Reflexiones mañaneras
“Tierra de gigantes”
(El origen del ego…)
Cuando llegamos a esta “vida” nuestro “disco duro mental” está práctica-mente en blanco, apenas con un programa de queja/reclamo/llamar la atención para ser atendido en nuestras necesidades físicas/emocionales para sobrevivir.
Apenas hay toma de conciencia de que uno es “alguien”, de que hay más “alguien” y un mundo.
Es a base de la interacción de los demás y del mundo conmigo (pues apenas podemos movernos) que hay un momento en nuestra mente que se crea el concepto del “Yo” y que se asocia a ese sonido (nombre) que he oído hasta la saciedad cuando se dirigían a mi.
Así que si decidieron llamarme “Kriss”, asociaré ese nombre/sonido conmigo: “Debo ser Kriss, sí, ya lo creo, SOY KRISS.
Y aparece mi identidad, así como la de mi papá y mamá pues también no paran de autonombrase.
Obvia-mente si tomo conciencia de mí y de que hay más “mí” también lo haré del escenario, muy peligroso por cierto, ya que no paran de decirme que “cuidado con esto, con lo otro, esto está bien, mal, regular y me premian y castigan por ello.
Entonces me doy cuenta de que estoy en “tierra de gigantes”, no solo por comparación de tamaño físico, sino también “mental”, pues apenas sé nada de ese mundo peligroso a mi alrededor y eso da mucho, mucho miedo...
Y esos gigantes (papá y mamá fundamental-mente) parecen saber mucho, pues no paran de darme consejo, órdenes, instrucciones, etc, así que habrá que hacerles caso (origen de las creencias que tanto nos marcan y condicionan).
Es el darse cuenta a esa temprana infancia de nuestra vulnerabilidad y dependencia física, unida a nuestro analfabetismo mental y al mundo peligroso en el que estamos, lo que da lugar al “ego” como programa de ultra-defensa y supervivencia de ese “Yo” recién formado.
Claro que si las creencias que nuestros “gigantes”, y a los que tomamos como Dioses -ya que me suministran todo lo que necesito y parecen saber como obtenerlo- son basadas en la cooperación, en la confianza, en el compartir, la reciprocidad y la esperanza de que sí, hay un mundo peligroso, pero que se puede conseguir una vida en armonía, con un bien-estar equitativo pensando en el bien propio y común, pues entonces mi “ego” será total-mente distinto, ¿no?
Pero son muy pocos los que han tenido, tienen o tendrán “gigantes” (padres) así.
La mayoría de ellos siguen temerosos del mundo y de los demás, y por eso nos inculcan sus temores y miedos, sus mecanismos de “defensa y ataque” para que Yo -su mayor tesoro- tenga las mejores oportunidades de sobre-vivir, pasando si hiciera falta sobre-los-demás…
Por tanto el ego se originó en el primer ser humano que tomó conciencia de su individualidad, su pequeñez física mental y al darse cuenta de que está en un mundo que desconoce y sin ningún manual de instrucciones ni mapa.
Así que el ego -programa de supervivencia de mi Yo- es el resultado lógico.
La pregunta es: ¿quién diseñó esta experiencia de esa manera y me metió aquí?
¿Qué sentido tiene poner a alguien con la mente en blanco en un mundo por tanto desconocido y sin ninguna instrucción o guía?
Un mundo además en el que hay que matar para sobrevivir.
Es decir: la vida “exige muerte".
!Qué locura!, ¿No?
Y no nos engañemos, es así.
¿O acaso el café que te has tomado no proviene de haber arrancado unas semillas a su planta, haberlas “quemado” (tostado), triturado, hervidas en agua muy caliente, sometidas a una enorme presión -todo un ritual de tortura y muerte- para nuestro deleite y disfrute?
Sirva este ejemplo como podríamos poner millones.
Así que no se trata tanto de criticar a nuestro ego sino al “creador” que dio lugar a su necesidad de existencia.
En un mundo donde la vida fuera “perse”, sin ninguna exigencia, sacrificio o muerte, libre pues de todo miedo y carencias, el “ego” simple-mente no tendría razón de ser…
Buen día, amigos.
Kriss
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