En
mi opinión, hay una tendencia generalizada a no querer aceptar la parte
de la realidad que no nos gusta –y esto, en gran medida, es algo muy
humano-, y por ello adoptamos diferentes estrategias para engañarnos,
negándola o tergiversándola.
La
parte de la realidad que no resulta agradable, que no cumple nuestros
requisitos de mucha paz y cero problemas, es más cierta que la parte
donde nos hemos montado la fantasía de un bienestar que no resistiría
ningún examen serio acerca de su firmeza y realidad.
Todos
tenemos que vivir situaciones que no son de nuestro agrado, que
preferimos evitar, o que rechazamos frontal y airadamente, pero ahí
están, son innegablemente ciertas, y nos afectan directamente.
No
las debemos negar, porque eso no va a lograr que desaparezcan o se
resuelvan, ni las debemos minimizar o infravalorar, ni tampoco caer en
el autoengaño de que no pensando en ellas desaparecerán.
¿Por qué no aceptamos la realidad que no nos gusta?
Puede ser dolorosa, pero es cierta.
La actitud infantil de enfadarse y patalear, no resuelve.
Imitar al avestruz escondiendo la cabeza para que lo desagradable no nos vea y pase de largo, no soluciona.
Convertirse en una estatua, es inútil.
LAS REALIDADES QUE NO GUSTAN HAY QUE AFRONTARLAS.
Hay que atreverse con ellas.
Hay que resolverlas.
Solamente
desde la aceptación de la verdad es desde donde se puede comenzar a
buscar una actitud o una respuesta para esa verdad, y entonces llevarla a
la práctica.
Negarla, es inútil. Además de que es imposible solucionar algo que se niega, que no se acepta que existe.
Así
es una parte de nuestra vida. Tiene situaciones indeseadas, conflictos
que se nos quedan grandes, experiencias por las que no apetece pasar,
dolores, sentimientos desagradables, desafíos que hay que aceptar sin
ganas, embrollos, laberintos, complicaciones…
Y
luego está la parte sublime de la vida, la que está hecha de emociones y
de sentimientos conmovedores, de sonrisas y fe, de alegría y
maravillas, de confianza y paz.
Pero para llegar a ello, y para permanecer en ello, es necesario deshacerse de los impedimentos.
JAMÁS LOGRARÁS ALCANZAR LA PAZ SI NO ELIMINAS ANTES LOS OBSTÁCULOS QUE TE IMPIDEN ACCEDER A ELLA.
Y
donde pone paz, puedes poner felicidad, alegría, bienestar, gozo… y
todo aquello que no disfrutas porque hay un impedimento del que
previamente hay que deshacerse.
La realidad es la realidad, y no admite discusión ni negación.
Sí admite que tú modifiques tu modo de verla, sobre todo cuando te parece agresiva o indeseable.
Si
no te gusta, tendrás que buscar el modo de cambiarla, de reconocerla
sin que eso se convierta en un drama, o de eliminarla, de quitarle
importancia a la parte que no es de tu gusto, de desdramatizarla o
relativizarla. Tendrás que ponerte a salvo de su influencia perjudicial.
Tendrás que aceptarla, y que sea mediante la comprensión y no mediante una sensación de rendición humillante.
La
realidad que no gusta nos está proponiendo que pongamos de nuestra
parte lo necesario para modificarla, en los casos que sea posible
hacerlo; no podemos hacer que deje de llover o arreglar de un plumazo
todos los problemas de toda la humanidad, pero hay cosas que con
esfuerzo, con voluntad, con constancia, pueden dejar de ser como son o,
por lo menos, pueden dejar de afectar como afectan.
Conviene
reunir toda la voluntad posible, todas las ganas, el ánimo, aquello que
vayamos a necesitar para afrontar la tarea de hacer que las cosas sean a
nuestro modo, de nuestro gusto, y conviene no aplazarlo infinitamente.
La
realidad hasta puede llegar a cambiar según se mire desde un punto de
vista objetivo o subjetivo, y por ello puede existir “la realidad” y
“nuestra realidad”. Conviene darse cuenta con claridad de una y otra
cosa.
Tal vez no haya que cambiar “la realidad”, sino “nuestra realidad”.
Y cada uno valorará con cuál de las dos se quiere quedar.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales---Emma Fernandez
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