito entendió el poder que tiene la
palabra, y su inherencia en la física cuántica. Comprendió que el
agradecimiento es la forma más maravillosa que tiene el amor de
manifestarse, y que todo aquel que manifieste AMOR, generará prosperidad
y bienestar en su vida por añadidura.
Así, el ángel también
comprendió la profundidad de esta historia, sintiendo un gran cambio en
su forma de ver la vida. Por eso, decidió enseñar la filosofía del
agradecimiento a todo aquel que se cruce en su camino, ya que se dio
cuenta de que esa era la verdadera llave de la felicidad.
Reflexión
Una simple palabra, un simple pensamiento, repetido muchas veces, tiene
el poder de cambiar y diseñar nuestro destino a nuestro favor. La
palabra “Gracias” contiene el poder de disolver cualquier sufrimiento,
“maldición” o pesar que hayamos estado cargando durante toda nuestra
vida.
martes, 4 de julio de 2023
HISTORIA DEL PÁJARO QUEJÓN (Por Gustavo Medina)
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