A
veces, también está bien sentirse vulnerable. Es, incluso, necesario.
Una persona completa también es vulnerable, y tiene sus momentos de
bajón, de incertidumbre, de desasosiego, de desesperanza… De hecho, una
gran parte de la fortaleza de una persona consiste en acoger esa
vulnerabilidad y ser capaz de sostenerla, de aceptarla, de mostrarla… No
somos máquinas, ni robots: somos seres humanos. Y como seres humanos,
tenemos sentimientos, momentos mejores y peores, altos y bajos, luces y
sombras…
Amarnos
a nosotros mismos pasa también por aceptar esta parte. Por sentirnos a
gusto con ella, aunque no siempre sea agradable sentirla y reconocerla.
En muchos ámbitos, la vulnerabilidad no está bien vista. Se queda en la
sombra. Escondida. Es más sencillo sacar nuestra parte sonriente,
exitosa, triunfadora, fotogénica… Pero la parte vulnerable siempre está
ahí, aunque no se muestre. Esa es la “mala” noticia para muchos… Tarde o
temprano, tendrás que reconocerla y enfrentarte a ella. Y aceptarte con
lágrimas en los ojos, con sueños rotos, con miedos persistentes, con la
idea de no saber adónde vas clavada en la mente… Con un cuerpo
imperfecto según lo que marcan los milimétricos cánones actuales… Sí…
Eres humano. Eres humana. Sorpresa. Hoy te lo recuerdo por si lo habías
olvidado.
A
mí me gusta que seas humano. O humana. Que no todo esté “bien” siempre.
Que tengas tus días de horror… Lo cierto es que me asustan las personas
“perfectas”. Me asustan cada vez más… Quizá porque estoy conectando
profundamente con mi parte vulnerable, y empezando a aceptar lo que
antes consideraba inaceptable… No lo malinterpretes: no te hablo de no
mejorar, de no ir hacia delante, de no intentarlo…; hablo de ser
vulnerable. Simplemente. De permitirse caer. De ser abrazado. De no
tener la solución. De no saber qué ocurrirá mañana… Del fondo de mi ser,
a medida que escribo, surge una enorme y honda paz. Porque desde esa
vulnerabilidad consciente, ya no tengo que fingir. Me puedo quitar el
traje de Superman. Puedo sonreír. Puedo respirar… Y, sobre todo, puedo
conectar con personas que también se permitan esa vulnerabilidad. Que
también sean capaces de quitarse el disfraz y reconocer su humanidad, su
debilidad, su torpeza, su angustia y su fragilidad. Sí, hoy me
reconozco humano y te doy la mano. Hoy me permito descansar y no ser el
héroe esperado. Hoy vuelvo a mi esencia, y desde esa esencia te hago un
hueco (si tú también has conectado con la tuya) a mi lado.
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