Hola gentes, ¿Alguna herida en el alma, en el corazón, el orgullo, el amor propio, etc.? Casi todos tenemos o hemos tenido heridas psicológicas y afectivas causantes de dolor y otros inconvenientes, esta claro que una herida no nos ofrece satisfacción ni posibilidades de disfrute, y es por eso que voy a dedicarle este tema para esclarecer ciertos malos entendidos al respecto, y que a través de ellos culpamos a los demás de daños causados por nosotros mismos, y para facilitar la comprensión de lo que intento exponer voy a inventarme un cuento.
Érase una vez una familia que adoptó un perrito de una de esas razas de pocos amigos, en tanto el perrito fue pequeño no hubo problema, jugaba y jugaba y entre juego y juego hacía alguna trastada, todo muy normal e inocente, pero como no paraba de crecer llegó a la edad adulta, y ya no era un perrito, era un perrazo y con malas pulgas como se suele decir, en casa y alrededor de la misma solo aceptaba a la familia, y al resto le enseñaba los dientes, motivo por el cual su dueño se vio obligado a amarrarlo para que no molestara a los demás.
Cosa que el perrazo no aceptó, suponía la privación de la libertad y eso no era aceptable, rompió varias veces el amarre escapando y creando graves problemas con los vecinos y todo el que se acercara a la casa, y sus dueños lo amarraron con una cadena irrompible, como seguía sin aceptar su nueva realidad y condición, en el intento de escapar se producía heridas con el roce del arnés, heridas que no curaban porque seguía sin aceptar el estar amarrado, y en su intento continuado de escapar se producía mas daño sobre las heridas.
Como el asunto era un tanto grave, su dueño le hizo una casita, o perrera para no tener que amarrarlo, pero el perrazo tampoco la aceptó, y no paraba de ladrar y aullar, y los vecinos lo denunciaron y el animal tuvo que ser entregado a la protectora de animales, donde nunca volvió a ver ni estar con sus dueños a los que él consideraba su familia.
En esta inventada historia queda claro que las heridas no las producía el hecho de estar amarrado, sino el hecho de no aceptar el amarre y luchar para evitarlo.
La mayor parte de todas nuestras heridas afectivas, nos las producimos nosotros mismos al no aceptar algunos de las condiciones y cambios que van llegando o se van produciendo en nuestras vidas, o entablamos una lucha en contra de algo que está llegando a su fin, o que ya acabó, y que queremos retener para siempre porque nos es grato, o es una fuente de satisfacciones, o placeres o hemos creado dependencia o adicción, etc.
Ya hemos dicho muchas veces que la Vida es un continuo deslizar por el tiempo dejando atrás lo conocido y superado, y adentrándonos de continuo en lo desconocido y pendiente de superar, dentro de la misma hay periodos o trayectos que caminamos juntos a otras personas con las que establecemos relaciones de diferentes tipos, pero nada es para siempre, porque no todas las personas nos dirigimos al mismo lugar, y a partir de un límite necesitamos desviar el rumbo y coger otro sendero, pero no podemos obligar a las personas que han caminado a nuestro lado a que cambien el rumbo en otra dirección diferente a la que ellos creen que deben de ir, con el objeto de que sigan a nuestro lado.
Aceptemos nuestros cambios con sus ventajas e inconvenientes pero sin obligar a los demás a hacer cambios que no desean ni necesitan, y en el caso de que alguien tenga que cambiar su rumbo y despedirse de nosotros, aceptemos su elección y agradezcamos y demos gracias por los beneficios compartidos hasta el momento, no intentemos retener a nadie para beneficio o satisfacción propia, a eso se le llama egoísmo.
A veces nos sentimos lastimados y heridos por palabras de descrédito u ofensas que recibimos de los demás, pero las palabras del insultador solo tienen la importancia que el insultado le quiera dar, ya dice el refrán, a palabras necias, oídos sordos, muchas palabras malsonantes o hirientes solo son apreciaciones de otras personas que pueden estar cerca o lejos de la realidad, o intentos de manipular o ofender con el propósito de fastidiar, dañar o pretensiones de que reaccionemos de una forma determinada, si las escuchamos y le concedemos crédito, estamos actuando como el insultador había previsto, estamos en el modo “marioneta” y con ello le hemos dado permiso para que manipule nuestros sentimientos y pensamientos y nos conduzca hacia sus propias miserias o propósitos.
Cuida tu paz y tu armonía, y siempre que te muevas hacia alguna dirección, que sea por tu propia elección, y no por lo que te digan los demás o te dejen de decir, y por supuesto no se cebe de intentar cambiar el rumbo de otras personas por el hecho de que nos apetece estar a su lado.
Y por hoy lo dejo, saludos y hasta mañana.
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