Buenos días
gentes, ¿Qué tal? ¿Estamos preparados
para afrontar este nuevo día que acaba de comenzar?, tenemos que estarlo
porque ya está aquí, y no nos queda otra que: Por un lado hacer
frente a todas y cada una de las circunstancias que nos trae, y hacerlo con
responsabilidad y acierto, cuidando al máximo nuestras reacciones para que los
resultados sean favorables y orientados hacia nuestras necesidades é intereses,
y por supuesto sin olvidarnos de nuestro prójimo, no vale obtener beneficios a
costa de molestar o perjudicar a alguien.
Nunca olvidemos que somos hijos de la Madre
Naturaleza y del Creador, y si Ambos ven que uno de sus hijos perjudica a otro
para obtener privilegios o beneficios, tienen que aplicar programas de
compensación para que el perjudicado sea compensado, y el que perjudicó reciba
a modo de enseñanza, la lección correspondiente que en lo sucesivo evite que
siga actuando de forma egoísta aprovechándose de los demás, repito una vez más,
que no existe el “castigo divino”, como algunas formas que dicen ser religiosas
predican, en la Corte Celestial no hay verdugos ni castigadores, hay obreros al
servicio fraterno que con el amor y cariño que cada situación o circunstancia
requiere, trabajan cada cual en su especialidad a favor de la compensación y
equilibrio, para bien de todo y todos.
Y por otro
lado para llevar a cabo todo lo que conforma el diario vivir, tenemos que tomar
decisiones y ejecutarlas a través de la acción, esta labor exige mucha
responsabilidad e instrucción, porque cada actuación da lugar a una reacción a modo de
consecuencias cuyos resultados pasan a formar parte de nuestro patrimonio,
nuestro verdadero patrimonio en propiedad, el que no queda en este mundo cuando la muerte
nos dé el pasaporte para el mas allá, el saldo que figura en nuestra cuenta
de ahorro espiritual, y que es parte importante de nuestra tarjeta de
presentación que nos avala en todo sitio y lugar, ya sea en este mundo o cualquier otro donde nos presentemos por
algún motivo, en esta tarjeta figuran nuestros triunfos y fracasos y determinan
para qué somos aptos y para qué no, es nuestro D. N. I. en el mundo de las
almas.
En muchas
ocasiones actuamos iresponsablemente y a lo loco, sin darle mayor importancia
a lo que en cada momento estamos haciendo, yo he sido uno de los que más ha
practicado este deporte, y posiblemente lo siga haciendo todavía, ya sea por inadecuadas costumbres, por
inercia, por automatismos, vicios y demás, es muy difícil el erradicar formas
de conducta y de actuar, son muchas las
ramificaciones psíquicas y físicas que componen el árbol del error, por eso
hablo con conocimiento de causa, porque son muchos los platos rotos que he
tenido que pagar de variadas formas y maneras.
Pero si hay algo que sea verdaderamente maravilloso, es que siempre estamos a tiempo de rectificar, nunca es tarde, todo llega en su momento, yo estuve unos cuantos años intentando dejar de fumar, y en cuanto llegó el momento le dejé sin demasiado esfuerzo, y nunca más, fue una de las mejores inversiones, pero tuvo que llegar su momento, en muchas ocasiones lo había intentado sin resultados, y en esta última me fue muy fácil, por eso afirmo que nunca es tarde, no hay lugar para la excusa esa tan popular de que; “ya es demasiado tarde”, “no merece la pena” ¡Mentira! ¡Nunca es tarde!, ¡Siempre merece la pena!.
En los últimos años he realizado muchos cambios y transformaciones en mi escala de valores y prioridades, y estoy en condiciones de afirmar que cualquier cambio que nos propongamos, y siempre que la meta a conseguir sea a favor del bien común, solo es cuestión de empeño, tenacidad y perseverancia, cada cosa requiere su tiempo, que irá en relación a la envergadura del propósito a conseguir.
¡Importante!
A veces actuamos y sabemos que el resultado no es nada bueno, pero queremos
conseguir algo que deseamos, y como creemos que las consecuencias negativas a nosotros no
nos afectan, no nos importa, al prójimo “que le den”, que espabilen, esta es la
peor de las opciones que podemos elegir, y no se trata de una teoría
cualquiera, es una realidad tan cierta como que el sol sale todas las mañanas.
Las acciones y las reacciones son los ladrillos y el cemento con qué construimos el edificio de nuestra vida, cada acción improcedente o falsa, es un punto débil en nuestro edificio, si son muchos los puntos débiles o falsos, en cualquier momento se derrumbará y nosotros con él. Por hoy lo dejo, saludos, y a ver si obramos bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario