sábado, 18 de noviembre de 2023

NARRACIONES E HISTORIAS (Por José Miranda)

 Buenas gentes, ¿Que tal va esa vida? Espero que bien, y en el caso de que no sea asi, para eso somos seres inteligentes, para transformar en bien todo cuanto llegue a nuestra vida, sea lo que sea, y venga de donde venga, no es cosa fácil el lograrlo pero hay un dicho que dice: "no hay cosas imposibles, hay personas incapaces", y algo o mucho de razón tiene porque lo que para uno significa un imposible, viene otro y lo hace.

 Y yo hoy que me encontraba un tanto raro, y me fuí a conversar con mi amigo y compañero el señor espejo, y aunque el espejo es el mismo, y creo que yo también, aprecié otras realidades, centré mi atención en otra dirección.

 Algunas personas me habían dicho que me parecía mucho a mi padre, y efectivamente estuve un buen rato intentando encontrar ese parecido, y por supuesto que lo encontré, y después estuve buscando el parecido con mi madre, y también lo encontré, no me cabe la menor duda de que he hecho importantes descubrimientos, a lo largo de tantos años nunca se me había ocurrido dedicar tiempo y atención en averiguar las realidades de mis padres que seguían existiendo a través de mi.

Después monté a la grupa de mi mente y entré en el mundo del recuerdo y me trasladé a mi infancia, me apetecía refrescar y recordar aquellas vivencias con mis jóvenes padres, y sobre todo con mi madre, pues yo era muy madrero.

 La experiencia fue muy gratificante porque pude apreciar el amor y la capacidad de sacrificio que existía en aquellas dos personas, que partiendo de muy por debajo de lo imprescindible, y en un medio rural muy apartado junto a las sierras de Loja, nos criaron a mí y a mis tres hermanas, con lo estrictamente elemental, pero rodeados de cariño y entrega total.

 Valoré muchas realidades que nunca había reparado en ellas, pues yo me he pasado la vida participando de todo lo externo de forma intensa, siempre de prisa y corriendo, y casi nunca me había detenido para apreciar y observar los pequeños detalles y a eso que le llamamos cosas de poca importancia, que a veces resultan ser cosas muy importantes en la vida, como es el caso que estoy narrando.

 Reconocí el estado de inconsciencia en el que he vivido a lo largo de mucho tiempo, por motivo del cual no aprecié ni valoré a mis padres como ellos merecían, y me arrepentí de algunos reproches que en algunos momentos les hice a causa de mi ignorancia y egoísmo.

 Y después de estos reconocimientos tenía que contactar con ellos y confesarle mi agradecimiento y pedirle perdón por mis equivocadas y egoístas actuaciones, y aunque ellos ya no están en este mundo de forma física, sí lo están en forma de energía, todo cuanto ellos eran en pensamiento, sentimiento, afecto, cariño, amor, y alguna cosa más, corresponde al mundo de la energía, y siguen existiendo después de que la persona cruce el umbral de la muerte física. 

Y aunque sus almas estén activas en otras ocupaciones propias de su nueva condición y lugar, me consta que cuando nos dirigimos a ellos les llegan nuestros comunicados, y están al corriente de la marcha de las personas que formaban su círculo mas próximo, y dependiendo en parte del vínculo que nos unía, siguen teniendo parte de su atención en dirección a nosotros, y como donde tienes tu atención tienes tu alma y corazón, aunque marchen del plano físico siguen a nuestro lado, y cuando necesitemos comunicarles algo lo podemos hacer de forma sencilla y natural al igual que cuando estaban como personas junto a nosotros, yo así lo hice y me sentí muy bien.

 Sería maravilloso el valorar las cosas en su momento, y mostrar el agradecimiento cuando corresponde, pero nunca es tarde si la voluntad es buena, o mas vale tarde que nunca, a los humanos nos ocurre con frecuencia que las cosas de gran valor que poseemos, las valoramos cuando las perdemos y padecemos su falta, nadie es perfecto.

 Y hasta aquí la historia del humano y la  contemplación frente a un espejo, y que conste que el espejo es normal, no es el espejo mágico que habla y da consejos, pero la verdad es que entre mi espejo y yo hay buena comunicación y entendimiento, nos hemos cogido el punto. Un saludo.   

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