El Universo nos envió aquí para cosas más importantes que comer, dormir, pagar facturas ...
No digas que las personas son difíciles y que la convivencia entre los seres humanos es imposible. Todos se esfuerzan por cumplir la misión que se les confía. Si ya eres más estable, ten paciencia con tus compañeros de viaje.
Aunque los caminos son diferentes, todos nos estamos moviendo en la misma dirección, en busca de la misma luz.
Y siempre que la impaciencia amenace su buena voluntad con el andar de un prójimo, haga el ejercicio de la compasión. Te ayudará a darte cuenta de que nadie está realmente jugando con tu camino o queriendo hacerte daño, solo estás tratando de ser feliz, igual que tú.
Cuando nos colocamos en el lugar del otro, algo muy mágico sucede dentro de nosotros: el corazón se abre, la generosidad se instala dentro de él y, desde allí, una gran comprensión acerca del propósito mayor de la existencia, que es la práctica del AMOR. Cuando miramos a una persona con los ojos del corazón, percibimos el parentesco de nuestras almas.
Somos una energía, juntos formamos un inmenso tejido de luz. No hay distancias físicas. La física cuántica ya ha demostrado que todo es una ilusión. Estamos interconectados por hilos invisibles que nos conectan con el Creador de la Vida. Mi tristeza contamina el bienestar de mi vecino, al igual que mi alegría emociona a alguien en el otro lado del mundo. Es imposible herir a alguien sin ser lastimado también, recuerda eso.
El ejercicio diario de la compasión nos convierte en seres humanos de primera clase
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